La Trampa de Tucídides. China y Estados Unidos, ¿el siguiente conflicto?

NOTA: La siguiente entrada es una copia de la publicación hecha en el blog de CEDEGYS con motivo de la aplicación práctica del próximo curso que impartiré sobre la Historia de la Guerra del Peloponeso y la Trampa de Tucídides a partir del 30 de septiembre de 2019.

El 24 de septiembre de 2015 Graham Allison escribía en la revista The Atlantic un artículo titulado “The Thucydides Trap: Are the U.S. and China Headed for War?”[1]. Allison acuñó el término “Trampa de Tucídides” para explicar la situación que envuelve el ascenso de un poder y su ambición respecto a la posición de un poder establecido que teme dicho ascenso, pudiendo escalar de una manera progresiva hacia un conflicto abierto. Ese artículo cristalizó en un libro publicado el 30 de mayo de 2017 “Destined for War: Can America and China Escape Thucydides’s Trap?”. A su vez, dicha idea empezaba a tomar su lugar en la prensa, saltando del ambiente académico del Harvard Belfer Center For Science And International Affairs en 2011 con motivo del cada vez más evidente ascenso de China durante la presidencia de Barack Obama y de Hu Jintao, a un medio tan relevante como de influencia en el mundo como es The New York Times. David E. Sanger publicaba el 22 de enero de 2011 en su columna “WEEK IN REVIEW” una entrada titulada: “Superpower and Upstart: Sometimes It Ends Well[2]”, donde se hacía eco de la propuesta de análisis de Graham Allison llamada la Trampa de Tucídides con motivo de la visita del líder chino a Estados Unidos por aquellas fechas y del ascenso claro y manifiesto de la República Popular China.

Pero ¿cuál es la referencia historiográfica que designa el término acuñado por Allison “la Trampa de Tucídides”? Tucídides fue un hombre de Estado, militar, alguien situado en la primera línea de los acontecimientos que llevaron al enfrentamiento por 27 años entre el poder establecido de Esparta y el ascendente de Atenas. Tucídides comprendió que el inicio de dicho conflicto hundía sus raíces en un proceso que se podía rastrear en 50 años antes de la guerra. Precisamente de su origen, causas, desarrollo habla el ateniense en su libro “Historia de la Guerra del Peloponeso”, un conflicto que para los griegos de aquel tiempo fue asimilable a una guerra mundial, no sólo por la duración, también porque marcó un punto de cesura en aspectos variados y fundamentales, se combatió en diferentes escenarios y podría marcar un camino para un ascenso a primera potencia en el Mediterráneo oriental de carácter griego y capaz de desafiar en condiciones de gran peligro al Imperio de los persas aqueménidas.

¿Qué aspectos, grosso modo, podrían considerarse en cierta manera de gran interés en aquel conflicto de hace más de 2.400 años para nuestros días? Además de poder detectar la situación y psicología del poder de una potencia en ciertos aspectos con tendencia a declinar y por consiguiente a ser cuestionada, se pueden identificar los siguientes puntos de interés: un problema evidente con la demografía en Esparta, un cuestionamiento por parte de los aliados tradicionales, algunos de ellos con intenciones de convertirse en hegemónicos en su espacio en un plazo de tiempo corto o medio, nuevas formas de combatir y nuevas tecnologías, una población esclava que mira cada vez con peores ojos a los espartanos, embargos comerciales, un poder en ascenso que se proyecta en el mar, nuevas alianzas, el fin de una cooperación después de mutuos intereses Atenas-Esparta, una situación que a priori hace imposible la guerra, inestabilidad política impulsada por los desfavorecidos y/o las élites, etcétera.

De todo ello, y a modo de definir bloques de ideas-fuerza, podemos definir lo siguiente de lo que observó Tucídides y que rigen a la política internacional, y son:

  • Miedo
  • Honor (hoy lo llamaríamos “hipernacionalismo”)
  • Interés

Para Tucídides la guerra estalló en el fondo por una cuestión de miedo: el que despertaba en la hegemonía y lo que hoy llamaríamos una parte del establishment de Esparta el ascenso de Atenas.

En su trabajo Allison distingue 16 casos de lo que considera una “Trampa de Tucídides”, de los 16 tan sólo 4 no acabaron en una guerra abierta entre los contendientes, aunque otros sí que supusieron enfrentamientos de tipo “proxy”, como por ejemplo la Guerra Fría o, atendiendo a la situación que se da en Asia, África y Latinoamérica tendríamos un ejemplo ya hoy día.

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Fuente: Harvard Belfer Center For Science And International Affairs[3]

Un cambio de paradigma

Después de pasar Estados Unidos 20 años ausente de la zona en varios aspectos por estar centrado o, incluso empantanado, en otros escenarios como los del Oriente Medio y Asia Central, y con la convicción de la victoria absoluta del modelo cosmopolita neokantiano preconizado por el fin de la Historia de Fukuyama tras la caída del socialismo y la simbiosis en varios aspectos claves entre las economías de Estados Unidos, Europa Occidental y China[4].

¿Cómo reaccionó Estados Unidos? Precisamente no era casualidad que en medios como The New York Times en 2011 se escribiesen columnas como la ya citada de 22 de enero. Es por eso que a finales de aquel año el presidente Obama pretendía empezar a cambiar el paradigma con el anuncio de un giro estratégico en la política exterior para enfocar su atención política y militar en Asia-Pacífico y particularmente en el sureste de Asia (China). Era el Pivot to Asia o Giro a Asia, con ciertas reminiscencias, o eso me recuerda, a la geopolítica británica de Mackinder con la idea de potencia pivote enfocada en la zona entre Rusia y China. No fue ni mucho menos casualidad que durante un viaje a la región de Asia-Pacífico enunciase el interés de Estados Unidos en la zona citando a Japón, la península de Corea y una mayor cooperación en el mar del Sur de China en un discurso ante el parlamento australiano el 17 de noviembre de 2011[5]. Y es que el papel que juegan, y están llamados a jugar tanto Australia como Nueva Zelanda se antoja de gran relevancia para Estados Unidos y Reino Unido en la zona, con la situación estratégica de ambos países de la Commonwealth y de territorios, como el australiano de las Cocos Islands, como pueden apreciar en la siguiente imagen:

Imagen 1

A continuación, durante el desafío y la focalización del interés estadounidense en la zona MENA por las primaveras árabes y la guerra en Siria, la proyección de Irán y Hezbolá y de Rusia en la zona, además de la cuestión de Israel con los asentamientos de colonos en Cisjordania y la agenda de Palestina se produjo un cierto punto de distracción en la focalización del desafío que en varios aspectos se trata de cerrar ahora, junto a la cuestión del Cuerno de África, lugares en los que no sólo Rusia, también China ha ido tejiendo sus propias estrategias de penetración y proyección para asegurar sus intereses (por ejemplo, el petro-yuán-oro).

Con la Administración Trump llegó en marzo de 2018 una ofensiva contra China que partió con el anuncio de la imposición de aranceles al acero (25%) y al aluminio (10%) de China. A continuación, el presidente Trump imponía gravámenes por valor de 50.000 millones de dólares anuales a China, para aumentarlos posteriormente en 200.000 millones adicionales.

Ya en el verano de 2018 y hasta finales de año quedaba claro que la guerra comercial era en verdad tecnológica. El verano pasado la empresa tecnológica china ZTE casi se ve obligada a cerrar cuando el Departamento de Comercio prohibió a las compañías estadounidenses venderle microchips y otros componentes con el mismo pretexto aproximadamente que con Huawei: haberse saltado las sanciones contra Irán y Corea del Norte, iniciándose realmente aquí la «guerra comercial» con los aranceles multimillonarios entre superpotencias. Fue el presidente Trump quien al final usó su prerrogativa y levantó el veto ante las advertencias de China.

Lo cierto es que Huawei ya es hoy día el mayor fabricante de material para telecomunicaciones del mundo y aspira a liderar la implantación de la tecnología móvil 5G en todo el mundo. Más aún, Huawei se ha convertido en una de las compañías de telecomunicaciones más grandes del mundo y se ha establecido como un fabricante líder de teléfonos inteligentes, que incluso a comienzos de año 2018, estuvo a un paso de anunciar una alianza con AT&T para distribuir teléfonos inteligentes en Estados Unidos, pero abruptamente se canceló el potencial acuerdo.

De hecho, Estados Unidos movió los engranajes en su propio país más allá de frustrar la alianza entre AT&T y Huawei, llegando a legislar: una ley federal de reciente aprobación prohíbe al Ejército y al gobierno utilizar equipos o servicios tanto de Huawei como de ZTE alegando razones de seguridad. Más aún, organismos de Estados Unidos preparan una ofensiva legal que impedirá de facto a Huawei desarrollar redes de 5G en el territorio norteamericano. Un informe indicó precisamente este año 2018 que las compañías chinas han insertado «chips espías» en artículos tecnológicos de Estados Unidos garantizando con ello las opciones de captación de inteligencia de China; por cierto, las empresas norteamericanas afectadas y mencionadas en dicho informe negaron rotundamente lo indicado en dicho documento.

James Lewis, experto en tecnologías afirmó categóricamente: «Huawei actúa como un brazo de la inteligencia china. Es apoyada por el gobierno chino por razones de inteligencia». En todo ello el especialista en tecnología James Lewis vaticinó que China saldrá perjudicada porque su sistema 5G depende de chips y de tecnologías de compañías del Silicon Valley, con lo que no podrán desarrollar tecnología 5G sin Intel y otros fabricantes estadounidenses de chips. Será el propio The New York Times, el 25 de noviembre de 2018[6] el que refutase estos argumentos con otros más sólidos: «Occidente estaba seguro de que el enfoque chino no funcionaría. De que sólo tenía que esperar.‎ Y todavía está esperando. China está proyectando una gran red global de ‎comercio, inversiones e infraestructuras que van a reconfigurar los vínculos financieros y ‎geopolíticos.»

Eso es lo que está sucediendo principalmente, por ejemplo, a lo largo de la Nueva Ruta de ‎la Seda que China está implementando a través de 70 países de Asia, Europa y África, superando la comunicación marítima con la terrestre y combinando ambas para fortalecer su posición y reducir vulnerabilidades ante una potencial ofensiva del bloque anglosajón (OBOR, One Belt, One Road o también conocido como BRI, Belt and Road Initiative, cuyo impacto el lector puede conocer con mayor detenimiento en el siguiente informe).‎

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La BRI u OBOR, que incluye a un tercio del comercio mundial y del Producto Interior Bruto del mundo, además de al 60% de la población de la Tierra. (Fuente: World Bank)

En el artículo enlazado de The New York Times de 2018 se analizan 600 proyectos realizados por China en 112 países (41 oleoductos y ‎gasoductos; 199 centrales de generación eléctrica, ante todo hidroeléctricas, entre ellas ‎‎7 presas en Camboya, que garantizan el 50% de la electricidad que necesita dicho país; 203 ‎puentes, carreteras y vías férreas; y varios grandes puertos en Pakistán, Sri Lanka, Malasia, entre otros países.

La estadounidense Apple se ha visto relegada al tercer lugar superada ‎en ventas por Huawei (que pertenece a sus más de 180.000 trabajadores, quienes ‎son a la vez accionistas), que se ha situado en segundo lugar en ventas, detrás de la ‎surcoreana Samsung, líder mundial del sector y dando otro motivo más de preocupación para Estados Unidos. Pero, además de las razones comerciales, hay también razones de orden estratégico. Bajo la ‎presión del Pentágono y de las agencias de inteligencia, Estados Unidos ha prohibido los ‎teléfonos inteligentes y los equipos de telecomunicaciones de la empresa china Huawei, afirmando que ‎pueden ser utilizados para espiar a los usuarios, y está presionando a sus aliados para que también ‎los prohíban. ‎

Washington ve todo eso como «una agresión a nuestros intereses vitales», como subraya el ‎Pentágono en la Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos de América 2018. ‎El Pentágono define a China como un «competidor estratégico que utiliza una economía ‎depredadora para intimidar a sus vecinos». ‎El Pentágono acusa a China de «querer imponer a corto plazo su hegemonía en la región indo-‎pacífica y de querer tomar desprevenido a Estados Unidos para apoderarse en el futuro del predominio global», lo cual estaría haciendo en complicidad con Rusia, acusada a su vez de ‎querer «destruir la OTAN» y «subvertir los procesos democráticos en Crimea y en el este de ‎Ucrania». La «competición estratégica a largo plazo con China y Rusia» es vista por el Pentágono como una ‎‎«prioridad principal». Por eso, el Pentágono «modernizará sus fuerzas nucleares y fortalecerá la ‎alianza transatlántica de la OTAN»[7]. ‎

Pero la cuestión que surge es la siguiente: ¿acaso nadie previó que la apertura de los mercados, el flujo de capitales y tecnología y la apertura de las universidades en un país con las dimensiones y las capacidades de China no acarrearía tales consecuencias?

Seguramente el lector más avezado lleva un tiempo pensando en una frase:

«Quand la Chine s’éveillera, le monde tremblera.»

(Cuando China despierte, el mundo temblará)

Esta cita, que parafrasea Alain Peyrefitte en 1973 para el título del primero de sus cuatro libros sobre China[8], es una cita apócrifa que se atribuye a Napoleón I[9] aunque para el prestigioso historiador francés Jean Tulard se habría inventado por parte de los guionistas que adaptaron la novela homónima de S. Edwards bajo la dirección de Nicholas Ray, “55 días en Pekín” (1963), donde se narra la rebelión que acabó el 7 de septiembre de 1901 llamada “de los Bóxer”. Dejando a un lado la anécdota cinéfila, la relación del viaje que emprendió con Lord Macartney al frente en calidad de primer embajador extraordinario el Imperio Qing del Reino Unido, por orden del rey Jorge III, con el objetivo de establecer relaciones comerciales, reunirse con las élites chinas y tomar cuantas observaciones le fueran posibles resulta fundamental. Debido al desconocimiento de los usos y costumbres de China la misión fue un completo fracaso, pues para los chinos no eran posibles dichas relaciones diplomáticas, al existir una desigualdad manifiesta entre ambas partes a favor de China. Adicionalmente, Macartney se negó a postrarse ante el Emperador Manchú y hacer el juramento de lealtad, pues entendía que suponía subordinar al Reino Unido ante el emperador de China. El resultado fue una negativa absoluta por parte de China a establecer cualquier relación comercial tal y como se estaban desenvolviendo las conversaciones y sentó las bases de las Guerras del Opio y la caída del Imperio Qing.

Antes de acabar este artículo quisiera abarcar dos reflexiones:

  • La historia de China enseña(ba) una lección interesante: el truco de los bárbaros norteños de las estepas.

El principio es un truco a la hora de tratar con los bárbaros norteños de las estepas, que permanentemente amenazaban las fronteras. El propósito es que los bárbaros se acostumbren (también los vasallos) a un tipo de vida sin esfuerzo, de fácil recompensa, que hace el bien aparente… hasta que se vuelven complacientes, afeminados, pacíficos. Y la base es el comercio «tributario», con la influencia cultural correspondiente hacia las zonas de Japón, Taiwán, Corea y los Estados del sudeste asiático. En la fase de expansión de China entre 1405 y 1433, incluso se extendieron a escala mundial (ver mariscal Zheng He, que lideró siete expediciones a través del Índico, llevando en sus barcos del tesoro miles de hombres armados, además de seda, porcelana y otros lujos chinos para que, progresivamente, reconociesen al emperador como autoridad mundial, ligándolos por el comercio y estableciendo bases). Este engaño paulatino, que China ha podido y puede estar replicando, demostró ser la política más eficaz para un imperio muy rico, con estándares de vida muy elevados, rodeado de vecinos potencialmente problemáticos o peligrosos.

Aplicación: a partir de 1971 EE. UU., que habían seguido un principio similar a este con respecto a los “vasallos” de Europa y Asia, con la finalidad de contener a la URSS y China como potencias clave del enfrentamiento ideológico-político por la dominación del mundo, empezaron su declive, desvincularon el oro del patrón moneda, y, debido al cambio ideológico de la URSS a partir de Jruchov, Mao se enemistó con el antiguo aliado soviético. EE. UU. pensó que era su oportunidad de empezar la globalización y asegurar la compensación de pérdida de poder adquisitivo de sus trabajadores por la vía de desarrollar industrialmente a China que, además, compraba bonos del tesoro estadounidense. Doble estratagema ayudando además a mantener el valor del dólar. Lo que no supo verse hasta Obama, incluido él mismo, es que China quizás estaría repitiendo el proceso para convertir a EE. UU. en un tradicional Estado clientelar bárbaro, alimentando su característica agresividad de Imperio decadente a través de financiar a las élites y endeudar más aún al país a través de la industria de guerra, la actividad comercial, el asentamiento de colonias chinas, la compra de bonos, y el «afeminamiento» de la sociedad por el consumo barato y tecnológico. Lo que sí entendió Trump es precisamente este hecho que es la principal y más peligrosa de las armas de engaño de China.

  • Una cuestión de identidad cultural

Recordar que en China y en el sudeste de Asia, allá donde de una manera u otra, la influencia de la cultura China confuciana llega, el modelo en las relaciones internacionales es el mismo que el de sus sociedades (y por eso China impulsó el confucianismo): autoridad, jerarquía, orden y la superioridad del colectivo sobre el individuo generan unas relaciones concretas en esos países. En política internacional esto se expresa en reconocer y seguir a quien tiene una fuerza superior, y en la región es China históricamente, de hecho incluso milenariamente. Es el juego en la zona Asia-Pacífico en busca de la determinación de la fuerza.

En el mundo del extremo Oriente tal asunto determina quién será el hegemón y a quién de los dos seguir: China o Estados Unidos. Ese papel tradicionalmente lo ha ejercido la «Nación del centro» (中國, o China, aunque nosotros solemos verter la traducción de los pictogramas chinos como «Reino del Medio». Debe leerse «Zhongguó»). Dentro de la tradición política, religiosa y moral de esa zona del mundo el que tiene el poder abundantemente y sobre los demás de forma patente es el que debe ser seguido, esto podría explicar el giro en la interpretación de espacios geopolíticos como espacios culturales desde el Zhongnanhai, las relaciones de China con ASEAN o con Japón, entre otros.

Conclusión

En definitiva, podemos ver el enfrentamiento y la disputa entre ambos bloques en Asia, Europa, África y el continente americano por el control de los minerales estratégicos, pero también la satisfacción de las necesidades humanas básicas y energéticas para dominar la Inteligencia Artificial, los ciudades y la “nube”, pero también las capacidades militares de China son cada vez mayores y anuncian un cambio en la doctrina militar, lógico si se empieza a aplicar la revolución industrial 4.0 a ese campo, entre muchos otros.

NOTAS

[1] https://www.theatlantic.com/international/archive/2015/09/united-states-china-war-thucydides-trap/406756/?fbclid=IwAR1zp61e4aL_aqoszDNdEQoJAJ_OXFt7nXAKvd-QN6FgRNt0QegSHZaMhmg

[2] https://www.nytimes.com/2011/01/23/weekinreview/23sanger.html

[3] https://www.belfercenter.org/thucydides-trap/overview-thucydides-trap

[4] Por ejemplo, al principio de la década de los años 80 del pasado siglo XX, EE. UU. y Europa Occidental representaban el 50% de la producción mundial, mientras que China e India el 5 %. Pero el Fondo Monetario Internacional ya prevé́ que en 2021 la economía de los dos gigantes asiáticos, que supondrán un 28 % de la producción mundial, superará a la de EE. UU. y Europa Occidental. En 2010 China se convirtió́ en la primera potencia comercial del mundo y para 2014 había alcanzado el impresionante hito de ser el primer Estado por PIB en paridad de capacidad adquisitiva.

Si separamos Europa Occidental y Japón de Estados Unidos y lo comparamos con China, vemos que después de la II Guerra Mundial su producción representaba el 50% del mercado económico mundial, para 1980 era el 22% y tres décadas después suponía el 16% del total global. Mientras que China partió del 2% de la economía mundial en 1980 y estaba en el 18% en 2016. Esto ha supuesto que la relación económica a múltiples niveles entre China y Estados Unidos haya alcanzado elementos de cooperación y simbiosis en aspectos como deuda pública, tecnología, producción etcétera que los ha llevado a estar cada vez más interrelacionados, ya que ambas potencias representan juntas casi el 40% de la economía mundial. China, aunque haya reducido su ritmo de crecimiento, lo hace a un ritmo doble del de EE. UU., lo que permite hacer proyecciones que anuncian la hegemonía definitiva china entre 2030 y 2035.

[5] https://obamawhitehouse.archives.gov/the-press-office/2011/11/17/remarks-president-obama-australian-parliament

[6] https://www.nytimes.com/2018/11/25/business/dealbook/china-economy-business.html

[7] El general Mark A. Milley que será el siguiente jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, ha declarado en fechas tan recientes como el 11 de junio de 2019 que China es, en su opinión, el principal adversario de Estados Unidos para los próximos 50 o 100 años. Debería interpretarse en este sentido la necesidad de dotarse de misiles de alcance intermedio debidamente cargados y que el INF (Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio) prohíbe, razón por la cual en verdad Estados Unidos querría abrogarlo.

[8] L’Empire immobile (1989), La Tragédie chinoise (1990) y La Chine s’est éveillée (1997). De manera que ya en 1973 Alain Peyrefitte preveía el camino del ascenso de China a la hegemonía y su lucha por la misma. Para 1989 reflexionaba sobre el papel de la disputa entre los bloques culturales confuciano-chino y anglosajón (primero británico, después norteamericano con la formulación de la doctrina Open Door con la ganancia tras el desastre de 1898 para España de los territorios de Cuba y Puerto Rico en el Caribe… pero de las estratégicas Filipinas y Guam en la zona, que apuntalaban la apertura y occidentalización de Japón, la expansión de potencias como Rusia, Francia y Alemania, en menor medida caso alemán, en la región). La tragedia china era la constatación que quizás el paradigma “democracia-modernidad-desarrollo” no funcionaría en China; y, por último, para 1997 Peyrefitte ya lo tenía muy claro, hasta el punto de afirmar categóricamente que China ya se había despertado.

[9] Como tal, la supuesta cita es la siguiente: «Laissez donc la Chine dormir, car lorsque la Chine s’éveillera le monde entier tremblera» (Dejad que China duerma, porque cuando China despierte todo el mundo temblará), y supuestamente la habría pronunciado el genio corso en 1816 durante su encierro en la isla de Santa Helena después de haber leído “Voyage dans l’intérieur de la Chine, et en Tartarie, fait dans les années 1792, 1793 et 1794”.

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