La traza italiana

INTRODUCCIÓN

La traza italiana es un conjunto de técnicas defensivas, de tipo abaluartado, que aparece en la península italiana desde los años 30 del siglo XVI, desde donde se expande por Europa, el Nuevo Mundo e, incluso, el norte de África. Es una evolución pensada para resistir a la eficacia creciente del fuego de artillería y de minado, pues las construcciones medievales tan sólo eran capaces de resistir un máximo de unos pocos días.

ORIGEN Y NECESIDAD DE LA TRAZA ITALIANA

La traza italiana aparece aproximadamente entorno a la década de los años 30 del siglo XVI, de la mano de Michele Sanmicheli (1484-1559), un ciudadano de la República de Venecia nacido en Verona, dando éste su forma definitiva al empezar a usar el sistema de bastiones para transformar y mejorar las defensas de su ciudad natal, empezando en 1527. En los años siguientes se fue generalizando este estilo cuando se modernizaban los castillos y recintos amurallados, o bien se construían fortificaciones de nueva planta, con gran intensidad en Italia, por ser el tablero principal de las guerras entre el Imperio y los Valois, además de tener el Imperio Otomano un ojo puesto en la península transalpina. Se puede trazar, grosso modo, una división tripartita de Italia:

  • Nápoles servía de bastión para controlar a los turcos;
  • Sicilia era la llave de paso entre el Mediterráneo oriental y el occidental, y también la base para pasar al norte de África; y,
  • El Milanesado era el paso obligado del centro de Europa al Mediterráneo

También hicieron un esfuerzo por modernizar sus fortificaciones y mejorar las defensas de sus ciudades los Estados Pontificios, las Repúblicas de Génova, Florencia y Venecia, y el resto de estados, por hallarse entre los vectores de expansión de los tres poderes: España/Imperio, la Francia de los Valois y el Imperio Otomano.

Además, hay que contar que se venía experimentando un crecimiento de la población, al que había que proteger.

LA CONSTRUCCIÓN

A lo largo de la segunda mitad del siglo XVI la fortificación abaluartada se fue consolidando como sistema defensivo básico, introduciendo paulatinamente los constructores modificaciones y mejoras fruto de los avances en arquitectura, pero desde luego, lentamente, ganando a medida que pasaba el tiempo, en tamaño. Las formas usadas son geométricas, generalmente polígonos regulares o irregulares.

La manera de aprovechar la construcción defensiva medieval para transformarla en traza italiana era la siguiente: las murallas medievales se rebajaban en altura y se cavaba una zanja alrededor de ellas. La tierra extraída en la excavación se acumulaba detrás de las murallas para crear una estructura sólida.

Mas las fortalezas construidas desde cero tenían una imposta de ladrillo, debido a la capacidad de este material para absorber los golpes del fuego de artillería (o bien, para ahorrar costes, acumulaban más tierra en lugar de seguir este paso). Otra estratagema que se impuso con el tiempo fue la de ensanchar y hacer más profunda la zanja que rodeaba a las murallas para crear una barrera más efectiva contra los asaltos y ataques con explosivos.

Ejemplo ciudadela con uso de la traza italiana. Se trata de la ciudadela de Jaca (Huesca) España.

ANÁLISIS BREVE

El propósito de las fortificaciones, tales como los castillos, es el de garantizar el control de un territorio concreto a partir de tal posición y por un número determinado de kilómetro a la redonda. Además, garantiza la seguridad de la población civil y sirve de refugio para las tropas. Pueden apuntalar una defensa (en un conjunto de fortificaciones, completadas por otro tipo de obras defensivas, tales como torres de vigilancia, torres o sistemas de refugio para pequeñas guarniciones, torres provistas de medios para hacer señales, etcétera); pero también pueden jugar un papel ofensivo: pueden amenazar y controlar pasos clave en tierra o vados de ríos, cruces de caminos estratégicos, rutas comerciales, rutas de refuerzo del enemigo, riquezas naturales… Además de servir de bases sobre las que devastar el territorio enemigo con cierta seguridad en sucesivas campañas y proteger a las tropas en caso de resultar derrotadas en una batalla campal de grandes proporciones.

Tal fin se vio puesto en entredicho a medida que los reyes eran capaces de, ya no sólo levantar ejércitos cada vez mayores debido a avances significativos en la administración, sino de contar con piezas de artillería dispuestas con el tiempo en un tren artillero, con sus dotaciones de artilleros, contando la artillería cada vez con mejores materiales y técnicas de construcción, aumentando su eficacia y diversificando sus calibres y alcances para hacer más daño a las fortificaciones y hasta al enemigo.

Así es como llegado el punto vemos al Rey de Francia, por ejemplo, haciendo uso de su artillería para asedio y haciendo caer fortificaciones y ciudades sin que estas puedan oponer la más mínima resistencia. El ejemplo de Francia es sobresaliente, porque cuenta con la ventaja de ser un Reino muy rico y con una artillería muy avanzada tecnológicamente. A este le sigue España, que no tan rico como Francia, pero extraordinariamente administrado por los Reyes Católicos y con lo que supuso la construcción política de los Habsburgo contaba cada vez con medios más importantes (a contar también lo que iba suponiendo las tierras descubiertas allende el océano), además de innovaciones tecnológicas aportadas por diferentes partes del Imperio. Por supuesto, hay que contar con el turco. Su capacidad de levantar ejércitos es extraordinaria, y más aún con la proximidad de situar una base en Constantinopla que le permite precisamente eso, afianzarse firmemente en ambos continentes a la vez, Europa y Asia. Además, su riqueza y medios le permite tener una gran artillería, sólo que no tan potente como la francesa o la imperial/hispánica.

Es en este punto, tal y como se ha comentado, y por hilvanar esta parte con el todo del documento, que surge la solución de la traza italiana, la cual puede y debe aplicarse para sustituir las antiguas fortificaciones y trazados defensivos para que vuelvan a tener esa utilidad.

De los hechos de armas de los primeros Austrias podemos destacar el papel de las fortificaciones y trazados defensivos, por ejemplo, del Reino de Nápoles, cuando Guisa invade dicho Reino, unos arcabuceros y unas piezas de artillería son capaces de frenar el avance del ejército francés mientras el Duque de Alba se aprestaba a mejorar sus tropas y socorrerlos. He aquí el sentido de tales defensas.

Otro ejemplo lo tenemos, precisamente en la dotación de piezas de artillería que contaban tales baluartes. El elector de Sajonia desplaza para intentar parar al Emperador Carlos en los preparativos de Mülhberg gran número de piezas de artillería sacándolas de sus fortificaciones.

Y, por poner otro ejemplo en que se observe las diferentes posibilidades de tal traza, lo tenemos en el asedio de Amberes por parte de Alejandro Farnesio. Y este ejemplo es especialmente interesante, porque se trataba de tomar la que, con seguridad, era la mejor defendida de las ciudades de Europa, pues contaba con toda una malla de protecciones, además del río Escalda, la posibilidad de anegar el campo para hacer impracticable cualquier asedio, y por si fuera poco, la mejor y más segura traza defensiva para proteger a la ciudad.

El Rayo de la Guerra, como se conocía a Farnesio, preparó minuciosamente y durante años el asalto a la plaza. Su campaña es todo un ejemplo de eficacia, celeridad, certeza, decisión, ingenio, valor y cuantos calificativos se deseen poner. Fue tomando, valga el símil, palmo a palmo de terreno, hasta hallarse en la situación de poder iniciar el asedio de la ciudad. Creó para ello el general un entramado ofensivo y defensivo. Cerró el paso del Escalda con un puente artillado, al que sumó dos fortificaciones, a cada lado del mismo, para poder defenderlo adicionalmente, pues hay que contar que no disponía de muchos efectivos y debía hacer frente a varios frentes que incluían la ciudad, los refuerzos eventuales por tierra y por mar. En este caso, vemos que tal sistema también servía para apuntalar una ofensiva y, como no, un asedio.

CONCLUSIONES

La incorporación en su plenitud de la traza italiana hacia finales del siglo XVI supuso una forma muy efectiva de defender un territorio y de ser usada para, también, atacar o proteger a las tropas tras una eventual derrota.

La gran lección que he sacado tras la lectura y estudio de los textos, es que no resultaba nada conveniente dejar a la espalda una fortificación de este estilo sin tomarse, pues de lo contrario se podía pagar muy caro.

 

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