La batalla de Delio y Pagondas. Un genio táctico que se avanza un siglo a Epaminondas de Tebas.

En una acción, que cabe situar, de acuerdo con Tucídides, IV, 76 a principios de agosto de 424 a.C., los atenienses prepara una serie de planes contra Beocia, aliada de los lacedemonios, aunque con aspiraciones a contar cada vez más en el tablero geopolítico de Grecia.

Tras la retirada de una operación realizada en la Megáride, el estratego ateniense Demóstenes llega a Naupacto con 40 naves. Para los asunto en tierra, Hipócrates será quien los lleve a cabo, con el cargo también de estratego (Tucídides IV, 66, 3). Ambos estaban en tratos con varias facciones ideológicamente próximas a Atenas, pues querían desplazar la oligarquía y proclamar una democracia al modo ateniense, con lo que se liberarían de los vínculos del gobierno de la federación Beocia, que estaban totalmente centralizados en la ciudad-estado de Tebas.

El plan que se iba a seguir se había trazado como consecuencia del testimonio de un exiliado de Tebas, Pteodoro (aunque dos manuscritos dicen que el exiliado era de Tespias, lo que tendría más sentido, ya que conocía perfectamente la situación real de las ciudades de Tespias y Orcómeno, y la predisposición social de liberarse de los tebanos para instaurar una democracia de cuño ateniense).

El plan acordado era el siguiente:

a) Un grupo entregaría a los atenienses Sifas, población costera de pequeño tamaño ubicada en el extremo oriental de la bahía que pertenecía al territorio dominado por Tespias, en el Golfo de Crisa, a unos 15 kilómetros al sudoeste de Tespias. A su vez, los tebanos tuvieron claro que Tespias se oponía a su hegemonía sobre Beocia, ya que posteriormente obligaron a la ciudad a destruir sus murallas (Tucídides, IV, 133, 1).

b) Otro grupo partiría simultáneamente de Orcómeno con la misión de entregar una ciudad tributaria, Queronea. Los exiliados de Orcómeno estaban implicados en la operación a favor de los atenienses, al reclutar mercenarios en el peloponeso, a los que se sumaron algunos focenses, pues Queronea era prácticamente fronteriza con Fanoteo o Panoteo de Fócide, y que distaba de Queronea, de acuerdo con Pausanias, X, 4, 1, en veinte estadios, que son 3,55 kilómetros.

c) Los atenienses tenían directamente la misión, que se debía desarrollar sincronizadamente con las anteriores, de ocupar Delio, en la costa oriental de Beocia el santuario de Apolo en el territorio de Tanagra, delante de Eretria de la isla de Eubea, a treinta estadios de Áulide, es decir 5,325 kilómetros (Estrabón, IX, 2, 7). Una vez ocupado Delio, se fortificaría para establecer un desgaste contínuo que llevase, junto al apoyo de Sifas y Orcómeno, al apoyo de cada grupo rebelde de la región, a la vez que ya no podrían contar con otro punto importante para los tebanos, Platea. Ante esta situación, no se podría concentrar la fuerza sobre un punto, habría revueltas alentadas y apoyadas de todas las maneras posibles por los atenienses… y al final, se recogería el fruto deseado. Es decir, manejar enemigos, enemistades, aliados ideológicos y facciones según las necesidades estratégicas de Atenas.

Lo importante de que todo esto sucediera simultáneamente era evitar que los beocios fueran convocados y acudieran a Delio, mientras que, de este modo, se mantendrían divididos en tres focos distintos: Delia al este, Orcómeno al oeste y Sifas al suroeste. La idea que seguían los atenienses era similar a la que empleaban contra Esparta desde Pilos y Citera: no buscar una batalla decisiva, más bien ganar mediante desgaste del enemigo y tiempo. Los atenienses comprendieron el valor estratégico de ganar Beocia y ha se había proyectado una invasión (Tucídides, III, 95, 1) y se había ejecutado un ataque aislado contra el territorio de Tanagra (Tucídides, III, 91).

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La antesala de toda esta operación la debía ejecutar Demóstenes, el otro estratego. Antes de la salida del estratego Hipócrates con un ejército de Atenas y marchar por tierra hasta Beocia, Demóstenes, con 40 naves tenía que llegar a Naupacto, en las inmediaciones de Acarnania y las zonas adyacentes, donde era respetado y conocido por su campaña del 426 a.C. (Tucídides, III, 94). Una vez allí, Demóstenes reclutaría un ejército entre los acarnanios y demás aliados para poner luego rumbo a Sifas, que al llegar le sería entregada, al ser el primer objetivo simultáneo a alcanzar. Cuando llegó, comprobó que los acarnanios por su cuenta habían sometido a los enfadas (antes conocidos como eníadas), que habían sido históricamente hostiles a Atenas, con lo que contaban aún con más efectivos que sumar a los que Demóstenes consiguió, tomando como primera medida una expedición contra Salintio y los agreos, a los que puso de su lado, y se alistó para llegar en la fecha convenida para el desarrollo de la operación simultánea en Sifas, pasando tres meses desde su salida de Atenas al momento en que apareció en Sifas a principios de noviembre, de seguro el tiempo que precisaban los demócratas para organizarse.

La operación falla

En Tucídides IV, 89 sabemos que a primeros de noviembre de 424 a.C. las plazas de Beocia deberían haber caído en una fecha fijada de antemano, y que ya conocía el estratego Demóstenes al partir de Atenas tres meses antes (Tucídides, IV, 76, 1), momento en que este general debería comparecer ante Sifas e Hipócrates atacar Delio… pero se produjo un error de cálculo en el cómputo de tiempo, algo normal pues existían diversidad de calendarios algo que Tucídides ya pone de manifiesto en Tucídides II, 2, 1, IV, 119, 1, por ejemplo. Así, Demóstenes llegó antes a Sifas que Hipócrates a Delio. Además, concurrió un segundo factor: un delator. Decíamos más arriba que el secreto era fundamental para una operación de este calado, y Nicómaco, focense de Fanoteo puso al corriente a los lacedemonios, y estos a los beocios.

Los beocios mandaron fuerzas de toda la federación, que pudieron concentrarse por la premura con la que actuaron y porque estaban con el tiempo a su favor, con lo cual Hipócrates no los podía hostigar con su maniobra de diversión, así que tanto Sifas como Queronea resultaron aseguradas justo a tiempo para la federación beocia, con lo que los conspiradores democráticos de ambas ciudades optaron por no hacer ningún movimiento que los expusiera.

Hipócrates, por su parte había partido de Atenas con un ejército al que había enrolado ciudadanos atenienses, metecos, y entre los extranjeros o aliados, aquellos que se podía movilizar y que se hallaban en Atenas en aquel momento. Seguramente eran contingentes regulares que habían sido enviados por los aliados. Entre sus números había también tropas ligeras, que se movilizaron para pensar en una construcción lo más rápida posible de unas defensas en forma de muro para proteger Delio. Su ejército estaba pensado en ocupar y fortificar una posición que requería hacer obras de cierta importancia lo más rápido posible, y no en resolver un combate entre falanges en el campo de batalla.

Hipócrates llegó demasiado tarde a Delio, y no supuso ninguna ayuda para acción de Demóstenes en Sifas, ya que, seguramente, la noticia del fracaso en la operación no había llegado aún a Atenas, con lo que en Sifas ya había una guarnición acantonada de la federación beocia. Hipócrates alcanzó Delio e hizo fortificar el santuario de Apolo en Delio, algo que hería el espíritu religioso griego, pero que ya a estas alturas de la guerra ese tipo de transgresiones eran ya más comunes que lo que se había visto antes, pues incluso cortaron una viña, que en el relato no queda claro que fuera del santuario, pero lo lógico es pensar que sí, otro acto «impío» en una nueva forma de hacer la guerra.

Para ello excavaron un foso circular alrededor del santuario y el templo, con la tierra levantaron un muro, sobre la que fijaron una empalizada y la reforzaron con piedras, ladrillos y la madera de la viña, todo ello del templo o de edificaciones próximas a él. Erigieron torres de madera para favorecer su consistencia y defensa. Empezaron a hacer esto al tercer dia, con lo que cabe pensar que tardaron dos días en cubrir los 55 kilómetros de un camino que tampoco es demasiado cómodo. En erigir todas las defensas tardaron ese día tercero, el cuarto y hasta la hora de la comida del quinto (mediodía), momento en que prácticamente las obras se podían dar por finalizadas. El ejército se retiró de Delio a una distancia de diez estadios en dirección a Atenas (1,775 kilómetros), donde las tropas ligeras continuaron la marcha y los hoplitas mantuvieron esa posición. Mientras tanto, Hipócrates estaba en Delio acabando las obras defensivas y revisándolas, y organizando una guarnición que habría de permanecer ahí para apoyar cuantos movimientos democráticos y a favor de Atenas se diesen en las ciudades beocias, además de ejercer presión mediante salidas rápidas y saqueos en la zona.

La batalla de Delio

Hipócrates había llevado a Delio alrededor de 7.000 hoplitas, unos 10.000 metecos y aliados extranjeros, además de un número considerable de atenienses para poder hacer todas las obras de fortificación y aseguramiento en unos tres días, como así fue. Tras lo cual, el grueso de las tropas, como hemos visto, tomó el camino del sur que lleva a Atenas, quedándose los hoplitas a diez estadios de Delio aguardando a su estratego. Se trataba de un ejército con capacidad de disuasión, pero no de combate, pues se supone que las fuerzas de la federación beocia estarían fragmentadas, y no concentradas.

Los beocios estaban congregados en Tanagra (Tucídides, IV, 91), que dista unos 8 kilómetros de distancia, con también unos 7.000 hoplitas, 10.000 efectivos de infantería ligera, 1.000 de caballería y 500 peltastas. Este ejército sí que estaba pensado para combatir y era mucho más poderoso que el ateniense. No obstante, de los 11 magistrados de la liga federal de Beocia, 9 votaron contra entablar combate contra los atenienses, mientras que 2 de ellos, Pagondas hijo de Eóladas y Ariántidas hijo de Lisimáquidas, ambos tebanos, y que este último tenía el mando supremo querían presentar batalla.

Pagondas, comandante y aristócrata con alrededor de 60 años influyó a los beocios para que se quedaran y combatiesen, al percibir que los atenienses eran débiles mediante un hábil discurso donde señalan las diferentes ventajas. En los combates entre falanges se consideraba que el ejército defensor de su tierra ganaba alrededor de 3 de cada 4 batallas, ya que el ejército estaba compuesto por soldados-granjeros y se trataba de defender propiedades y familiares de un enemigo que los tendría al alcance en caso de salir vencedor. Y aunque el enemigo se estaba retirando a su territorio, no era menos cierto que habían violado las sagradas leyes religiosas comunes y quedaba una guarnición que les podría ocasionar problemas a sus posesiones, pues la guerra estaría más presente si cabía en la región que antes.

Hipócrates al comprobar que los beocios querían luchar les dijo a sus hombres que no debían temer luchar fuera de su territorio, porque en verdad era fronterizo, la posición del lugar lo convertía en una defensa de Atenas, y les explicó el objetivo estratégico de lo sucedido: «Si vencemos, los peloponesios, sin el apoyo de la caballería beocia, nunca más invadirán nuestro territorio, y en una sola batalla os anexionaréis este país y aseguraréis la libertad del vuestro» (Tucídides IV, 95, 2).

Pagondas ocupó una posición amparada por un alto y dispuso a las tropas de una manera un tanto original. A lado y lado dividió la caballería y tropas de infantería ligera para contener cualquier avance desde los flancos atenienses. A la derecha de la falange hoplita concentró al contingente de Tebas, pasando del tradicional fondo de ocho a uno de veinticinco, los demás hoplitas se situaban en la falange como mejor les parecía, seguramente con el acostumbrado orden de ocho filas de fondo. Estamos ante la primera vez que aparece documentado un fondo tal en el lateral de una falange hoplita, adelantando en alrededor de un siglo a Epaminondas, también de Tebas, y a Filipo y Alejandro de Macedonia.

Es evidente que con un fondo de veinticinco e igual número de combatientes hoplitas en ambos lados, 7.000, el flanco derecho beocio por fuerza había de vencer a la izquierda ateniense, que formaba en el tradicional fondo de ocho, y que, por consiguiente, abarcaba una longitud mayor, con lo que podría plantear la amenaza de un ataque lateral. Los beocios debían destruir aprovechando ese fondo tan notable con rapidez la izquierda ateniense, como si de una apisonadora se tratase, y esto debía hacerse más rápido que los atenienses pudieran desbordarlos por su respectivo flanco derecho, con lo que la caballería y las tropas ligeras debían contener a los atenienses para evitar esa maniobra por el flanco izquierdo beocio. Adicionalmente, los tebanos cuentan con 300 hoplitas de élite, especialmente entrenados y pertenecientes a las más ricos de la sociedad, primera noticia también en Tebas, de la preparación exclusiva de un cuerpo profesional y de élite, que los diferencia de la milicia que ocupaba su lugar en la falange, ejemplo de las innovaciones que este conflicto conllevó en el campo militar para resolver batallas, y que pronto otras ciudades-estado copiaron. El antecedente del «Batallón Sagrado de Tebas».

Empieza la batalla

Estaba Hipócrates repitiendo su discurso por lo ancho de toda la línea, pues era imposible que todos lo oyeran a la vez, cuando Pagondas inició el descenso desde el alto en orden de batalla. Hipócrates fue sorprendido por esta acción mientras estaba en el flanco derecho de su ejército, y se percató que su flanco podía superar y desbordar el flanco izquierdo enemigo. Además, los barrancos a lado y lado del emplazamiento de la batalla iban a entorpecer si actuaba deprisa que lo acosaran con efectividad la caballería y la infantería ligera beocia por sus flancos. Hipócrates no lo dudó y dio orden de cargar colina arriba al enemigo.

La derecha ateniense derrotó con facilidad a la izquierda beocia, donde se hallaban los hombres de Tespias, Tanagra y Orcómeno. Por el flanco izquierdo ateniense, la derecha tebana, a pesar de contar con un fondo de 25 filas, no estaban ganando con contundencia a los atenienses, que se negaban a ceder terreno y mantenían intacta la línea en lugar de huir o ceder ante la presión de la falange beocia que descendía y que contaba con el flanco derecho reforzado. A partir de ahí, si se mantenían así, los atenienses envolverían por su flanco derecho a la izquierda beocia, quedando los tebanos al final de todo, atrapados en una tenaza.

En ese momento Pagondas volvió a demostrar el genio táctico que poseía, cuando mandó dos escuadrones de caballería del ala derecha que rodeasen la colina por detrás, justo por donde los atenienses no los verían, para volver a aparecer tras los atenienses, que estaban ganando la batalla de una manera cada vez más clara, ya que pensaron que un nuevo ejército beocio estaba llegando al campo de batalla, los atenienses no contaban con tanta caballería, e inducidos por esa argucia en el error, aquello rompió su furia y espíritu de carga y permitió a los tebanos a romper la izquierda ateniense por fin, que se puso en fuga, al compartir todos la certeza de que se trataba de dos escuadrones de caballería que un ejército de refuerzo beocio había enviado para socorrer a los suyos mientras se preparaban para formar y entrar en combate pillando a los atenienses entre ambas supuestas fuerzas.

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Las tres fases de la batalla de Delio. Obsérvese el fondo de los tebanos, mejorado además con 300 hoplitas selectos

Victoria beocia

Tan sólo la llegada de la noche evitó una masacre mayor de la que hicieron los beocios y la caballería lócrida que hostigó a los atenienses en su huida. De entre todos los muertos vieron los atenienses que habían perdido tropas de infantería y civiles, entre ellos casi mil hoplitas, además del propio estratego Hipócrates. Eran las peores bajas que sufrieron los atenienses en la fase de la Guerra de los Diez Años o Guerra Arquidámica (431-421 a.C.).

Para derruir y echar a los atenienses de su posición fortificada en Delio esta guerra presenció la evolución de la poliorcética, arte hasta entonces no tan desarrollado. Los beocios construyeron diferentes ingenios incendiarios que sobre la estructura de los muros hicieron la mella suficiente como para derribarlos y expulsar a los defensores, una suerte de «lanzallamas», tal y como lo describe Tucídides (IV, 100).

A la izquierda, reconstrucción de acuerdo al texto de Tucídides del «lanzallamas» ideado por los beocios para quemar las infraestructuras defensivas. A la derecha, una explicación del funcionamiento del mismo. Thessaloniki Science Center and Technology Museum (NOESIS)

Conclusiones

El impacto de esta victoria beocia sobre Atenas tuvo repercusión en el Mundo Clásico, pues en ella Sócrates combatió como hoplita, distinguiéndose, y Alcibíades formó parte de los escasos números de caballería ateniense presente luchando con bravura por sus compatriotas, y que según Plutarco, Sócrates le salvó la vida a Alcibíades (Vida de Alcibíades, 7), aunque según Estrabón (Geografía, IX) fue a Jenofonte, el que continuaría el relato de la Guerra del Peloponeso en «Helénicas» para los últimos siete años del conflicto, también consumado jinete, el hombre de caballería al que salva Sócrates. Al respecto, también Platón en el diálogo El banquete, 220d–221c), recrea una conversación entre Alcibíades y Sócrates respecto a la valentía de Sócrates y el papel que jugó en proteger no sólo su vida, también la de otros.

Las innovaciones y el genio táctico de Pagondas se adelantó en un siglo a Epaminondas, también de Tebas, y a Filipo y Alejandro de Macedonia.

Los atenienses no lograron su objetivo de sacar a Beocia del conflicto, y sirvió de estímulo para la Liga del Peloponeso, con la finalidad de resistir y mantenerse en la lucha en un momento delicado para sus intereses. A partir de este momento, la suerte empezó a volverse contra Atenas, después de varias acciones en que salieron muy favorecidos.

Bibliografía

Estrabón, Geografía, libros VIII-X (traductor: Juan José Torres Esbarranch), Madrid, Gredos, 2001.

Platón, Diálogos III: Fedón, Banquete, Fedro (traductor: José Luis Navarro), Madrid, Gredos, 2004.

Plutarco, Vidas paralelas III: Coriolano-Alcibíades, Paulo Emilio-Timoleón, Pelópidas-Marcelo (traductor: Bernardo Perea Morales), Madrid, Gredos, 2010.

Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, (trad. Juan José Torres Esbarranch), Madrid, Gredos, 2008.

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