Comentario sobre el artículo de Ignacio Sánchez-Cuenca, «La degradación madrileña»

Me han pasado este artículo. Y voy a empezar por decir que lo ha hecho una persona que es, como yo, de Barcelona, y no ninguna de Madrid.
Al respecto, varias consideraciones. Voy con ellas, y ruego buena voluntad y que se entiendan los razonamientos:
1/ Lo que se critica de Madrid se puede criticar de cualquier lugar de España. Es decir, cuando yo era pequeño los servicios públicos tenían mayor calidad. El modelo sanitario de Madrid es una copia del catalán, donde la burguesía progresa gracias a lo concertado, a la «gestión» de lo público, y a lo privado subvencionado. En cuanto a la educación, es cierto que cada vez es peor, pero eso es mérito de los poderes públicos y del poder de la élite, que nos quieren y necesitan que seamos así para vivir de nosotros. Y quiero recordar que nacionalistas catalanes y PP han apoyado gobiernos los unos a los otros, han votado juntos en todas las cámaras de representantes donde coinciden, etcétera. Y que luego agitan el consabido los malos son «el otro», cada vez que se acerca un periodo electoral. Cuando la realidad es que ambas burguesías, madrileña y barcelonesa, están unidas por lazos económicos, políticos, de intereses e incluso de sangre: la castiza Esperanza Aguirre es un ejemplo.
2/ El autor confunde también cultura con ser esnob. Y sí, las élites de este país que se promocionan no son como las francesas. Pero las de Madrid como las de Barcelona, que son idénticas. Como norma general, mediática, es así. No se cuida el patrimonio en ningún sitio, ni se preocupan por mejorarlo. Y de nuevo ambas se acusan de lo mismo, cuando ambas son lo mismo.
3/ El autor da unos datos sobre los que demuestra no reflexionar. Y voy a hacer una cita literal: «en París, en la segunda ronda de las presidenciales del 2017, el apoyo al Frente Nacional se quedó en el 10,3%, frente al 33,9% en el conjunto de Francia; en Madrid, en cambio, en las elecciones generales de noviembre del 2019, un 16% del voto fue a parar a Vox (algo por encima del 15% en toda España)». De aquí se obtiene una reflexión evidente: el Frente Nacional no era Vox. Y comparar ambos demuestra no tener ni idea. Y me voy a permitir recomendar unos libros:
1/ Patriotas indignados: Sobre la nueva ultraderecha en la Posguerra Fría. Neofascismo, posfascismo y nazbols (Alianza Ensayo);
2/ ¿Qué hacer con la extrema derecha en Europa?: El caso del Frente Nacional (Contextos), de Guillermo Fernández Vázquez y prologado por Pablo Simón. El autor es madrileño, el prologuista de La Rioja. Verá, si lo lee, el porqué la derecha de ese corte en España (entera y verdadera) es de una manera propia del franquismo y del ecosistema que creó, y no tiene nada que ver con lo que era el FN, más orientado hacia el obrero vapuleado por el neoliberalismo. Pero el estratega que tenía el FN ha sido quemado por Marion Maréchal en la nueva fórmula, el RN, más trumpista y sintonizado con Bannon. Aquí se impone hacer lo que decía Napoleón cuando el enemigo se está equivocando: no interrumpirlo por nada del mundo.
3/ Epidemia Ultra: La ola reaccionaria que contagia a Europa, de Franco Delle Donne.
4/ de Erik Olin Wright, «Comprender las clases sociales»;
5/ De Pankaj Mishra, «La edad de la ira».
Sobre nuestro país vecino y lo que explica esa diferencia de porcentajes me voy a permitir recomendar las siguientes obras:
1/ Les Luttes de classes en France au XXIe siècle de Todd;
2/ Néo-fascisme et idéologie du désir y Le Frivole et le Sérieux, ambos de Clouscard;
3/ Bienvenue à Boboland : le comportement humain et urbain par Dupuy & Berberian, Dupuy-Berberian;
4/ La bobocratie, une classe à part, de Luc Gaffié;
5/ De Véronique Le Goaziou, «Quand les banlieues brûlent…»;
6/ De Christophe Guilluy, «No society. La fin de la classe moyenne occidentale», «La France périphérique. Comment on a sacrifié les classes populaires», «Atlas des nouvelles fractures sociales en France» y «Fractures françaises».
Sobre esta misma materia y aplicado a España hay un ensayo brillantísimo de Víctor Lenore, «Indies, hipsters y gafapastas: Crónica de una dominación cultural», que ayudará a entender bastante los conceptos.
Dicho lo cuál, obsérvese cómo sí que hay una manifestada brecha entre los liberal-libertarios y los burgueses-bohemios de París (10,3%) y la clase obrera precarizada y machacada que conecta con el discurso obrerista que ha perdido el FN al transformarse en RN (33,9%), y que demuestra el hartazgo de los obreros con los lili-bobo (liberal-libertarios y burgueses-bohemios, en francés), el abandono de la izquierda de sus intereses y cómo ha sido explotado tal filón por el FN, pero, a no ser que vuelva ese estratega que despidieron, el RN no va a lograr las mismas cotas de éxito. Si esos datos son propios de la idiosincrasia francesa en un contexto global y compartido, además de muy complejo, no es menos cierto para la idiosincrasia de España los datos y la campaña de Vox, donde se aprecia una regularidad, como el autor del texto señala, «16% del voto fue a parar a Vox (algo por encima del 15% en toda España)». Esto indica que el discurso de Vox es homogéneo, capta el mismo porcentaje en todas partes, sea la demarcación postindustrial, agraria o enfocada al turismo. Igualmente, hay que leer los datos de Vox como una llamada al orden del electorado harto de la actitud de Podemos, gran perdedor junto a Ciudadanos, que ha cosechado el pufo que cosechará Vox como no cambie y acierte en el discurso, pues ha llegado a su techo electoral en esta fórmula.
Si hablamos de mantener estructuras de poder regional, en tal caso, Cataluña ha demostrado ser sociológicamente tan de derechas y retrógrada como Madrid por lo menos, pues cabe recordar los años, las privatizaciones, degradación de servicios públicos, corrupciones, etcétera de la hegemónica Convergència i Unió y su diáspora en partidos políticos exculpatoria y lampedusiana («Cambiemos todo para que nada cambie»), donde por cierto ERC siempre ha tenido un papel histórico, anterior al franquismo, de ser la vía populista que escoge la burguesía catalana para imponer sus intereses, y que ahora se ha ampliado con Arran, las CUP y el mismo Procés. De las doce Legislaturas que hay de autogobierno en Cataluña, tan sólo dos, y no completas, han contado con otras formaciones que no fueran Convergència i Unió y sus subsiguientes marcas políticas lampedusianas. Es decir, de 40 años de autogobierno tan sólo 7 aproximadamente han sido de un acuerdo llamado de «izquierdas». En la Comunidad de Madrid existe autogobierno desde 1983, contando con 12 años de gobierno de «izquierdas» (1983-1995), y 25 del Partido Popular (1995-2020), hasta el momento presente.
Con lo que dos lecturas evidentes:
1/ Estamos preparando un ciclo electoral a nivel regional y quizás nacional, y este artículo ya pone la música para que las ratitas sigan al flautista de Hamelín;
2/ Sácate la viga en el ojo propio para decirle al de enfrente que se saque la paja de su ojo.
Entrando en lo personal, Madrid es una capital, activa en cuanto a varios frentes. De las mejores pinacotecas del mundo están aquí. Es la capital del libro de España… pero debería aspirar a ser la casa común de la cultura española, hispánica y pieza clave en la cultura global. Y no sólo puede. Es que debe. Cuenta con las condiciones y las capacidades, pero no con las personas en la zona de decisión. Y ahí llega el problema.
La gente aquí… es un sitio grande, si tomamos el porcentaje de población y riqueza está a la altura de París, Milán-Roma, etcétera. Hay una vida intensa en cuestionarse las cosas, se crean espacios interesantes, adolecen de la confusión propia de nuestro tiempo y que todos compartimos. A ver, Vallecas es un sitio interesante. Por citar uno, en cuanto a lucha obrera, vertebración de la misma… Madrid es muchas cosas a la vez, incluso la imagen que tenéis desde fuera de la Movida y que impulsó el PSOE con la connivencia de AP/PP es la que es, pero había otras y muchísimo más interesantes y contestatarias. Se acabó por seguir un proceso parecido al movimiento punk de Londres pero adaptado aquí. Porque Madrid es Madrid. Y no es Londres. Y es lo bonito. Me sorprende ver cómo hay personas que parecen salidas de libros de Galdós, y no sé si son conscientes o no. Y otras de Valle Inclán… y de las vanguardias españolas con sede en Madrid que eran y son tremendamente extraordinarias y geniales. Madrid me gusta, es mi base, ya mi casa en algunas cosas, como Barcelona lo es en otras.
Y cierro con un tema, que no se os olvide que el club que consiguió traer a un jugador del otro lado del telón de acero fue el Barça que trajo a Kubala. Que el primer fenómeno futbolístico fue el Barça, que el club que le confirió más veces la más alta distinción de su sociedad fue el Barça a Franco. Y esto tenía un porqué: Franco le gustaba el Barça y más que nada, Samitier. El Madrid, sin «Real», y esto va también para poner los puntos sobre las íes, era un equipo de republicanos y de rojos. Jugó contra el Manchester United para llamar la atención internacional sobre lo que sucedía en España durante el golpe de Estado y la Guerra Civil. Hay una foto de ambas plantillas mezcladas el día de ese partido, puños izquierdos (socialistas) y puños derechos (comunistas) arriba en ambas plantillas. Cuando acabó la Guerra Franco le quitó la sección de baloncesto al Real Madrid, ahora sí «Real», por eso mismo… y quedó señalado mientras los burgueses catalanes, que financiaron el golpe de Estado y la Guerra Civil y ya hicieron un ataque contra la peseta al proclamarse la República, que todo hay que decirlo, recibían toda la atención mediática y privilegio de ser el auténtico equipo del régimen, y de esa época es el Barça de los 5 copas y el Camp Nou (vaya persecución más rara, ¿no?). El Madrid perdió su sección de baloncesto y su cancha se pasó a llamar como una de las figuras de Falange Española, Ramiro de Maeztu (sí, donde juega el Estudiantes). Bien, llegó Bernabéu, el Barça cerró el fichaje de Di Stéfano… mejor dicho, Samitier. Pero Samitier quería más para el Barça… y los burgueses catalanes no les gusta pensar en grande como a los lombardos con Milán, por ejemplo. Así que temerosos de que un día Samitier alcanzase desde su posición de admirado por Franco la presidencia le hicieron bullying y lo echaron del Barça. Bernabéu lo llamó y le dio todo: haz lo que quieras, lo que tú digas. Samitier dijo que sí, y ya que estábamos, si él había traído a Di Stéfano y con la locura de Franco por él, entonces él se lo trajo a Madrid con él. Y arrancó un proyecto deportivo tan extraordinario que el régimen no dudó en presentar como mérito suyo y de la España de Franco, tal y como sucede en todo régimen, y el Barça es Santa Burguesía Catalana, el Athletic es la quintaesencia de Ajuria Enea, y ahora el Madrid es la representación del capitalismo español de ACS y su vinculación al aznarismo. Y hasta aquí, señores, no descubro nada. Le llamo a las cosas lo que son. De esto va el artículo de marras… y es mediocre. Esto en Francia lo harían muchísimo mejor.

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