Breve análisis de la situación y terribles perspectivas (para absolutamente todos)

Leo en el Financial Times que un informe de la consultora McKinsey especifica que 59 millones de empleos en Europa están en riesgo debido al coronavirus, lo que se suma a muchas otras anticipaciones, como las del FMI, a partir de la cual hice el último artículo como propuesta para reorientar a España. Y es que Portugal, Italia Grecia y España, en gran medida, pero también Francia, somos los países más expuestos, porque nos apoyamos en la construcción, el turismo y la restauración, contamos con muchísimas pequeñas y medianas empresas en esos sectores, lo que yo llamo BP (Bares y Peluquerías), además de muchísimo «emprendedor» que es en verdad aútonomo o falso autónomo, con una actividad de mierda porque la economía es de mierda en cuanto a calidad, contratos, salarios, cotizaciones, temporalidad, etcétera… y ya está más que claro que son precisamente estos ámbitos los perdedores en esta pandemia y que van camino a la definitiva extinción.

Los PIGS (Portugal, Italy, Greece and Spain). Caricatura de la visión de nuestros «socios europeos», idea esta que aflora en declaraciones de primeros ministros como el de Países Bajos o el de Austria, y que partió de Estados Unidos

Las grandes tecnológicas ya está clarísimo que han sido las grandes vencedoras en la crisis del coronavirus, y que como tales no crearán empleo, y si precisan algo va a ser muy precario, puntual y de muy baja calidad, además de generar otros desafíos éticos y políticos que nos afectan a todos y de los que todavía no somos muy conscientes, y que prometo tratar en este espacio.

Algunas de estas grandes empresas tecnológicas están orientadas al campo de las aplicaciones de prestación de servicios o a la logística, necesitan repartidores o almacenistas, hasta que no se imponga el 5G y los drones y la mayor robotización, que tampoco es descartable, pero esos empleos generan unas condiciones de trabajo terribles al externalizar todos los costes y pauperizar a la competencia establecida del sector: el taxi es destruido como sector por Uber mientras que las compañías de transporte son destruidas por Glovo, mientras ambas serán sustituidas por flotas de coches autónomos de Google en el caso del taxi y Uber; de hecho, Google ya tiene un servicio de Taxi sin conductor que se llama Waymo y que no tardaremos en verlo por nuestras calles, y por no hablar de los drones de reparto y buzones de recogida en el domicilio, o cerca, en el caso de Glovo. Amazon no ha hecho más que preparar el camino para concentrar la ofensiva sobre pequeñas tiendas de electrodomésticos, electrónica, música, libros, ferreterías, alimentación, móviles y un largo y terrible etcétera a la par que ha preparado el fin de las compañías tradicionales de transporte, pues Amazon ya está ensayando reparto con drones, al igual que la multinacional de repartos UPS o de pizzas a domicilio Domino’s. Así que no sólo estamos ante trabajos peor pagados, más temporales, con menos cotizaciones… también estamos preparando su definitiva extinción a manos de multinacionales norteamericanas o chinas.

Lo mismo se puede decir del sector de la banca. Los nuevos modelos y la situación actual servirán para eliminar más empleados y oficinas… pero el verdadero peligro es la extinción definitiva del capitalismo financiero europeo ante la ofensiva de una nueva banca que viene de Estados Unidos y China, y que va a suponer liquidar entidades de crédito y la desaparición del sector definitivamente que no encontrará acomodo en un nuevo modelo que ni quiere oficinas ni tampoco empleados de banca. De hecho, Google tiene pensado empezar a operar como banco este 2020.

Las operadoras de telecomunicaciones saldrán de momento bien de esta situación y reforzadas… pero su gran dependencia de caja a corto justificada por sus altos costes estructurales será un problema, y no precisamente menor, que les lastrará empujándoles a la baja. Y la solución para que se afirmen sólidamente ante los mercados es someterse a procesos de reestructuración y consolidación, con lo que otra oleada de despidos y una forzada introducción de tecnología que abarate costes, elimine salarios y cotizaciones se hará necesaria… más paro para trabajadores y actuales estudiantes, tanto universitarios como de Formación Profesional, del sector de la Informática.

También hay que contar la necesidad en todos los sectores de alargar la agonía, o simplemente transformarse para sobrevivir mediante las fusiones y adquisiciones, que se realizan para ganar clientes y operar con menos trabajadores, lo que permite ofrecer mayor margen de beneficio y satisfacer los deseos de dividendos de accionistas y de los fondos anglosajones que pueden prestar ciertas sumas de dinero, pero también hacia precios y servicios más abusivos para los clientes, por la falta de competencia.

Las autoridades de la competencia europea, que han mostrado alguna reticencia hasta la fecha en operaciones de concentración, cambiarán el paso y las favorecerán, ya que entienden que en este momento hacen falta campeones europeos que puedan competir globalmente con éxito o que puedan defenderse del capital norteamericano y chino. Crecer, como sea, será importante, y eso sólo significa una cosa: menos empleo, el que quede de peor calidad, menos cotizaciones y menor salario, más temporalidad y peor servicio.

En este escenario, en el que ya hemos entrado, los pequeños empresarios y autónomos se irán al paro llevando con ellos las deudas contraídas para poner en marcha su negocio y ahogarse hasta su destrucción.

De las PYMES, un porcentaje muy considerable de las cuales está vinculado a lo que sucede a las grandes empresas, y al trabajo o los recursos que la integración en su cadena les proporciona. En lo que se refiere al comercio, las asociaciones del sector estiman que un 50% de ellos podría no levantar la persiana tras la crisis, de modo que muchos pequeños empresarios y autónomos pueden engrosar las listas de desempleo llevando sobre sí las deudas contraídas para poner en marcha su negocio.

El sector turístico sufrirá muchísimo, destruyéndose el mercado interior, pero también el exterior, ya que el perfil de turista que llega a España va a estar expuesto a las mismas dinámicas que hemos descrito aquí de paro, temporalidad, recortes de cotizaciones y derechos laborales… y con menos dinero, más incertidumbre o, directamente, paro estructural, no se puede viajar.

En cuanto a las PYMES que queden operativas, notarán el parón del consumo y optarán por contratar menos personal como solución de subsistencia.

En resumen, la concentración de las grandes empresas, la debilidad de las pequeñas, la automatización, la digitalización, paro, precariedad, dificultades para financiarse, caída de ingresos en las cuentas públicas, temporalidad y peores salarios (todavía más) van a definirnos si no cambiamos de modelo económico y cambiamos a las élites políticas y económicas de España, o bien les cambiamos su modelo de negocio y forma de pensar. Los trabajadores especializados con retribución por debajo de su categoría, la dificultad de entrada en el empleo de los jóvenes y la cada vez menor presencia de los empleados de más de 50 años, dado su elevado coste por la experiencia que atesoran, van a ser la constante.

En definitiva, la aceleración y profundización de lo que estábamos viviendo, solo que en un contexto más duro, después de haber sufrido un parón enorme con la pandemia.

Además, con menores ingresos y más necesidad de financiarse en los mercados con fondos buitre, las condiciones para mantener pensiones, salarios de funcionarios y empleados públicos en general y la calidad de los servicios públicos se van a ver tremendamente degradados. Es evidente que la digitalización, automatización, y los nuevos procesos también van a afectar a los funcionarios y empleados públicos en dos sentidos: no se va a poder mantener a tantos de ellos, con lo que desaparecerán progresivamente, y sus condiciones van ser cada vez peores, siendo sustituidos por trabajadores precarios, también más baratos y más temporales.

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