El condicionamiento aplicado a las Redes Sociales y el Totalitarismo Invertido

El nuevo escenario de comunicación no se fundamenta en datos y hechos y en su procesamiento desde un punto de vista racional, sino en la difusión eficaz de historias conmovedoras y emociones, de forma breve, que va conformando una opinión pública menos informada y mucho más manipulable, en un contexto como el actual precisamente el daño y el socavamiento de la democracia liberal es mayor, y así se genera una de las explicaciones sobre la presencia de líderes cada vez más fuertes, más “autoritarios”.

Con el pretexto de mejorar la experiencia para sus usuarios, las empresas desarrollan algoritmos cuyas funciones incluyen determinar lo que será visible –o no–. Lo que crees que “todo el mundo dice” en todas las redes sociales solo se dice en tu muro. Un algoritmo construye un relato de la opinión pública distorsionado específicamente para ti. No es solo lo que eliges seguir, que eso ya te delata. Es que el algoritmo te sugiere contenidos y perfiles, te envía una alerta diciendo que tus amigos o los que sigues han compartido esto, y tú te sientes impelido a hacer lo mismo para sentirte parte de la masa, de una manera acrítica, porque de alguna manera se bonifica la aprobación de los demás a través de las redes sociales que refuerzan la idea de sentirse en apariencia jueces, cuando más bien somos policías o vigilantes, ya que la masa no construye su opinión: se la dan construida. La repetición insistente, el condicionamiento y las condiciones ambientales en las que se organiza nuestra inteligencia y nuestras relaciones hacen el resto.

De ahí que se emplee la estrategia del palo y la zanahoria. La zanahoria, o el refuerzo positivo, nos insta a continuar compartiendo información personal y a aceptar las nuevas ideas como propias, todo para obtener la aprobación del “mundo”. El palo juega el papel de “el enemigo”, el otro, que nos quiere perjudicar y hasta provocar, sea este un individuo, un colectivo, una nación o un segmento de la población. Se ha constatado, por ejemplo, que las emociones negativas conllevan a tendencias de acción en línea más fuertes que las emociones positivas; por lo tanto, ciertos algoritmos terminan priorizando aquellos contenidos y comentarios que provocan reacciones de ira u odio en el usuario.  La suma del palo y la zanahoria contribuye a radicalizar posturas y a agudizar antagonismos existentes en la sociedad. En definitiva, nos están convirtiendo en personas rencorosas, tristes, asustadizas, poco empáticas, aisladas y triviales; demasiado parecidas a los perros de Pávlov o al experimento del pequeño Albert, de Watson.

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Fuente imagen: https://thinkingaboot.blogspot.com/2018/04/it-pavlovs-dog-wearing-facebook-cover.html

Se trata de crear una hegemonía a partir de la supuesta realidad objetiva y perceptible por un público que vive en una ilusión omnisciente, que por otro lado ni investiga ni lee tan sólo sigue la corriente; en verdad estamos ante un producto informativo, transformado y pensando para llevarnos a un estado concreto y a tomar lo que vemos en la pantalla del móvil, el ordenador o el televisor que emite esas imágenes y mensajes breves como la única realidad que todo el mundo puede ver. Y a la velocidad con la que aparecen nuevas publicaciones o comentarios que nos refuerzan o que nos desafían hacen que perdamos la posibilidad de emplear el razonamiento crítico.

Lo que nos lleva directamente a las llamadas dos últimas revoluciones industriales, es decir la que ejemplifica la computación e Internet o 3.0 y la que nos hallamos ahora mismo, que está echando a andar, y que tiene como buques insignia la I.A. y el big data.

Pero para hablar de revolución industrial, deben darse los siguientes factores forzosamente:

  • Incrementar la tasa de crecimiento económico.
  • Aumentar la productividad del trabajo, del capital, de los multifactores.
  • Que el crecimiento potencial y el nivel de vida de la ciudadanía suban.

Tal y como explica el profesor Robert Gordon en “The Rise and Fall of American Growth”, la revolución tecnológica no ha dado lugar a un aumento apreciable de la productividad. El premio Nobel de Economía de 1987 Robert Solow, “la era de los ordenadores se ve en todas partes menos en las estadísticas de productividad”.

  • las nuevas innovaciones tienen que ver más con el entretenimiento y el consumo, y no implican una mayor capacidad de producción.

De hecho, hoy por hoy, las revoluciones 3.0 y 4.0, aún por llegar, han generado los siguientes efectos:

  • Burbujas financieras,
  • Acumulación de renta y riqueza en unas pocas manos.

Han resultado fundamentales en el desplazamiento del capitalismo productivo en favor de un capitalismo financiero, que se ha hipertrofiado, impulsado por la revolución de la computación y la información, ya que genera modelos y algoritmos que permiten mayores y mejores sistemas de depredación sobre la economía real, productos financieros cada vez más complejos, burbujas financieras que cuando explotan sus efectos son absorbidos por la siguiente, de mayor tamaño aún, la explotación de la estructura de paraísos fiscales creado por la City de Londres a partir de la caída del Imperio británico y copiado por Estados Unidos, el comercio de armas, el tráfico de drogas (y el aumento de la adicción a sustancias estupefacientes en que estamos inmersos), y las acciones llevadas tanto de corrupción como de desvío de las ganancias fruto del neocolonialismo centrado en las fuentes de energía, minerales estratégicos y recursos naturales.

En el plano político esto se ha trasladado a problemas de representación en las fuerzas políticas, en los sindicatos… y la presencia cada vez más evidente de lo que el filósofo político Sheldon Wolin llamó Totalitarismo invertido, es decir la combinación de un cuerpo legislador débil, un aparato legal que es a la vez complaciente y represivo, un sistema de partidos en que cada uno de ellos, en el poder o en la oposición, se dedica a mantener el sistema existente para favorecer a una clase dominante integrada por los ricos y poderosos. Y es en este sentido en el que también influye la computación y la información, pues favorece la gestión de información que generamos miles de millones de personas, resulta más fácil dirigir mensajes e inducir ideas en la masa y controlar el discurso que pueda resultar potencialmente peligroso para los que se hallan en la cúspide.

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