Nihil novum sub sole (1917-1920)/2017-¿2020?)

Una interpretación posible de los acontecimientos entre Europa y Asia a la luz de los hechos que sucedieron alrededor de la I Guerra Mundial.

Para comprender el momento presente hay que tener presente en aquel momento la posición de Alemania, Francia, Reino Unido, Rusia, Italia, Turquía, el «Międzymorze» de Piłsudski, España y los Balcanes por un lado; mientras por el otro tenemos el reparto de Oriente impulsado alrededor de la voluntad del Imperio británico y de la III República francesa en dos actos políticos de gran significación como son la declaración de Balfour (2 de noviembre de 1917) y el acuerdo de Sykes-Picot (firmado el 16 de mayo de 1916 y hecho público por Izvestia y Pravda el 23 de noviembre de 1917, y por The Manchester Guardian el 26 de noviembre de 1917).

Antecedentes a aquella situación. La Belle Époque, la primera analogía.

A partir de 1870 se forma un mercado mundial de productos y de factores de producción en el que los precios tienden a converger entre los diferentes países. El origen está en movimientos de capitales de carácter internacional y las migraciones de trabajadores mucho más amplias que las que se han venido dando recientemente, al no existir restricciones a la movilidad internacional de personas, ante todo desde Europa. Es lo que se ha venido a llamar Belle Époque (1871-1914).

Tras la Guerra franco-prusiana, Europa entra en un período de paz duradera entre Francia, Reino Unido, Alemania, Rusia, Austria-Hungría e Italia que favorecen la proliferación de avances científicos, técnicos, sociales y económicos. El equilibrio de poder necesario por la vecindad del potencial teatro de operaciones, la potencia de los implicados en una eventual guerra impidió por cuatro décadas una guerra que dirimiese las diferencias entre los mencionados, de tal manera que si hay un enfrentamiento es mediante terceros países en regiones no europeas.

El imperialismo se configura como la expresión del capitalismo, justificándose como generador y garantizador de materias primas, nuevos mercados para la cada vez mayor producción industrial.

En toda Europa, la fuerza de trabajo se organiza en sindicatos y partidos de clase; el conservadurismo y el liberalismo, tanto en lo político como en lo económico se organizan en movimientos políticos. Es precisamente en esta época cuando la aristocracia acaba de verse desplazada por la burguesía en la decisión de las grandes cuestiones políticas por su poder financiero.

La principal causa de esta primera globalización anglosajona está en la caída de precios en los transportes y en las comunicaciones. La globalización causó cambios estructurales en la producción agraria, industrial y en el comercio internacional. Supuso crear la gran especialización que llevó a una amplia división internacional del trabajo por países, generando fuertes corrientes comerciales sobre la base de sus ventajas comparativas. Profundizando sobre las consecuencias de la globalización hay que distinguir por continentes. La II Revolución industrial se produjo en la Europa occidental y en algunas de las antiguas colonias del Imperio británico, quedando fuera de la misma el resto del mundo, con la excepción de Japón. La renta per cápita de los países africanos, asiáticos y latinoamericanos productores de materias primas y alimentos no aumentó, abriendo una gran brecha entre la riqueza de los países industrializados con los productores de materias primas, además de haber un abaratamiento de los costes de producción debido al reemplazo energético por el petróleo y al aumento de la misma, además del abaratamiento de las materias primas.

La globalización también supuso cambios en la distribución de la renta, beneficiando enormemente a los grupos más privilegiados y perjudicando sobremanera a los más perjudicados. Además, como el Estado no compensó suficientemente a los perdedores de aquella globalización, éstos decidieron la vía de la presión política sobre los gobiernos para forzarles a cambiar las políticas económicas, cosa que llevó al abandono del librecambio y la vuelta al proteccionismo.

Entonces empiezan a incorporarse a la industrialización Estados Unidos, Alemania, Japón, Rusia e Italia, generando una II Revolución industrial, porque siguen estos países un nuevo modelo basado en nuevas políticas y pautas en la industria, nuevos inventos y la aparición y consolidación de otros sectores básicos en la industria; asimismo, se cambiaron formas de organización estratégicas, como en los bancos, las empresas y el Estado, haciendo que las estructuras industriales e institucionales de Inglaterra empezasen a quedar desfasadas y su economía empezó a rezagarse hasta empezar a verse superada por otros competidores. Así fue como el comercio internacional creció a una velocidad sin precedentes y se generó la ya mencionada especialización por países: o producían manufacturas o producción materias primas y alimentos.

Y todo unido por ferrocarriles, el telégrafo y el teléfono, haciendo la transmisión de información a grandes distancias de forma inmediata, y la sustitución del carbón por el petróleo de manera paulatina en la generación de energía tanto civil como militar. También, es en este momento cuando aparecen las primeras multinacionales y se crean los primeros acuerdos entre ellas para no perjudicarse y pactar precios.

A todo ello hay que sumar la estabilidad monetaria internacional entre 1872-1914, basada en el patrón oro y en la libra esterlina, cosa que lleva a Gran Bretaña a ejercer el papel de gran poder financiero del mundo y de ser el banquero de la Tierra, asegurando la capacidad de hacer negocios en cualquier lugar del planeta.

También en este momento en Alemania e Inglaterra, ante todo, aparece el Estado del Bienestar, ya que el capitalismo liberal del XIX queda probado como un sistema social y políticamente muy inestable y, para poder estabilizar al sistema capitalista, dichos gobiernos se deciden a transformarlo por la vía de animar a los empresarios a pagar más impuestos y a la reforma del mercado laboral para asegurar paz social y también eficiencia económica. Junto al creciente proteccionismo, el Estado empezó a intervenir más en la economía para garantizar rentas a los más perjudicados por la globalización, restringiendo la inmigración, creando bancos centrales para suavizar crisis financieras y proporcionar una red de seguridad social que compensase al trabajador por la mayor inseguridad en sus puestos de trabajo por la deriva iniciada en la fase globalizadora. Todo ello llevó a los sindicatos y partidos socialistas a participar en política, perdiendo el grueso de los partidos revolucionarios poder e influencia a favor de los reformistas. Para garantizar el éxito, al fin, a la vía reformista de transformación del capitalismo también se sumaron los partidos conservadores. Pero también es este momento en los que se configura el comunismo, como vía de superación del reformismo encarnado por los socialdemócratas, hacia la revolución comunista (figuras de Lenin, Trotsky, Luxemburgo, etcétera).

Por otro lado, las preocupaciones de Londres no están sólo en las cuencas del Rin-Ruhr. En 1904, el político y geógrafo inglés Halford John Mackinder elabora una teoría generalista sobre el pasado, presente y futuro del poder mundial. Se trata de la Teoría del Heartland o del Área Pivote. Divide el mundo en tres grandes zonas o Islas: Islas periferia, Islas interiores e Isla mayor, siendo ésta última la más importante para controlar el globo, pues comprende los continentes de Asia, Europa y África, sitios con grandes concentraciones de recursos naturales. A nivel histórico, quien controlase la zona de Asia Central-Rusia Central-Siberia, tenía bastantes probabilidades de controlar las tierras de Isla-Mundo. Tal situación pondría a tal potencia en condiciones de dominar el mundo entero. En palabras de Mackinder (1919): “Who rules East Europe commands the Heartland; who rules the Heartland commands the World-Island; who rules the World-Island controls the World”. La descripción de Mackinder señalaba al Imperio ruso como un candidato a tal control del mundo, pero necesitaba ocupar los territorios que controlaban las potencias centrales de la Triple Alianza (II Reich alemán, Imperio austrohúngaro) y debería atraerse al entonces Reino de Rumanía. O bien, la Triple Alianza podría aspirar a controlar las tierras de Europa del Este que estaban bajo control del Imperio ruso e iniciar así su aspiración en firme al control del Área pivote.

De esta manera nos acercamos a 1914, donde encontramos un mundo que, como ha quedado patente, mantiene ciertas semejanzas con el nuestro:

  • Lo que incluye conflictos potenciales mediante potencias interpuestas en Asia Central y el Cáucaso, alteración en el Oriente Medio y con Turquía, causas revolucionarias no muy claras y nacionalismos a la deriva.
  • Las fuerzas no están muy bien definidas. Inglaterra es la que domina el mundo, sí. Pero no está todo tan claro. También hay un nacionalismo ruso que se siente cada vez más fuerte y se alía con británicos y franceses; mientras, Alemania intenta controlar la situación en Europa, pero en cuanto el marco se vuelve algo más internacional la situación la desborda, con lo que busca apoyarse en un pangermanismo, al que quiere añadir a Italia por su centralidad en el Mediterráneo, pero con el que Italia no se sentirá cómoda. 
  • Aprovechando los nuevos medios tecnológicos e industriales se lanza una carrera de armamentos entre las potencias. Es la llamada “Paz Armada”. A su vez, el carácter defensivo de las alianzas establecidas pasó a ser ofensivo (relacionar con el cambio de posición y expansión de la OTAN hacia la zona rusa y la pactada en la desaparición de la URSS como zona de mutua no influencia). 
  • Competencia entre los Imperios centrales (austrohúngaro y alemán) en los Balcanes y los Cárpatos buscando influenciar hacia el sur y el este (línea Dniéster y más allá) y explotar sus recursos, chocando ambas potencias germánicas con el Imperio ruso (hoy día el paralelismo está muy claro a mi juicio: el conflicto de Ucrania y la Transnistria[1]).
  • Las guerras balcánicas de 1912 y 1913[2].
  • Crisis del modelo de Estado-nación[3].
  • La clase militar vivía, a su vez, desfasada en cuanto a la evolución técnica y tecnológica. El militarismo alemán (Moltke y Schlieffen) y el francés (Foch) estaban atrapados en una visión, equivocada a mi juicio, de Clausewitz, y con la guerra franco-prusiana en mente elaboraban planes con actitud ofensiva, acción del fuerte al fuerte. Estaban convencidos de lograr la aniquilación exprés del enemigo en una guerra corta, de la que incluso aseveraban que el papel determinante iba a estar en la mar y no en tierra.
  • El resultado de esta falta de visión de futuro y de esta falta de colaboración va a quedar pronto patente cuando la ambición político-económica de los países antagonistas provoque el enfrentamiento: una guerra larga y sangrienta para la que no estaban preparados, la Primera Guerra Mundial, que provocó la ruina de la mayoría de los participantes.
  • Asesinato en Sarajevo (Bosnia-Herzegovina) del Archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio austriaco por el nacionalista serbio – bosnio, Gavrilo Princip. Miembro de la Mano Negra. El Archiduque Francisco Fernando, en su papel de heredero, se mostró muy partidario de la reforma del Imperio, hasta convertirlo en la práctica en una federación. Estaba convencido que el futuro de Austria-Hungría pasaba por emprender urgentes reformas, política y militares, y de no hacerse de inmediato, y ante el riesgo creciente de una guerra entre potencias europeas, el Estado no sobreviviría. En este sentido, convenció al emperador Francisco José I de Austria de la no intervención en las guerras de los Balcanes.
  • Tras una secuencia de ultimátums, movilización de tropas rusas, alemanas, francesas… en 37 días se alcanzó la guerra entre potencias y terceros países.
  • La conquista de la burguesía y sus puntos de focalización llevaron a una desastrosa preparación de la guerra, incluso a su negación, dejando fuera al estamento militar. Preferían concentrar todos esos recursos y control del Estado en potenciar sus intereses o minimizar sus daños o pérdidas.

Sin embargo, para sectores del SPD alemán, aún revolucionario en algunos aspectos, y en un episodio de crisis e indefinición, la cosa estaba muy clara. Durante los años 1902 a 1909, Karl Kautsky elaboró un escenario del estado del mundo que ejercería más tarde una influencia decisiva en Lenin. El tema central de este escenario es que el mundo estaba entrando en una “nueva época de guerras y revoluciones”, caracterizada sobre todo por un sistema global de interacción revolucionaria.

«Una época de desarrollo revolucionario ha comenzado. La época de los avances lentos, casi imperceptibles, va a ceder el paso a una época de revoluciones, de bruscos saltos hacia delante, quizás de grandes derrotas ocasionales, pero también –tenemos que tener confianza en el proletariado– de grandes victorias a fin de cuentas” (Karl Kautsky, 1905)

Kautsky publicó la Revolución social en 1902, Socialismo y política colonial, en 1907 y El camino del poder en 1909. En las tres obras, al igual que en varios artículos importantes e influyentes, Kautsky dibujaba una visión global del mundo contemporáneo.

Destaca Kautsky las siguientes ideas, entre otras:

  1. Después de una generación de estabilidad y de progreso gradual (Belle Époque), Europa y el mundo entran en una nueva etapa de guerras y revoluciones que estará marcada por profundos conflictos y rápidos cambios en la correlación de fuerzas.
  2. La nueva época de guerras y revoluciones que se avecinaba a su juicio difería de la precedente, que duró de 1789 hasta 1871, en su amplitud, cada vez más mundial, y en la nueva intensidad de las interacciones, construidas sobre las relaciones entre países y en especial por los nuevos medios de comunicación que permiten un acceso acelerado a las ideas y a las técnicas modernas.
  3. Las revoluciones que marcan esta nueva época se reparten en dos grandes categorías: la revolución socialista que está a la orden del día en Europa occidental y en América del Norte, y las revoluciones democráticas que lo están en otras partes del mundo. Las revoluciones democráticas se pueden subdividir principalmente en tres tipos: las revoluciones democráticas para conseguir ciertas libertades y derribar la opresión absolutista; las revoluciones de autodeterminación contra la opresión nacional; las revoluciones anticoloniales contra la opresión extranjera.
  4. Los principales tipos de interacción mundial son: la intervención directa, como la conquista, las inversiones y la dominación colonial; la observación de la experiencia de otros países que permite a los rezagados alcanzar rápidamente y sobrepasar a los más avanzados; la repercusión directa de acontecimientos revolucionarios, debida al entusiasmo de unos y al pánico de otros, la ruptura de ciertos vínculos y el establecimiento de otros.
  5. El imperialismo y el militarismo han aumentado en gran medida las probabilidades de guerra. El papel de la guerra como incubadora de la revolución probablemente sea muy grande y existirá una fuerte correlación entre derrota y revolución.
  6. Rusia ocupa una posición crucial en el proceso de las situaciones revolucionarias globales. Los triunfos y los retrocesos de la revolución liberal rusa van a tener un amplio eco en otros países.

Otro aspecto a destacar es la sustitución definitiva de la aristocracia por la burguesía y su triunfo a través del modelo más extremo: los Estados Unidos.

Lo más relevante, desde el punto de vista sobre el que se enfoca el trabajo es que ante la situación de empantanamiento y tras el fracaso de la guerra nacionalista, se plantean fundamentalmente dos tipos de alternativas: una consistía en mantener el orden europeo alcanzado a finales del siglo XIX; el otro proponía las bases de un nuevo orden mundial basado en el cosmopolitismo kantiano.

Alemania

Generación de una asimetría en Europa por la aparición del dominio “bismarckiano” de Europa. Desde 1871 hay un cambio en la Europa continental, pudiéndose llamar a tal Europa “bismarckiana”, con unas reglas diplomáticas asimétricas en cuanto el tablero se vuelve global. Alemania controla Europa, pero no puede controlar el mundo. Y cuando trata de superar el marco de las reglas internacionales se encuentra a los antiguos contendientes por la hegemonía de la I Revolución Industrial unidos contra ella: Francia y el Reino Unido aliados. La dificultad estriba en que el II Reich (1871-1918) no tiene un imperio colonial de la extensión de franceses e ingleses, de ahí la frustración alemana. Se ve la necesidad desde Alemania de invertir cada vez más en una gran flota, con la finalidad de hacerse respetar por sus rivales, pero desde Londres esto se ve como una amenaza creciente, porque cuestiona su poder marítimo. No es poca la influencia en esta parte del conflicto de la teoría geopolítica de Mahan, a la que dedicaré un artículo concreto. Por otro lado, la creciente tensión en la política de germanización lingüística y cultural en los territorios arrebatados a Francia como consecuencia de la guerra francoprusiana, supusieron el nacimiento de organizaciones como “Défense de L’Alsace-Lorraine”, que hicieron ostentación de un profundo sentimiento antigermánico, que prendieron por la III República francesa impulsada por Bismarck. Pero el Canciller de Hierro sabía que, mientras la guerra entre Francia y los alemanes podía ser bien vista por el Reino Unido, con tal de dividir el continente, potenciar el ascenso de un país protestante que equilibre a una Francia que estaba decidida a encabezar un panlatinismo, recogiendo una antigua aspiración de la romanidad, y que en el caso de Francia le llevó a una aventura imperial a México y la formación de la Unión Monetaria Latina, que tuvo un relativo éxito (1865-1927, que llegó a englobar, aún de manera descafeinada, a Francia, Bélgica, Italia, Suiza, Grecia, Rumanía, Austria, Bulgaria, Venezuela, Serbia, Montenegro, San Marino y las Indias Occidentales danesas). Bismarck tuvo que equilibrar el tablero, focalizar la atención francesa en el Norte de África, a costa de traicionar a Italia, y hacer con ello una distensión hacia el Imperio británico, como se verá en el siguiente apartado.

Italia

La unificación italiana, de gran impacto en la Geopolítica del momento, supuso, al hacerse en la parte final del siglo XIX una pobre participación en el reparto colonial, junto a los alemanes por idénticos motivos. Adicionalmente, Francia ocupa el Beylicato de Túnez, formalmente parte del Imperio Otomano, en 1881. Tal posesión era objeto del interés de Italia, que ya desde 1864, influía en la zona, junto a Francia y el Reino Unido, de manera creciente aprovechando la bancarrota del Beylicato. En 1873, la llamada «Regencia de Túnez», nombre que la dominación otomana había dado al territorio, se convirtió en objetivo de Francia e Italia. El primero veía la posibilidad de asegurar sus fronteras de la Argelia francesa y evitar que Italia perturbase desde tan importante situación en el cruce de las cuencas occidental y oriental del país en disputa sus ambiciones hacia Egipto y el Levante mediterráneo. Italia, que afrontaba una superpoblación que dirigiría primeramente hacia Francia, y posteriormente (1876-1882, aproximadamente) hacia una Barcelona en expansión en plena «Febre d’Or«, donde los condicionantes económicos favorecían la proliferación de la burguesía catalana por movimientos especulativos que potenciaron las exportaciones de vino hacia Francia (afectada por la filoxera), la industria catalana, la fundación de veinte bancos, la expansión de la burbuja financiera y especulativa del ferrocarril, y que impulsó la expansión de Barcelona, que supo sortear algo la crisis con la Exposición Universal de Barcelona de 1888, llegando artesanos de todo tipo del país transalpino.

Adicionalmente, los proyectos que los franceses temían de Italia respecto a su potencial expansión colonial a partir de Túnez, cerrándole el paso al Mediterráneo oriental y expandiéndose como modelo colonizador desde el cabo Bon hasta el Levante, no sólo estaban bien fundados e Italia reunía todos los requisitos para lograrlo: además ya había empezado a hacerlo, pues la colonia europea más numerosa en Túnez ya era italiana por vecindad y apuesta geoestratégica. Los cónsules franceses e italianos procuraron aprovechar las dificultades financieras del bey; Francia movió sus piezas y se aseguró la neutralidad del Reino Unido (poco deseosa de ver a Italia tomar el control de la ruta del Canal de Suez, prefiriendo el acuerdo anglo-franco establecido como pivote de control de la política continental europea por los británicos en cuanto a sus intereses) y se benefició de los cálculos de Bismarck, que deseaba desviar su atención de la cuestión de Alsacia y Lorena. Después del Congreso de Berlín llevado a cabo del 13 de junio al 13 de julio de 1878, Alemania y el Reino Unido permitieron a Francia anexionarse Túnez, en detrimento de Italia, que consideraba a este país como su dominio reservado. Lo que pretendía Otto von Bismarck era que, después de coordinarse con Italia para que avanzara en la unificación del país, dentro de los contextos bélicos contra el Imperio austrohúngaro y Francia, cosa que permitió ganar territorio veneciano, el asalto final a los Estados Pontificios (1866-1870), dentro de la guerra franco prusiana, y su contexto por influir en España a través de un proyecto sobrevenido a partir de 1868 con «la Gloriosa» con la designación de un rey, y con un baile de candidatos que expresaba los recelos y el juego geopolítico entre potencias hegemónicas (Reino Unido, y en menor medida pero en busca de la hegemonía continental, Francia), en pujante ascenso (Prusia/II Reich alemán), potencialmente en ascenso (Reino de Italia), o en decadencia pero con potencial (Reino de España).

  • Por parte de la influencia francesa, tendríamos la candidatura del duque de Montpensier apoyada por el regente general, Serrano;
  • Por parte española, dos candidatos primeros: por un lado, los progresistas proponían la candidatura al trono de Fernando de Coburgo, padre del rey portugués Luis I, mientras los unionistas proponían al duque de Montpensier. Objeciones a la candidatura «Coburgo»: 1) el matrimonio morganático de Fernando con una cantante de ópera y, 2) la  unión de las coronas de España y Portugal, que unirían sus posesiones ultramarinas: esto preocupaba o podía preocupar a Reino Unido (que perdería su influencia sobre Portugal y potencialmente Gibraltar podría ser un casus belli continental); a Francia (pues podría establecerse una hegemonía ibérica sobre el estrecho que podría dificultar el acceso a sus colonias y generar un poder en ascenso entre las tierras continentales y las colonias).
  • Segunda candidatura española: Amadeo de Saboya (candidatura italiana); Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen (candidatura prusiana). La manipulación de un telegrama diplomático por parte de Bismarck condujo al casus belli que buscaba Prusia para contener al II Imperio francés tras su fracaso en la anexión de Luxemburgo, la unificación de los territorios controlados de facto o de iure por Prusia. Francia temía una reedición del dogal hispánico, pero esta vez controlado desde Prusia. La sucesión española acabó con el asesinato del general Prim cuando acudía Amadeo I de España, el candidato Saboya a hacerse cargo de La Corona. El asesinato de Prim y no de Amadeo I despejaba el camino para una reformulación del partido francés en la restauración borbónica, aparcando el duque de Montpensier sus aspiraciones a favor de su hija, que fue reina consorte de España, por su matrimonio con Alfonso XII. Precisamente la eliminación de Prim, propició el triunfo de Serrano como general (otro detalle curioso, la principal arteria de Madrid se llama «Serrano», en lugar de Prim). Mucho se puede decir al respecto de qué sucedió exactamente en la calle del Turco y, si realmente, el republicano José Paúl y Angulo y otros nueve hombres más fueron los conspiradores del magnicidio. En cuanto a los motivos por los que no se atentó contra Amadeo I de España es que un potencial regicidio permitiría la reivindicación de La Corona de España por el padre de Amadeo I, el rey Víctor Manuel II de Italia, o situar a su hijo y heredero, Humberto de Saboya como rey de España y, a su muerte, heredar también La Corona de Italia.

El resultado fue que Italia se alineó con los Imperio centrales (II Reich alemán e Imperio austrohúngaro) en la Triple Alianza. Otto Von Bismarck, gran promotor del acuerdo, consideraba su principal objetivo diplomático el mantener el aislamiento de Francia, apoyada en el Imperio británico (razón por la cual invitó al Imperio ruso a sumarse a ese proyecto, que finalmente declinó para alinearse con Francia y el Imperio británico, una vez se acabó «oficialmente» el Gran Juego); por otro lado, Italia pensaba que su adhesión a la Alianza y su asociación a Alemania eran el mejor camino para acceder al rango de gran potencia. Italia estaba muy defraudada por la actitud francesa (y también por la alemana, cuyo descontento y disconformidad no hacía más que aumentar) ante sus aspiraciones coloniales en Túnez y el Cuerno de África, y posteriormente se añadiría un problema por los intereses contrapuestos sobre el dominio del Trentino entre AustriaHungría e Italia. Todo ello abocó a aquella Triple Alianza a un acuerdo defensivo en caso de recibir cualquiera de los tres firmantes un ataque por parte de Francia (principal interés alemán).

Así que aquello que no se le procuró a Italia en la Conferencia de Berlín de 1884, Italia se lanzó a por ello en el territorio libio invadiéndolo en 1912, aprovechando de este modo la proximidad con la península italiana y la debilidad manifiesta del Imperio otomano, pues las naciones coloniales de Europa desconocían la riqueza natural que guardaba Libia. Posteriormente (1922) Mussolini ordenó una campaña de pacificación para eliminar la resistencia y proveer de estabilidad y consistencia a la presencia italiana en la zona. Adicionalmente, Italia y Francia, avanzaron posiciones en el Cuerno de África, clave para controlar el Gofo de Adén (la costa de la península arábiga la controlaron el Imperio otomano de una forma difusa, y el Imperio británico), el estrecho de Bab al-Mandab, el Mar Rojo, el Canal de Suez y el golfo de Aqaba.

COMENTARIO PERSONAL TOMANDO LO HASTA AHORA EXPUESTO

Tenemos perfectamente trazadas las analogías con la UE de nuestros días, con una Italia decepcionada, incluso enfadada con la Europa del norte, que piensa cada vez más en términos nacionalistas y con tendencia a un estrechamiento de las relaciones panmediterráneas. De alguna manera, la imposibilidad de adaptarnos a las exigencias de los anglosajones y sus aliados en Europa crea el conflicto y genera las alianzas propias de cada espacio, donde Francia revive en parte el espíritu del presidente Pompidou en unos tiempos de mayor profundidad en la brecha del neoliberalismo, una Alemania que se halla partida por varias mitades (católica vs protestante, RDA vs RFA, que pierde peso en el mundo por su dominio de tendencia «bismarckiana», donde carece de la población, territorio y potencia idiomática para hacer frente a un mundo de bloques «imperiales»), un Reino Unido que se aleja para jugar una partida en clave civilización anglosajona (unión de Anglosphere y Commonwealth), y que cuenta con aliados a los que maneja, en el bloque anglosajón como convenientes palos a las ruedas. Podemos identificar dos grupos: el bloque del este, de contención de Rusia y «sabotaje», es lo que llamamos Visegrado (ver más abajo); y un segundo bloque, que la engarza con Alemania, pero que está «anglosajonizado», y que corresponde a Holanda, Irlanda, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania

(VER: http://www.eleconomista.es/economia/noticias/8985309/03/18/Nace-el-frente-antiMacron-piden-mas-reformas-estructurales-y-menos-prespuesto-europeo.html).

Habría un tercer polo de influencia que pretenderían aumentar, y que estaría en la península ibérica, tanto España y Portugal, con tendencias a una «mexicanización» del país, su cultura y tradiciones (en el sentido de hacer sentir la fuerte influencia anglosajona en detrimento de la cultura hispánica, con el símil del «indigenismo» en la temática y formas del nacionalismo, para debilitar la resistencia cultural a lo anglosajón), deficiencias y riesgos, todo ello a partir de una potencial disgregación y fractura territorial y social, y como eje en Gibraltar y la tradicional acción anglolusa (VER: https://www.elconfidencial.com/espana/2018-03-29/narcolancha-vigilar-vivir-droga-la-linea-gibraltar_1542352/).

También se hace patente la continuación de los intereses geopolíticos y de seguridad y defensa de las naciones mediterráneas en el Norte de África y el Levante, y cómo estas se ven alteradas (recordemos que tan sólo Italia ha podido reaccionar de alguna manera y como imperativo a lo sucedido en Libia, el resto cumplimos órdenes en el Cuerno de África y, sobre todo, en el Báltico, lugar de choque con Rusia, muy lejos de nuestros intereses y esfuerzos).

 Turquía y el Cáucaso. Los Balcanes (I)

El gobierno de los Jóvenes Turcos mantenía ciertos objetivos políticos y militares que deseaba conseguir por su participación en la I Guerra Mundial. Entre ellos, se contaban la independencia económica de las potencias o la recuperación de territorios antiguamente otomanos, como Egipto, Creta, Macedonia, Tracia o partes del Cáucaso.

Ismail Enver, también llamado como Enver Pachá o Enver Bey, conocido en turco como Hürriyet Kahramani, «el Héroe de la Libertad». Enver nació en una familia rica que le pudo costear estudios en Alemania. Cuando regresó se alistó en el Ejército otomano, alcanzó el grado de pachá a los 32 años. Seguramente los procesos de unificación alemana e italiana inspiraron en Enver una fuerte idea de panturquismo, con la idea de unificar a todos los pueblos turcos en un único Estado, ya fuese bajo la dinastía osmanlí, o bien en una suerte de federación política.

Posiblemente, las actuales maniobras de Turquía respecto al acercamiento a EE. UU. con el que ha alcanzado un acuerdo, que podría suponer una cooperación de ambos ejércitos en Siria contra el YPG, que a su vez también ha alcanzado un acuerdo con el gobierno sirio para que el ejército les ayude a mantener el frente y vencer a los turcos. A su vez, Turquía ha liberado, después de un año, al periodista turco-alemán Deniz Yücel, cosa que acercaría a Turquía y a Alemania en el eje de la OTAN y, potencialmente, de la UE. Ya se ha venido hablando de una actualización de los carros de combate alemanes Leopard 2, que quizás podría darse de algún modo, aunque los representantes de Exteriores y de Economía negaron que Alemania haya ofrecido a Turquía una contraprestación en materia de venta de material bélico por la liberación de Yücel. Tampoco hay que olvidar el portazo dado por Macron a las aspiraciones de entrada en la UE de Turquía recientemente, seguramente como medida de presión, de una Francia que se muestra cada vez más otanista desde la presidencia de Hollande, y que ha vuelto a deslizar su predisposición a atacar Siria en caso de confirmarse o dar por buenos ataques químicos del gobierno legítimo sirio sobre población civil.

Erdoğan tiene localizados sus esfuerzos hacia una construcción de un neocalifato, y cuyo éxito pasa por:

  1. Un refuerzo de la economía (https://elpais.com/economia/2018/02/08/actualidad/1518085118_465369.html);
  2. Una expansión territorial o control de, por lo menos:
  • El norte de Siria e Irak, que supondría el control o supeditación de una parte del Kurdistán a sus intereses geopolíticos y energéticos, controlando el eje Latakia-Mosul;
  • El Cáucaso (no habría que descartar una reactivación del conflicto entre Armenia, apoyada por Rusia e Irán, y Azerbaiyán, que contaría con los apoyos de Turquía y sus aliados, por Nagorno Karabaj).
  • La siguiente zona estaría orientada en la UE, donde Turquía aspiraría a ejercer una influencia para mantener el status quo de Chipre e influenciar a los musulmanes de los Balcanes, recuperando su ascendencia en la zona, dónde la UE debe encontrar maneras de evitar otro conflicto y alcanzar una estabilidad con múltiples actuaciones. No podemos dejar de mencionar la posibilidad de que aspire a extender su influencia o control directo sobre los territorios que Turquía perdió a favor de Grecia.

Quiere reforzar su poder económico y ganar peso ante la UE y los EEUU para usar la fortaleza económica y diplomática en generar una dependencia en los Balcanes que pueda cubrir Turquía, una dependencia energética a la UE que puede darle influencia, un debilitamiento de Rusia que redunde en lo mismo, generar una tenaza contra Irán que junto a Israel le valga de control (o ganancia territorial mediante los kurdos interpuestos en autonomía turca sobre un Iraq chiita), y extender su influencia contra Arabia Saudí por Egipto y el Cuerno de África, como paso previo para la finalización del nuevo Califato.

No hay que olvidar que los devaneos de Enver Pachá le llevaron a relacionarse con todas las potencias de la época con la finalidad de jugar sus cartas y ganar sus objetivos. A mí, tanto Enver Pachá como Erdoğan me recuerdan a Ludovico Sforza, duque de Milán. Pensó que podía manejar a la vez y para su beneficio particular con la finalidad de ampliar el territorio del ducado a Carlos VIII Rey de Francia, al emperador Maximiliano I, a la República de Venecia y al Papa Alejandro VI. Enver Pachá acabó ofreciéndose a los revolucionarios rusos para pacificar a los pueblos turcomanos dentro del territorio ruso, pero una vez allí volvió a traicionar y se hizo con un ejército conjunto para unir a todos los turcos en un sólo ente político. Como Ludovico Sforza, acabó mal. Viendo quiénes están metidos en la región y lo que se juegan… Erdoğan acabará mal.

Los Balcanes (II)

Comprender la segunda parte del conflicto geopolítico de los Balcanes, y cómo se ha ido reeditando, nos hace retrotraernos a la segunda mitad del siglo XIX, y tenemos que todo pivota alrededor de dos conceptos clave para Europa y el Cáucaso, y Asia, hasta el punto que podemos decir, que asestar un golpe sangrante a los Balcanes y al Cáucaso supone debilitar el cuerpo de Europa. Este sería el primer concepto. El siguiente es «el Gran Juego», la particular Guerra Fría que juegan los grandes poderes identificados por Alexis de Tocqueville, y que aún no se ha acabado. Todo lo contrario. De hecho, creo que estamos ante la antesala del desenlace definitivo del juego jugado por anglosajones (protestantes) y rusos (romanidad bizantina, y cuya clave es la unidad de la región que quedó rota en el cisma de Oriente en 1054), pues el que podríamos clasificar como II Cisma de Occidente, que tuvo lugar cien años más tarde de la finalización en 1417 del Cisma de Occidente, es decir la reforma protestante (a partir de 1517) y el descubrimiento y explotación del mundo oceánico por parte de las naciones germánicas, el desarrollo del capitalismo, el protestantismo calvinista, y los movimientos de concentración de poder temporal y espiritual alrededor de un rey en Inglaterra, provocaron la ruptura de modelo en Occidente, generando un gran Leviatán (anglosajones y anglosajonizados, OTAN, UE, EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, dólar, euro, Commonwealth, Anglosphere, FMI, BM, BCE, FED); y su opuesto: el Behemot, (Rusia, y en verdad la romanidad católica y ortodoxa, que se halla partida y dividida, ocupada por el Leviatán anglosajón, y que éste se empeña en estandarizar según su patrón cultural, lingüística y económicamente).

Rusos y franceses, ante todo, siguen teniendo una gran ascendencia en la zona y su espacio natural (Asia Menor y la zona MENA) por motivos religiosos y culturales. Para comprenderlo se impone remontarnos a las Capitulaciones firmadas entre Francisco I de Francia y Solimán II (1530), en el contexto del enfrentamiento entre los Valois y los Habsburgo como consecuencia de la elección para el trono imperial de Carlos I de España. Y es en este tiempo cuando Francia alcanza toda una serie de acuerdos económicos, políticos, comerciales, militares con el Imperio otomano. Y fruto de ellos y de la presión del papado llega también un acuerdo para que Francia pueda mandar evangelizadores a los dominios de la Sublime Puerta, además de ser considerada Francia como la protectora de los católicos o Iglesias orientales que admitan como superior al papa de Roma en los dominios orientales.

Aunque otras naciones europeas buscaron otro tanto, o lo más parecido posible a lo logrado por Francia con los otomanos, ninguna de ellas lo logró con el grado de plenitud de Francia. A finales del siglo XVII sufrió el Imperio otomano sus primeros reveses militares. En 1686 los imperiales reconquistaban Buda. El tratado de Carlowitz (20 de enero de 1689) manifestó la inferioridad turca y Leopoldo de Austria adquirió, más de un siglo después que Francia, el mismo derecho a proteger a los católicos en el Imperio otomano, y en especial, en los Santos Lugares. El 13 de junio de 1700 era ahora Rusia quien obtenía las mismas prerrogativas en lo que refería a los religiosos y fieles de la Iglesia ortodoxa.

De manera tal que, ambas potencias, Francia y Rusia están unidas a la zona por la historia, la cuestión religiosa, y las esferas de proyección de sus respectivos países, junto al lado germánico o su heredero, que en este caso sería Alemania como potencia más relevante, y que también tiene un papel a jugar en la zona. Vemos, pues, que el juego estratégico de Rusia con la UE es muy intenso y está llamado al entendimiento en muchos planos de la geopolítica y la paz y la seguridad en la región MENA, junto al del Reino Unido, que cuenta con bases en la zona (Chipre), Italia por su posición de centralidad clave y fundamental, y a España, que por su historia, ubicación y capacidades.

Rusia inició la construcción del proyecto de la Tercera Roma (en competencia con Carlos V y el Imperio otomano a partir de 1453, que es la conquista de Constantinopla) en su espacio geopolítico a partir de Iván IV el Terrible, que da inicio al Zarato de los rusos, cuyo principal obstáculo fue ponerse a su favor o controlar a la nobleza, los boyardos (no deja de ser curioso, como hoy día Rusia no deja de tener otros boyardos a los que controlar y que son obstáculo para su progreso). Empezó su expansión sobre los janatos tártaros de Kazán y Astracán, con lo que se abrió paso a través del Volga y comenzó el comercio (y la incipiente pugna geopolítica con Inglaterra, la Confederación Lituano-Polaca y el Reino de Suecia… que hoy se mantiene actualizada); el papel de la organización del ejército también fue fundamental (los streltsí); el papel de la fe es fundamental (y Putin lo sabe), el obispo Macario de Moscú, que fue su mentor en retórica y otros aspectos de su formación humana, política y religiosa. Precisamente fue el obispo Macario de Moscú el que estableció un linaje que apoyaba su candidatura a Tercera Roma y su derecho de transformación política al remontarlo a los primeros césares de la familia Claudia- Julia (la unión con la romanidad es el otro pilar clave, lo une a la ortodoxia y al mundo católico, que necesita también de un campeón). También el patriarca de Constantinopla al ver los éxitos políticos y militares de Iván IV el Terrible el que lo nombró zar y soberano ortodoxo de toda la comunidad cristiana desde el este al oeste, hasta el océano; mientras que el patriarca de Alejandría lo asimiló a Alejandro Magno.

El mismo proceso se repitió en su política exterior e interior, concentración de poder, expansión y colonización hacia el Pacífico y el Ártico, conquistas sobre los otomanos (en esta ocasión, en lugar de los janatos de Kazán y Astracán), creación de una flota más poderosa, la supresión de la institución del Patriarcado ortodoxo pasando la Iglesia a ser administrada por el Santísimo Sínodo Gobernante bajo la estricta supervisión de la administración imperial (y así se mantuvo hasta el último de los emperadores de Rusia, Nicolás II), dio impulso a una nueva época de reformas culturales, artísticas y científicas con Pedro I durante su gobierno entre 1721 y 1725 (y que cuajó y se expandió con Catalina II la Grande, 1762-1796). Fruto de todo ello vino la transformación del Zarato ruso en Imperio ruso, arrogándose el título de emperador, porque se consideraba que el dominio de los rusos ya era la Tercera Roma, y porque les llevaba al enfrentamiento con los otomanos en la recuperación de todas las tierras ortodoxas bajo el dominio del Imperio otomano, lo que incluía la Segunda Roma, Constantinopla. Todo ello recogía lo que el patriarca de Constantinopla había proclamado respecto a Iván IV el Terrible, que el titular del Zarato ruso, ahora Imperio ruso, era el soberano ortodoxo de toda la comunidad cristiana desde el este al oeste, hasta el océano. Y, de hecho, este fue el motor justificativo y propagandístico de la expansión geopolítica del Imperio ruso, reforzado dicho proceso a partir de la Guerra de Crimea. Para ello centran sus esfuerzos, por un lado, en eliminar al competidor sunní en la Tercera Roma, tomando territorio de los vasallos orientales de los otomanos y del propio Imperio otomano; y, por el otro lado, la reclamación de ocupar militarmente todos los países ortodoxos. Ambas cosas le abrían al Imperio ruso accesos directos a mares cálidos, el Mar Negro en concreto, como primera estación, pero con la ambición de ganar bases en el Mediterráneo, el Egeo y el Adriático. La Guerra de Crimea (1853-1856), la Guerra Ruso-Turca (1877-1878), la I Guerra Mundial, la II Guerra Mundial serán intentos para ganar ese espacio en competencia con los otomanos, anglosajones (británicos y norteamericanos) y franceses, por toda esta región y la isla de Chipre, claves para dominar Europa o debilitarla mortalmente, asentar el poder y la estabilidad alrededor de Asia Menor, Egipto y el Éufrates, y la vía del Canal de Suez y el Cuerno de África, y las aspiraciones de anglosajones y el juego de Francia como dupla suya en el Levante, junto a la posición de mero observador de Italia (logró obtener el control del Dodecaneso y la Dalmacia alrededor de la época de Mussolini, de forma fugaz).

Situémonos ahora en la Guerra de Crimea de nuevo, como antecedente directo y fundamental. Sus consecuencias fueron:

  • Fin del Congreso de Viena. Las potencias europeas dejan de actuar como un todo contra el liberalismo para centrarse en sus ambiciones territoriales.
  • Ruptura de la Alianza de Austria y Prusia con el Imperio ruso. De manera que Prusia tiene el camino expedito para declarar la guerra al Imperio austríaco (Guerra austro-prusiana, 1866). Ello propicia las unificaciones de Italia y Alemania, a través de la Guerra francoprusiana.
  • Principio del fin del Imperio otomano (surge la llamada “Cuestión de Oriente”).
  • Empieza la “Balcanización de los Balcanes”.

Vamos a centrarnos, por ser la segunda parte de lo que define los Balcanes y los potenciales conflictos, además de una Turquía en busca de reverdecer laureles otománicos, en la Guerra Ruso-Turca (1877-1878) y su consecuencia en el Congreso de Berlín. La guerra se inicia después de la victoria del Imperio otomano contra la Serbia en 1876, cuyo casus belli fue las revueltas búlgaras de abril de 1876, reprimidas con dureza por los otomanos, y el zar Alejandro II de Rusia (otro de los magnicidios interesantes de resolver), como protector de los cristianos ortodoxos en el dominio de la Sublime Puerta, inicia las hostilidades en abril de 1877, concluyendo en enero de 1878 con la victoria de Rusia y de sus aliados (Rumanía, Serbia y Montenegro). A los turcos se les impone el tratado de San Stefano, (3 de marzo de 1878). Los Imperios británico y austrohúngaro no quisieron admitir, con la aquiescencia de Francia e Italia, cada uno con sus motivos, ese tratado y forzaron uno nuevo.

Aunque el congreso debía reunirse el 13 de junio de 1878, Gran Bretaña y Rusia ya habían resuelto las cuestiones más importantes en un acuerdo entre ambos (recordemos que seguimos con el Gran Juego) firmado el 30 de mayo entre lord Salisbury y el nuevo ministro ruso de Exteriores, Shuválov. La «Gran Bulgaria», creada por el Tratado de Santo Stefano, dio lugar a tres entidades nuevas:

  1. Un Estado independiente de Bulgaria, muy reducido;
  2. El Estado de la Rumelia oriental, entidad autónoma que técnicamente quedaba sometida a un gobernador turco, pero cuya administración sería supervisada por una comisión europea (precursora de los proyectos pacifistas de las Naciones Unidas en el siglo XX);
  3. El resto de Bulgaria volvería a quedar bajo el gobierno turco. Lo que incluía la Macedonia, que volvía a ser otomana, a pesar de que allí se encontrase más de la mitad de los búlgarohablantes.

El principado y la provincia fueron reunidos diez años después. Solo en el 1908 fue finalmente reconocida la independencia de Bulgaria. En el siglo XX, Bulgaria no dejó de intentar volver a sus fronteras del tratado de San Stefano, aliándose con Alemania en cada una de las dos guerras mundiales.

Las ganancias territoriales de Rusia en Armenia, quedaron prácticamente en nada. Por otro lado, en acuerdos secretos y separados, Gran Bretaña prometió a Austria que apoyaría su ocupación de Bosnia-Herzegovina y aseguró al sultán que garantizaría la Turquía asiática, pero a cambio, el sultán concedió a los británicos el uso de Chipre como base naval.

En Alemania, el canciller Bismarck, que había organizado el Congreso de Berlín, presentó sus conclusiones como una victoria para Alemania, al haber evitado un nuevo conflicto. Rusia había, sin embargo, estimado que Alemania iba a defender sus intereses y abogar en favor de sus victorias sobre el Imperio otomano, pero Bismarck ambicionaba no permitir una expansión de Rusia a favor del proyecto germánico centroeuropeo.

Para el Imperio británico fue un éxito: pues ganaba la isla de Chipre, influía en el Imperio otomano, no quería que Rusia se acercase al estrecho del Bósforo (entre mar Negro y mar Mediterráneo), y el tratado de San Stefano le preparaba para tener puertos en ambos mares y continuidad terrestre, conjurándose así el peligro. Una cláusula con el Imperio otomano convertía a los británicos en protectores de los judíos en el Imperio otomano, de mismo modo que el Imperio ruso lo era de los cristianos ortodoxos y Francia de las Iglesias que aceptaban la autoridad del obispo de Roma. El embajador ruso en Londres, el conde Piotr Shuválov, fue despedido al año siguiente.

En el Sureste balcánico de Europa, las consecuencias del Congreso de Berlín fueron vistas de otra manera:

  • Bulgaria, Montenegro y Serbia siguieron siendo aliados de Rusia. La ocupación por el Imperio austrohúngaro de Bosnia-Herzegovina (que se anexionó en 1908) y del Sandjak de Novi Pazar, interpuesto para separar como fuera a Serbia y Montenegro y evitar de esta manera la reunificación de los serbios, acentuaron la convicción de que solo Rusia era compatible con los intereses de los países eslavos y de religión ortodoxa. Los musulmanes y las minorías turcas se encontraron aliviados y se comportaron, en Bosnia, como fieles súbditos del Imperio austrohúngaro, favoreciendo la alianza entre otomanos y germánicos.
  • Rumania se alejó de Rusia. Tuvo que ceder el sur de la Besarabia (actual Ucrania), a pesar de haber luchado a su lado y con bravura y grandes pérdidas humanas en las batallas contra los otomanos. Su independencia fue definitivamente reconocida (aparte la Transilvania) por el Congreso de Berlín, recibió la mayor parte de la Dobruja.
  • El tratado asegura a Francia y el Reino de Italia la posibilidad de ocupar Túnez y Tripolitania (Libia). Túnez se la arrebataría Francia a Italia, tal y como hemos visto, mientras que en 1912 Italia inicia la conquista y unión en un sólo territorio de la Tripolitania y la Cirenaica.

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CONCLUSIÓN DEL APARTADO

Los Estados que hoy configuran la península balcánica fueron creados por la diplomacia británica, creando profundos resentimientos y un avispero que inflige una herida constante a Europa, al igual que el Cáucaso postsoviético. Al forzar la supervivencia del Imperio otomano crearon una dependencia de las potencias occidentales y una fuerza centrífuga latente. Podemos concluir que fue un error muy favorable a sus intereses la limitación de la influencia rusa, pero también, de la influencia griega, poniendo la base del conflicto aún sin resolver de Chipre, por ejemplo, (respectivamente paneslavismo y Megali Idea), con la finalidad de crear en la península balcánica pequeños Estados, rivales y opuestos, y enfrentarlos con minorías religiosas, hasta el punto de partirlos por motivos religiosos (Bosnia). Esto los supeditaba a los anglosajones, alentaba la expansión de los alemanes para buscar el conflicto con los eslavos del sur y provocar a Rusia para obligarla a combatir en varios frentes abiertos (Balcanes, Cáucaso, Asia, Báltico).

La misma fórmula fue aplicada al proceso de destrucción de la Yugoslavia, entre los años 1991 a 1996. Precisamente, el periodista belga Michel Collon muestra que para impedir una potencial independencia de Europa alejada de los Estados Unidos y de los anglosajones, los Estados Unidos intervinieron en la guerra, generando el mismo escenario de conflicto potencial contra eslavos y griegos, y denunciando una entente anglosajona alemana con el nexo de la OTAN (el libro «El juego de la mentira», aporta el trabajo de su investigación al respecto y es muy recomendable).

De hecho, tal y como denuncia el presidente de Bulgaria, Boiko Borisov, aprovechando la presidencia de turno de la UE: «podemos ver escenarios como el de Siria [en los Balcanes]». Y esto es algo, que como hemos visto, no sólo no sería extraño. Se acerca a ser posible.

El «Międzymorze» de Piłsudski

Tras intervenir directamente y ayudar al Ejército Blanco durante la guerra civil que se desató tras la revolución de octubre de 1917 en Rusia, las potencias vencedoras optaron por establecer lo que se denominó cordón sanitario en torno a la U.R.S.S.

Establecimiento de una serie de estados antisoviéticos que cercaran al nuevo estado soviético. Se trataba de impedir la expansión del comunismo y debilitar a la U.R.S.S.

La propuesta de Międzymorze o Intermarium fue el nombre dado por Józef Piłsudski a su proyecto de federación entre Polonia, Lituania, Bielorrusia y Ucrania, bajo la dirección polaca. Además, otros países fueron invitados a unirse a esta federación, como fue el caso de los Países bálticos (Lituania, Letonia, Estonia), Finlandia, Hungría, Rumanía, Yugoslavia y Checoslovaquia.

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Cuesta no identificar la política de los EE. UU. y la OTAN respecto a Rusia en este precedente, de la misma manera que el Grupo Visegrado es también, un contrapeso relevante respecto a una potencial díscola UE.

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La U.R.S.S. fue aislada y no se le permitió el ingreso en la Sociedad de Naciones. Otra gran potencia que quedaba fuera del concierto de naciones diseñado en París en 1919.

La hegemonía de los republicanos en los EE. UU. durante los años veinte marcó una clara tendencia aislacionista. La negativa a entrar en la Sociedad de Naciones llevó a un desentendimiento de los asuntos políticos europeos enormemente nocivo para la estabilidad mundial ya que EE. UU. era ya la primera potencia mundial.

No obstante, en el terreno económico los norteamericanos no optaron por el aislamiento. Su negativa a condonar las deudas de los aliados de la Entente, en el lado negativo, o su intervención para solucionar el problema de las indemnizaciones de guerra de Alemania con el Plan Dawes de 1924, en el positivo, muestran como el aislacionismo no se dio en las cuestiones económicas.

España

Luis Araquistán, en El Sol, el 5 de noviembre de 1922, abordaba en el artículo “Analogías. Parlamentarismo y acción directa”, una analogía, tal y como indica en el título, del fascismo italiano, con el “fascismo de Barcelona”, al que tilda de “degenerado trágico paralelo”, con la agitación y los actos del nacionalismo alemán, el nacionalismo irlandés, y los compara con los regímenes parlamentarios. Menciona Luis Araquistán que “el fascismo, en lucha contra la idea de una dictadura comunista, asume una táctica dictatorial y la erige en un principio de recto gobierno.

Aunque reconoce que el fascismo italiano ha utilizado los procesos constitucionales, para Mussolini el Parlamento es un juguete”. También destaca el autor que “Los orígenes emotivos del fascismo podrán ser la guerra y el temor a la revolución rusa; pero su ideología política es una reacción contra el parlamentarismo, contra un sistema que, en casi todo el mundo, ha llegado, si no a paralizarse, a ser insuficiente para afrontar y resolver los problemas de la vida moderna, singularmente los relacionados con la producción económica y el reparto de beneficios”. Concluye Luis Araquistán que “También el fascismo de Barcelona, como antes en el sindicalismo, como antes en el anarquismo de Cataluña, está latente la repercusión de la crisis por que pasa el régimen parlamentario español, mucho más aguda en nuestro país que en el resto de Europa”. Para él, la lucha de bandas ideológicas o el pistolerismo entre burgueses y sindicalistas, ante todo anarquistas, “entran muchos factores específicos de la población de [Barcelona] y de la industria catalana, que no ha conseguido elevarse a la organización y a la psicología de la gran industria, y es, por lo tanto, causa importante de la lucha personal entre el capital y el trabajo; pero, por encima de todo, no habría podido aclimatarse allí esas formas sangrientas de acción y reacción si el Estado central, comprendido principalmente en este concepto al Gobierno y al Parlamento, no hubiera demostrado (…) su ineptitud para intervenir con inteligencia en los conflictos sociales de Cataluña. De un Estado inepto nace la desesperación de los unos, y, como contragolpe, con el aplauso y el apoyo de los intereses amenazados, el fascismo de los otros”. La segunda y última conclusión de Luis de Araquistán es que, si no se quiere ni fascismo ni comunismo hay que seguir un “sagaz y just(o) equilibrio”, pero no todos los pueblos tienen la paciencia y el temperamento parlamentario inglés para darle una solución constitucional a los problemas políticos, económicos y de los que de ellos se derivan. Ver Peloille, Manuelle, Fascismo en ciernes. España 1922-1930. Textos recuperados, Toulousse, páginas 81-84 Presses Universitaires du Mirail, 2005.

La argumentación de Araquistán es que, debido a las particularidades de Barcelona y de España, no queda más salida que el fascismo, incluso como vía de crecimiento de la industria para convertirse en gran industria y control del orden social.

Hay que tener presente que de 1914 a 1925 existió en Cataluña la Mancomunitat de Catalunya, de ahí lo de Estado Central, entre otras cosas que se ven en este texto; también hay que tener en cuenta la crisis económica y el ascenso de precios como consecuencia del papel de España en la I Guerra Mundial que repercutió en que se desatase una crisis social y política que afectó a amplias capas de la población española.

Y que en 1919 se presentó por parte de la Mancomunitat de Catalunya un proyecto de Estatuto de autonomía que fue rechazado en el Congreso de los Diputados, lo que llevó a la aparición de Estat Català y la figura de Francesc Macià, que trataron de buscar argumentos desde el federalismo al confederalismo hacia el independentismo. Los puntos de paralelo con el momento actual no requieren mayor comentario.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

BAÑOS, Pedro; Así se domina el mundo. Ariel. 2017.

CHODAKIEWICZ, Marek Jan; The Land between the Black and Baltic Seas. Routledge. 2016.

COLLON, Michel; El juego de la Mentira. Otras Voces. 1998.

HOBSBAWM, Eric; Historia del siglo XX: 1914-1991. Editorial Crítica. 2011.

KAUTSKY,Karl, The Road to Power, Alameda CA, Center for Socialist History, 2007.

 

MACKINDER, Halford John: Democratic Ideals and Reality. A Study in the Politics of Reconstruction, Washington DC, National Defence University Press, 1996.

PELOILLE, Manuelle, Fascismo en ciernes. España 1922-1930. Textos recuperados, Toulousse, Presses Universitaires du Mirail, 2005.

 

PRESTON, Paul: Franco: Caudillo de España, Barcelona, Debolsillo, 2004.

TORRES HERNÁNDEZ, Jorge; Chipre a inicios del siglo XXI. 2011.

 

VEIGA, Francisco; Las Guerras de la Gran Guerra. Catarata. 2014.

 

NOTAS

[1] Ver la entrada siguiente: La Guerra Civil de Transnistria, para más información.

[2] Que enfrentó al Imperio otomano con la Liga de los Balcanes (Bulgaria, Montenegro, Grecia y Serbia) cuya consecuencia fue la expulsión de los otomanos, excepto del extremo oriental de Tracia y la aparición de Albania como Estado independiente. Serbia, con el apoyo ruso, se erigió en potencia local, con el consiguiente desagrado de Austria que veía frenadas sus aspiraciones expansionistas. El recelo mutuo entre ambas es permanente y el hostigamiento en forma de sabotajes y atentados era frecuente.

[3] El Estado-nación nacido en Westfalia (1648) y a partir de la Revolución Gloriosa de 1688, cuyas consecuencias supusieron la limitación del poder absoluto del monarca, la preponderancia decisiva del Parlamento y el reconocimiento de la Carta de Derechos (1689), y el principio de la conquista de la burguesía de los resortes de poder. Se trata del constitucionalismo, que en Europa Occidental tomó forma de monarquía parlamentaria. Inicio de la consolidación de los Estados-continentales y de un nuevo paradigma basado en el cosmopolitismo kantiano al finalizar la contienda.

 

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