China y Estados Unidos. Una evolución de sus relaciones

Cuando Richard Nixon se reunió con el líder de la República Popular China, Mao Zedong (1972) en Beijing, el acto formal de lo que se llamó «la caída del telón de bambú», y logrando con ello abrir una larga temporada de normalización de las relaciones entre Beijing y Washington, se siguió un proceso de descongelación diplomática estudiada y preparada en secreto desde 1971 por el asesor de Seguridad Nacional, Henry Kissinger. Había varios motivos para seguir ese planteamiento, vamos a señalar a vuelapluma unos cuantos:

  1. Estados Unidos necesitaba a China para poder ir preparando el cierre del conflicto en Vietnam, al que esperaba separar de la Unión Soviética, y por la tradicional e histórica desconfianza de Vietnam respecto a su vecino del norte, ofrecer una solución a Vietnam por el que mantenerse en el «socialismo», no gravitar hacia la influencia soviética, y mostrarse como el «hegemón» en la zona para atraerlo a sus posiciones, dentro de la mentalidad de la región, de ahí la importancia de manifestar y demostrar poder, algo que milenariamente ha hecho China. De hecho, Vietnam es una manera de referirse a una parte propia del sur de China.

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    Nixon a la llegada a Beijing
  2. Lograr poner y profundizar una cuña en el bloque socialista y jugar de una forma táctica la carta china en clave antisoviética. Desde que el 14 de febrero de 1950, los ministros de Exteriores de la República Popular de China y de la URSS firmaron el Tratado de Amistad, Alianza y Asistencia mutua chino-soviético, que no impidió que, tras la muerte de Iosif Stalin, las relaciones bilaterales se deterioraran, ni que en 1969, tras varias reclamaciones fronterizas chinas, ambos países se enzarzaran en un conflicto de baja intensidad en el río Ussuri, una reclamación de soberanía que viene de la época en que el Imperio ruso se aprovechó de la debilidad china para ampliar a su costa, uno más junto a Japón, Francia, Reino Unido, Estados Unidos y otros, las fronteras de sus dominios o de sus intereses, que duró casi siete meses, causó la muerte de un treintena de soldados chinos y el doble de soviéticos y colocó a las dos potencias nucleares al borde de una guerra. Además, la República Popular de China empezaba un juego geopolítico contra el apoyo soviético y de Mongolia al Partido Revolucionario del Pueblo del Turquestán Oriental y al Frente Revolucionario Unido del Turquestán Oriental entre 1968 y 1989 en la provincia de Xinjiang o el Turquestán Oriental. A lo que China replicaba equilibrando esa acción soviética en Afganistán sumándose a la acción exterior angloestadounidense con predominio norteamericano para expulsar a los soviéticos de Afganistán a partir de 1979. Entre otros aspectos.
  3. El acuerdo con China abrió la vía de imponer un cambio en la hegemonía del mundo posterior a la II Guerra Mundial. Estados Unidos se hallaba en ese momento en guerra comercial con Europa Occidental, con Francia reclamando con De Gaulle la vuelta del oro (recordamos que hasta 1973 el patrón oro era la clave del mundo de posguerra, vinculado al dólar), la RFA influía ya con su marco… y el enfrentamiento con el rival ideológico por la construcción de la República Universal, según el modelo cosmopolita neo-kantiano estaba en plena ebullición. Desde los productores de hidrocarburos principales se empezaban a plantear introducir otras divisas.
  4. Entonces llegó la crisis del petróleo de 1973 como consecuencia de la Guerra de los Seis Días. Estados Unidos, Henry Kissinger, alcanza un acuerdo con los saudíes y empieza una devaluación del dólar, que ya había abandonado el patrón oro, y da inicio una suerte de tríada virtuosa para los intereses norteamericanos: deuda-petróleo-dólar. Todo ello unido, e impulsado por el desarrollo de la República Popular China y quedando a partir de aquel momento cada vez más patente para la República de China (Taiwán) que Estados Unidos iba a contemporizar y tomarse las cosas de otra manera con la República Popular de China, a pesar de los esfuerzos del lobby de Taiwán. De modo que tenemos al petróleo subiendo de precio, pagado y negociado en dólares, al igual que una deuda creciente global, y China transformándose en la fábrica, primero de Estados Unidos, que demanda grandes cantidades de petróleo de una manera creciente, petróleo que se paga en dólares. Europa Occidental pierde la guerra comercial con Estados Unidos y Japón se convertirá en el siguiente rival, al que vencerá también Estados Unidos.

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    Henry Kissinger con el Presidente Richard Nixon
  5. La deslocalización que se inicia y el contexto favorece el fin del sistema hegemónico de la llamada «socialdemocracia» en Occidente. El fin del sistema fordista supone la debilidad de la clase obrera, de sus sindicatos, su fuerza y de los partidos que la representan. La acción ideológica y la labor de la influyente Escuela de Chicago va abriendo su camino, experimentando sus modelos en países como por ejemplo Chile, para empezar a aplicar diferentes acciones en época de Carter que cuajarán con Reagan, mientras la contraparte en Europa Occidental, que empieza la fase neoliberal con Thatcher. Se manifiesta la llamada «Gran divergencia» de Paul Krugman.
  6. La acumulación de dinero y el lanzamiento de la globalización, a partir de 1973, junto a las reformas y acciones aquí comentadas sucintamente, preparan el camino para que el gigante soviético se atore. El ciclo 1979-1989 es fundamental. Primer conato de cambio político en China, Tiananmen. Primera constatación de que el paradigma “democracia-modernidad-desarrollo” quizás no funcionaría en la República Popular de China.
  7. La llegada del orden unipolar encuentra al este de Asia con conflictos heredados de la Guerra Fría, y que aún continúan (caso de las dos Coreas), y que se ven complementados, matizados y hasta sustituidos por otros posibles conflictos que son un reflejo de las antiguas rivalidades de la región y de nuevas relaciones económicas que se están trazando en los 90. China mantiene conflictos, más o menos activos, por cuestiones de limitación de fronteras, a menudo nada baladíes, tanto con India como con Rusia, aunque trataron de que quedaran limadas en esa época, y ya hemos visto en una fecha tan reciente la reactivación de las mismas entre India y China, que comparten una frontera sin determinar con precisión de 3.488 kilómetros. Hemos comprobado como las tropas, los carros de combate y los vehículos blindados se encontraban a ambos lados en múltiples ubicaciones después de que los ejércitos se enfrentaron varias veces en áreas en disputa, además de hacerse obras de militarización de instalaciones civiles, reforzarse las ya hechas o emprender nuevas, en concreto este pasado 5 de mayo de 2020, se enfrentaron en Pangong Tso, un lago glacial en el suroeste de Ladakh, dejando muchos heridos. Más abajo hablaremos un poco de la cuestión entre China e India y el trasfondo ideológico, que en este caso sí que habría alguna pista interesante que seguir.
  8. El dinamismo económico de los años 80/90 y el contexto de enfrentamiento (hablaremos con más detenimiento de ello más abajo también), llevan a subidas sustanciosas de presupuestos y de los potenciales militares en el este de Asia. Riqueza y poblaciones que experimentan desde hace tiempo un ascenso en la calidad de su formación a todos los niveles, hasta ser muy destacada hoy día, ya preparan en esta época el paso de ejércitos numerosos de campesinos a fuerzas cada vez más reducidas, profesionales y tecnológicamente avanzadas, camino en el que se halla inmerso el Ejército Popular de Liberación de China. El alejamiento de Estados Unidos del centro de atención para los países de la zona y las tensiones en la región generan una suerte de carrera hacia la modernización y capacitación sustentada en las capacidades económicas, sin la que no se pueden dar ambas condiciones. Los Estados del este de Asia siguen importando armas de sus diferentes proveedores: Estados Unidos, Estados de Europa y URSS/Rusia… pero la preferencia es lograr la transferencia tecnológica, al igual que en economía, para producir in situ material militar diverso y cada vez más sofisticado. Japón y lo que Samuel Huntington llama «Estados sínicos», es decir, China, Taiwán, Singapur y Corea del Sur, perfeccionan a partir de este momento cada vez más sus industrias armamentísticas. Como la geografía manda, empiezan a centrarse en la proyección de fuerzas y en el potencial aéreo y naval, apoyado por fuego (misiles, etcétera). Es en la franja marcada entre finales de los ochenta y principios de los noventa cuando las relaciones Estados Unidos-países de la región, se vuelven cada vez más hostiles, con la excepción de Vietnam, y ponen de manifiesto dos cosas:

1/ La falta de interés de estar sobre el terreno con persistencia de Estados Unidos, que se focaliza en la región MENA (Oriente Medio y Norte de África),

2/ La capacidad de tener voluntad de imponerse en estas disputas de Estados Unidos decae.

Estas tendencias empiezan en la época de George H. Bush y se acentuaron notablemente en la época de Bill Clinton, y son particularmente manifiestas en lo que tiene que ver con las grandes potencias del este de Asia, y las relaciones de Estados Unidos con la República Popular de China y Japón siguen caminos parecidos. Chinos y norteamericanos, por un lado, y japoneses y norteamericanos, enzarzados en una guerra comercial por esa época, por el otro, hablan de guerras frías entre sus respectivos países. Cuando empezaron los 90 las relaciones de Estados Unidos con Japón se fueron tensando con la mencionada guerra comercial de fondo, y se hicieron evidentes con el papel que desempeñó Japón en la I Guerra del Golfo, la presencia norteamericana en bases en el país del Sol naciente, las opiniones de Japón cada vez expresadas con más rotundidad respecto a las posiciones de Estados Unidos respecto a la República Popular de China y otros países en lo que tiene que ver con vulneraciones de derechos humanos, la presencia o no de tropas japonesas en misiones internacionales de mantenimiento de la paz.

Es durante la Administración Clinton que la guerra comercial con Japón se recrudece, y se le exigen a Japón más y más concesiones que llevarían a Japón a perder esa guerra, a lo que Japón se negaba por motivos evidentes. Así en marzo de 1994 Clinton firmó un decreto que le confería autoridad para aplicar a Japón sanciones comerciales cada vez más estrictas, a lo que Japón replicó, y al hacerlo, Estados Unidos acusó a Japón de discriminación a las empresas norteamericanas en la adjudicación de contratas de la administración estatal. Un año más tarde, la Administración Clinton amenaza con imponer aranceles del 100% a coches de lujo provenientes de Japón, forzando a Japón a capitular de algunas posiciones para evitar su entrada en vigor por pocas horas. Las poblaciones se empezaron a enconar unas con otras, además las élites respectivas hacían lo propio, caso de Estados Unidos, cuando apareció un importante grupo de revisionistas provenientes del mundo académico y político, además de intelectuales, que incidían en las diferencias entre ambos países y la necesidad de aplicar medidas más duras contra Japón que lo hicieran fracasar en el camino de su transformación económica en el sector servicios. Por parte japonesa, apareció una generación de jóvenes políticos y en sectores importantes que no habían conocido la guerra y que cuestionaban a Estados Unidos. En ambos países, asesores políticos percibieron que el enconamiento de los políticos en temas sensibles respecto «al otro» daba réditos electorales. Fueran estos reales o inventados, tuvieran una base real o fuera un simple brindis al sol.

Quiero resaltar esto para que entendamos una parte de la guerra que estamos viviendo en las posiciones China vs Estados Unidos. Por esa época, fin de los 80 y principios de los 90 las relaciones Estados Unidos-China se vuelven a su vez más hostiles. Deng Xiaoping decía en septiembre de 1991 que estábamos en otra «Guerra Fría». Los medios de comunicación de masas de China repetían la consigna sin cesar, viendo crisis sin precedentes desde el restablecimiento de relaciones diplomáticas en 1979. Un documento interno de 1992 del gobierno chino, citado por The New York Times, el 21 de abril de 1992, pág. A10, afirmaba que «desde que se han convertido en la única superpotencia, Estados Unidos ha estado intentando frenéticamente asegurarse una nueva hegemonía y una política de poder, y también que su fuerza está en relativa decadencia y que hay límites en lo que puede hacer». Citando a Huntington, en su obra «El choque de Civilizaciones», pág. 299, encontramos esta entrada interesante: «Según se dice, en 1995 [con la presidencia de Jiang Zemin] existía ya un amplio consenso entre los líderes y estudiosos chinos en que los Estados Unidos estaban intentando ‘dividir territorialmente China, subvertirla políticamente, contenerla estratégicamente y hacerla fracasar económicamente'».

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El Premier Zhu Rongji con el Presidente Bill Clinton

En esa época se autorizó al presidente Lee, de Taiwán, la venta de 150 F-16, se declaró el Tíbet como territorio soberano ocupado, se inició una denuncia de las violaciones de derechos humanos por parte de China que Beijing negó, se acusó a China de vender componentes de armas químicas a Irán, se le impusieron sanciones comerciales por vender misiles a Pakistán, mientras se le amenazó de más sanciones adicionales y se bloqueó la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio. Dentro de aquel contexto, el ejército era el sector más activo en contra de los norteamericanos y se le exigió al presidente Deng por carta por parte de 100 generales que actuara con mayor contundencia contra Estados Unidos, y señalaban que China actuaba en verdad con indulgencia. En otoño de 1993 de nuevo otro documento en clave interna, seguramente para dar contestación a las demandas de los 100 generales chinos, un documento del gobierno chino en el que se habla de lo siguiente: «Dado que China y Estados Unidos mantienen desde hace mucho tiempo conflictos sobre sus diferentes ideologías, sistemas sociales y políticas exteriores, resultará imposible mejorar sustancialmente las relaciones chino-estadounidenses (…) [y ya que los norteamericanos creen que el este de Asia se convertirá en] el corazón de la economía mundial… Estados Unidos no puede tolerar un adversario poderoso en el este de Asia» (Documento citado por Donald Zagoria, American Foreign Policy Newsletter, octubre de 1993, pág. 3; Can China’s Armed Forces Win the Next War? en Munro, Eavesdropping on the Chinese Military, pp. 355 y ss.).

Es evidente que aún había generales vinculados de un modo u otro a la visión de Mao y a la época revolucionaria. Por esa época ya se aprecia un antagonismo creciente entre Estados Unidos y China impulsado por la política exterior de ambos países, pues China exploraba la vertiente del mundo árabo-musulmán (cosa que, entre otros, animó a Muammar al-Gaddafi a pedir una suerte de entendimiento entre ambos bloques para establecer un Nuevo Orden Mundial). En estos años la opinión estadounidense relevante, su establishment, está dividido en cuanto a China. No pocos piden alcanzar un compromiso constructivo con China que impulse la hegemonía norteamericana del mundo, incrementando las relaciones económicas entre ambos y logrando introducirla en la comunidad de naciones. Otros miembros del establishment norteamericano piden una política de firme contención a China. Argumentaban, no sin razón, que en ese contexto, la política norteamericana de ceder en algunos aspectos esperando una contraparte recíproca por parte del otro, y este otro en este caso era China, era un error, ya que tal cuestión se interpretaba como otra muestra de debilidad. La política exterior norteamericana se basaba en simples gestos en esa época, como la visita de Lee a Cornell y la reunión de Clinton con el Dalai Lama… pero a la vez, Estados Unidos no miraba realmente en serio la cuestión de los derechos humanos, porque China era cada vez más una parte fundamental de la economía de Estados Unidos y de su dominio global.

Por parte de China, la búsqueda de un enemigo nuevo que refuerce dos pilares fundamentales:

a) El nacionalismo chino en clave interna; y,

b) La legitimación del poder de la nación y del presidente, cuestión esta compartida con todo régimen del globo, tuvieron ya su peso… y no podría descartarse tampoco en que algún peso tengan ahora mismo en las relaciones chino-norteamericanas. De hecho, en China la legitimidad es la clave de la estabilidad. No hay una sin la otra. Y se ha de dar en toda la estructura del poder y de la mentalidad colectiva. De manera que cuestionar, con posibles argumentos, la legitimidad del poder local implica cuestionar al sistema entero. Verán que todos los ataques que recibe el sistema del régimen chino pretenden, de una manera u otra, cuestionar la legitimidad. Vengan desde el propio aparato de poder, en guerra por la supremacía, o de la disidencia que busque cambiar el régimen político chino. En ese momento, la lucha por la sucesión se alargó y la influencia de los militares, con el aura revolucionaria reforzada por el aumento del gasto militar desde finales de los 80, se hizo cada vez más importante. Y tanto el presidente Kiang como otros aspirantes al poder tras Deng simplemente no podían descuidarse y mostrarse negligentes en la promoción de los intereses chinos para satisfacer a ese sector relevante del ejército.

Por esa época, además teníamos en la región la fortaleza de los llamados «Tigres asiáticos» y las comunidades chinas fuera de la República Popular de China quienes, aunque no compartían la visión ideológica oficial del régimen, sí que perciben todo el escenario descrito y mueven sus capitales especulativos y de inversión en diferentes aspectos hace la China continental, generando un polo de desarrollo que hace que la región se plantee la supuesta superioridad de los valores occidentales, tan diferentes de los compartidos por la región. Hablamos de lo que podemos llamar ethos confunciano: jerarquía, autoridad, la importancia del consenso, evitar la confrontación, subordinación de los derechos e intereses individuales, preeminencia de lo colectivo sobre lo individual, la importancia de las apariencias, etcétera; a ello se opondrían las cuestionadas virtudes de Estados Unidos y del neoliberalismo: unas formas concretas de libertad, igualdad, democracia, individualismo, desconfianza del gobierno, oposición formal o aparente a formas de autoridad, los equilibrios dentro de la sociedad en varios niveles, estímulo de la competencia, sanción de derechos individuales sobre los sociales o cívicos, desprecio del pasado (consecuente ignorancia del futuro), inmanentismo…

Esto llevó a las sociedades asiáticas a apoyarse mútuamente en sus diatribas contra Estados Unidos, y resultó particularmente interesante en el caso de China, cuando cerraron filas alrededor de la República Popular de China con la cuestión de las exigencias respecto a los derechos humanos, con apoyos como el del primer ministro de Japón, Hosokawa, y el de Singapur, Lee Kuan Yew. Esto reforzaba la visión nacionalista china, y explica su proceso de «chinificación» de la sociedad, del ejército, la moral y el gobierno, pues a lo largo de la Historia China no distingue de una forma clara las diferencias entre los asuntos domésticos o interiores y la política exterior, lo que hace es usar una proyección ampliada de la identidad china desde su perspectiva civilizatoria… es decir, un todo jerarquizado, donde en la cúspide está China y el emperador, no olvidemos que en el mundo del extremo Oriente tal asunto determina quién será el hegemón y a quién de los dos seguir: China o Estados Unidos. Ese papel tradicionalmente lo ha ejercido la «Nación del centro» (中國, o China ). Un par de ejemplos paradigmáticos serían:

a) En la fase de expansión de China entre 1405 y 1433, incluso se extendieron a escala mundial, y lo encarnaría el mariscal Zheng He, que lideró siete expediciones a través del Índico, llevando en sus barcos del tesoro miles de hombres armados, además de seda, porcelana y otros lujos chinos para que, progresivamente, reconociesen al emperador como autoridad mundial, ligándolos por el comercio y estableciendo bases; y,

b) El viaje que emprendió con Lord Macartney al frente en calidad de primer embajador extraordinario en el Imperio Qing del Reino Unido, por orden del rey Jorge III, con el objetivo de establecer relaciones comerciales, reunirse con las élites chinas y tomar cuantas observaciones le fueran posibles resulta fundamental. Debido al desconocimiento de los usos y costumbres de China la misión fue un completo fracaso, pues para los chinos no eran posibles dichas relaciones diplomáticas, al existir una desigualdad manifiesta entre ambas partes a favor de China. Adicionalmente, Macartney se negó a postrarse ante el Emperador Manchú y hacer el juramento de lealtad, pues entendía que suponía subordinar al Reino Unido ante el emperador de China. El resultado fue una negativa absoluta por parte de China a establecer cualquier relación comercial tal y como se estaban desenvolviendo las conversaciones y sentó las bases de las Guerras del Opio y la caída del Imperio Qing.

El caso es que ese envalentonamiento de las sociedades de la zona, incluso superando sus diferencias (y esto debería hacernos comprender mejor el, por lo menos aparente y momentáneo giro geopolítico de Filipinas con el presidente Rodrigo Duterte hacia China… a pesar de usar técnicas de márketing y comunicación política más cercanas a Trump pero puestas a favor de su imagen de hombre fuerte, hombre resolutivo), llevó al cuestionamiento en esos años noventa de la hegemonía norteamericana (¿quizás habría que entender así el flujo de capitales de la diáspora china a favor de la China continental, además de un gran negocio, por supuesto?). Y entonces llegó la contrarréplica. Un ataque financiero y a determinadas divisas por parte de George Soros que limitó las ansias de desplazar el eje de gravedad y de influencia hacia esa zona del mundo.

En diciembre de 2001, en el apogeo de la era unipolar de la hegemonía de Estados Unidos, China fue cooptada como socio menor del modelo global estadounidense con el objetivo estratégico de:

  • contener sus ambiciones de poder,
  • garantizar la satisfacción económica de una clase media naciente,
  • promover el desarrollo económico y tecnológico del país a través de la integración y apertura de su enorme mercado al mundo.

Una elección que dará paso al espectacular desarrollo chino y a la interdependencia chino-estadounidense, el motor de la economía mundial de las últimas dos décadas, diseñado por estrategas estadounidenses para vincular la República Popular de China a Estados Unidos. Con Washington en el papel de comprador final de productos chinos y con Beijing reciclando su enorme excedente financiando a la superpotencia, comprando su deuda. Tras el trauma psicológico causado por los acontecimientos del 11 de septiembre, los estadounidenses reaccionan empantanándose en las largas y estratégicas «guerras de terror» en Afganistán e Irak. Cabría preguntarse si China estaba en verdad ayudando a la distracción de los Estados Unidos al financiar sus campañas de Medio Oriente. Mientras tanto, crece en silencio, siguiendo el lema de Deng Xiaoping de «oculta tu fuerza, espera tu momento, nunca tomes la delantera» (ver el siguiente enlace).

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Deng Xiaoping junto al Presidente Jimmy Carter

La Administración Obama lanzó el «pivote» hacia Asia, que se manifestó en la necesidad de volver a equilibrar el compromiso militar de Estados Unidos en el eje del Pacífico para contener las maniobras militares de China y de su presencia más insistente de proyección de poder en la zona del Mar del Sur de China y más allá, a la par que su crecimiento tecnológico también requería ser contenido. Y para lograrlo se desarrolló una construcción de bloques geopolíticos y comerciales multilaterales regionales de libre comercio, ya sean directos como mediante intermediarios (a mi juicio, por ejemplo, acuerdo UE-Japón). Destacarían el Transatlantic Trade and Investment Partnership o TTIP y Trans-Pacific Partnership, TPP, y que se cancelaron posteriormente, lo que me lleva a pensar que la lógica de tales tratados sólo era la de dejar a Beijing excluido, y una vez logrado eso, han cumplido su objetivo en aquella fase. Es muy interesante que precisamente es en ese momento cuando se empieza a hablar de la Trampa de Tucídides en concreto desde el 24 de septiembre de 2015 Graham Allison escribía en la revista The Atlantic un artículo titulado “The Thucydides Trap: Are the U.S. and China Headed for War?”.

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El anuncio del Pivot to Asia o Giro a Asia. Durante un viaje a la región de Asia-Pacífico anunció el Presidente Obama el interés de Estados Unidos en la zona citando a Japón, la península de Corea y una mayor cooperación en el mar del Sur de China en un discurso ante el Parlamento australiano el 17 de noviembre de 2011

Con lo que no sería en verdad un supuesto retraimiento de la globalización, antes bien, una fase previa para una globalización definitiva e inclusiva, en una clave de mano de hierro en guante de seda, que dejase a China en una situación complicada y que la enfrentase a sus propias contradicciones mientras el tiempo cumplía el compás de espera y actuaban y se profundizaban otras circunstancias que podrían llevar a la caída del régimen chino y su transformación para entrar en la comunidad de naciones de un orden global, y si eso no se logra, aislarla y evolucionar con otras estrategias hasta lograrlo. Creo que ese es el verdadero objetivo.

Es entonces cuando habría que situar el inicio, ciertamente lento, de una apreciada tendencia hacia el «desacoplamiento» de la cooperación económica, financiera, tecnológica y cultural entre ambas orillas del Pacífico y la consecuente diversificación, que se ha empezado a dar de ciertas cadenas de producción en dirección a nuevos mercados emergentes, en particular hacia las naciones del sudeste asiático. Este proceso ha empezado un acelerón que han reforzado dos aspectos claves, tal y como yo pienso:

 

a) Los aranceles de Trump, en una primera fase; y,

b) Creo que es una de las consecuencias que se podrían derivar del colapso de las cadenas de suministro mundiales como consecuencia de la explosión epidémica en China, tal y como ya comenté en la parte geopolítica del dossier que escribí a finales de febrero de 2020 sobre el Covid-19.

Cada vez más, la Administración actual, ha iniciado una serie de acciones en combinación con otros sectores que apuntan hacia un renovado vínculo atlántico, la incorporación de Rusia y el aislamiento de China, además de la incorporación de Estados Unidos a la lucha tecnológica a posteriori. China, lejos de lo que cabría pensar, podría empezar en una fase de declive parcial, endurecido por más medidas y acciones que irán llegando, alguna de las cuales hablo más abajo, y que irá generando una mayor debilidad de lo que parece externamente. El propósito es poner en grandes dificultades estratégicas debido a factores y contradicciones internas y externas, que podrían ser capaces de socavar el principal instrumento de estabilidad interna, y legitimidad del Partido-Estado, ya comentada clave en la sociedad china; o bien, en la capacidad de garantizar la armonía social y aumentar el bienestar económico de la población, que también supondría el cuestionamiento de la legitimidad. En tales circunstancias, el aparato de poder chino se enfrentaría a gestionar el fin del milagro económico y hacer una transición económica muy difícil, generando un lucha interna dentro del Partido Comunista, donde es evidente que Li Keqiang y su «camarilla» buscarían su oportunidad, además de otros bandos que podrían formarse o aparecer buscando la ventana de oportunidad, por no hablar de fuerzas externas al partido. Esto deja a China en una condición de vulnerabilidad que la revolución económica y tecnológica y los aliados de Estados Unidos en una nueva fase de globalización, que podríamos llamar fase imperial absoluta, permitiría golpear antes de que el ascenso definitivo de China en la región pueda ocurrir y acabar por destruir sus ambiciones en tal sentido.

El ritmo del enfrentamiento se ha reactivado paulatinamente a partir de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, efectivamente. Además, el SARS-CoV-2 ha actuado como un dinamizador en una doble vertiente. Dentro de China, en dos campos:

  1. Dentro del Partido Comunista Chino contra Xi Jinping. No debemos olvidar la relación claramente ambigua que mantiene el presidente de China con el número dos, Li Keqiang, puesta de manifiesto a propósito como estrategia de potencial asedio y derribo de Li hacia Xi Jinping cuando el primer ministro Li Keqiang visitaba Wuhan al finalizar el mes de enero de 2020. Estar en el epicentro de la epidemia y presentándose en el hospital erigido en 10 días, con ello Li demostraba su candidatura con firmeza, mientras el presidente de China estaba en Beijing. Lo que nos lleva al segundo punto.
  2. De alguna manera, sí que hay una penetración en capas de la sociedad de ciertas ideas «occidentalizantes», y esto se ha puesto de manifiesto en las propias redes sociales chinas. Esta crisis ha demostrado, antes del control de las redes sociales chinas por parte del aparato del poder, que la población se muestra cada vez más exigente con las autoridades locales, y esto es fundamental para la legitimidad. Para el conjunto de la sociedad Beijing tiene toda la legitimidad. Actuó con seriedad cuando estuvo al corriente, fue eficaz y eficiente. Purgó las piezas que fallaron en el engranaje. Y esa será la idea principal. Para los sectores que exigen una reforma en un sentido democrático, se buscará mantener la indignación y la línea de responsabilidad ascendente para apuntar a Beijing y al Partido Comunista de «falta de legitimidad». Una de las cosas que la República Popular de China tiene muy clara es que debe aprender del colapso y caída de la Unión Soviética en temas como la glásnost, el funcionamiento de la economía en todos los aspectos o cómo las instituciones pudieron contribuir al colapso del gigante soviético en el siglo XX. Es, precisamente en este sentido de lo desarrollado en este epígrafe cómo hay que entender la desaparición del profesor Xu Zhangrun, profesor de Jurisprudencia y Derecho Constitucional en la Universidad de Tsinghua, y miembro investigador del Instituto de Economía Unirule, un think tank con sede en Beijing cerrado en agosto de 2019 ante presiones del gobierno chino. La investigación del profesor Xu se focaliza en jurisprudencia, filosofía jurídica occidental, teoría constitucional y la relación entre el confucianismo y el derecho. En julio de 2018, el profesor Xu publicaba un ensayo, «Temores inminentes, esperanzas inmediatas», en el que analiza y critica los cambios de política del secretario general del Partido Comunista, Xi Jinping, entonces introducidos, como la abolición de los límites de mandato, y lo que el profesor Xu considera una suerte de restauración del culto a la personalidad. Ese trabajo del profesor Xu Zhangrun se tradujo al inglés por Geremie Barmé, y como consecuencia fue suspendido y puesto bajo investigación. En febrero de 2020, Xu publicó un texto que se puede traducir como «Alarma viral: Cuando la furia vence el miedo«, donde denuncia lo que el profesor Zhangrun llama «cultura de la mentira» del Partido Comunista de China, y aprovecha para señalar lo que a su juicio es una deficiente respuesta por parte del gobierno de Beijing a lo sucedido. Xu expone y denuncia en nueve puntos cómo el gobierno prohibió la divulgación de información objetiva durante el brote y conecta este problema con un problema mayor de libertad de expresión en China, y plantea unas reflexiones que desea elevar al conjunto de la ciudadanía china. El aparato del Partido Comunista Chino ha reaccionado como era de esperar: su cuenta de WeChat ha sido suspendida, su perfil en Weibo ha sido borrado y el texto, simplemente, ha desaparecido. Mi opinión es que la República Popular de China quiere evitar cualquier filtración que pudiera ser análoga a lo sucedido en Chernobyl durante la parte final de la Unión Soviética, no sólo por el desastre, también por la política de ocultamiento del país socialista hasta que las evidencias hicieron patente lo que había sucedido. Según sus amigos, no se puede localizar al profesor Zhangrun, y se cree que está bajo arresto domiciliario.
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Xi Jinping y Donald Trump

Bien, aquí tenemos la clave interna… y esto se traslada hacia el exterior en varios círculos:

  1. Comunidad Asiática: una de las fake news que salieron rápidamente, compartida por varios países de Asia, entre ellos China y Japón, era que la pandemia de Covid-19 era una cuestión que provenía de Estados Unidos, afirmado casi de una manera categórica; otro aspecto, la eficacia y eficiencia de China peleando contra la pandemia es otra proyección de poder «a lo confuciano» a la región: «seguidnos a nosotros, somos más poderosos que Estados Unidos», es el mensaje.
  2. Fuera de la cultura confuciana: castigo a Australia por alinearse con Estados Unidos, desde la óptica china, al querer investigar a fondo las causas y el origen de esta pandemia; atención a Argentina para desplazar a Brasil como socio comercial preferente, en la otra entrada ya les comenté el porqué, y que eso repercute también en Estados Unidos que intenta atraer a Argentina suavizando su postura con el préstamo del FMI; en Europa, por ejemplo, en Italia compitiendo con Rusia con intereses distintos; en África, proyectando su poder y combinando «el palo y la zanahoria» para que las naciones endeudadas con China acepten nuevos términos.

Hablábamos más arriba del conflicto ideológico, vamos a llamarle «clásico» o «strictu sensu»… y lo tenemos con India, con la que tenemos con un conflicto fronterizo reciente, del que ya hemos hablado más arriba, pero también lo tenemos con Tíbet, por una cuestión ideológica y de control de recursos hídricos, ya que se juntaría lo que desde el partido del primer ministro Narendra Modi se utiliza del concepto expresado en hindi llamado hindutva y que podríamos traducir como «hinduidad». El partido de Modi es el ultranacionalista Bharatiya Janata Party (BJP) y se muestran partidarios de una alianza mayor con Estados Unidos, a diferencia del Congreso Nacional Indio que ahora preside Rahul Gandhi (nada que ver con Mahatma) que se mueven en posiciones euroasiáticas y próximas a Rusia. India podría empezar a equilibrar cada vez más a China, junto a otras naciones, y con otros movimientos geopolíticos de fondo. A su vez, China tiene un peso en India: la insurgencia naxalita, una guerrilla de inspiración maoísta, con gran capacidad y que tiene sus zonas de acción concentradas ante todo en el «Corredor Rojo»: Andhra Pradesh, Bihar, Chhattisgarh, Jharkhand, Madhya Pradesh, Orissa, Uttar Pradesh y Bengala Occidental. Pero la fuerza de maoísmo también tiene influencia en Bangladesh, Nepal -donde ha empezado a triunfar políticamente- y Bután. Otro elemento propagandístico, y no menor, es el desarrollo de China si lo comparamos con el de India, y más aún, el de los Estados de India gobernados por coaliciones donde los comunistas tienen un peso significativo. Para China su sistema económico hoy día es una economía de mercado socialista, aunque esté gobernado por el Partido Comunista de China, y se identifican con la primera etapa hacia la economía socialista, y se ha propuesto para 2021 un desarrollo para ciertas partes más amplias de la sociedad, y para 2049 hablan de un desarrollo más amplio similares a los estándares sociales más avanzados de Occidente.

No obstante, los medios de producción y la banca caen dentro de la esfera de la acción del Estado, así el 80% de los recursos de las diferentes industrias es controlado por un poderoso sector público. Más aún, los mercados financieros están bajo vigilancia del sector público. Es decir, Estado fuerte o planificación a largo plazo son las claves del desarrollo chino, sumando la transferencia de tecnología. Esto ha llevado a datos como que en 30 años el PIB se multiplicó por 17 y ha sacado de la pobreza a cientos de millones de chinos a los que ha ido dirigiendo hacia la clase media. Así, en los años 50 del siglo XX, India y China se hallaban en una situación terrible, con un punto de partida peor para China, y a pesar de los progresos de India, que son muy notables reforzados particularmente desde hace 20 años, China es hoy día más de 4,5 veces el PIB de India.

Sin embargo, tomada sobre el conjunto, India es en cuanto a pobreza de masas mucho peor que China: la tasa de mortalidad infantil es 4 veces más alta en India que en China, la esperanza de vida es menor en India (67 años) que en China (76 años). Estos datos los aportan Jean Drèze y el Nobel de Economía de 1998, Amartya Sen, en su obra «Splendeur de l’Inde? Développement, démocratie et inégalités». Reflexionan en su obra que «India no ha conocido una fase de expansión importante de la ayuda pública o de la redistribución económica. China alcanzó desde muy temprano enormes progresos en materia de acceso universal a la enseñanza primaria, a la atención médica y a la protección social, incluso antes de lanzarse a iniciar reformas económicas orientadas hacia el mercado, en 1979». Esto se explica por el sistema de castas y la predisposición en contra de la educación de masas de las castas superiores, a pesar de que el conjunto de las élites indias ha venido proclamando ideales progresistas históricamente, no quisieron hacer una apuesta por elevar el nivel escolar. Al igual que la política del hijo único de Deng Xiaoping sirvió para tratar de controlar la natalidad y este factor ha sido indispensable para el desarrollo de China (uno se podría plantear si la «Hinduidad» tal y como la defiende el BJP no podría pretender expulsar hacia Pakistán a cuantos más colectivos de musulmanes mejor, y con ello lograr a posteriori el control de natalidad que lastra el desarrollo de India).

Sin embargo, señalan Drèze y Sen que «Los Estados indios con éxito son los que crearon las sólidas bases de un desarrollo participativo y de una ayuda social y promovieron activamente la extensión de las capacidades humanas, particularmente en los sectores de educación y salud». Y el más destacado de todos ellos en cuanto a Índice de Desarrollo Humano lo presente el Estado de Kerala, que está en el suroeste. La disminución de la natalidad en este Estado es fruto de una evolución positiva de la condición femenina en relación directa con el aumento de nivel de educación. Presenta hoy día el ingreso medio por habitante más alto de India (70% superior a la media nacional), un 98% de tasa de escolarización, una tasa de mortalidad infantil 5 veces más baja que la media India. La clave ha sido la presencia constante en coaliciones del Partido Comunista de la India, que además ha creado una infraestructura social en el contexto geográfico e histórico, que con la llegada del desarrollo económico han impulsado ambos polos el uno del otro hacia una prosperidad y unos valores sin duda envidiables (y es un Estado que cuenta con más de 34 millones de habitantes). Sin duda, es una propaganda ideológica que China quiere jugar.

También ha sido clave, en este último conflicto reeditado que Narendra Modi, se ha visto señalado por la gestión de la pandemia de Covid-19, la cual ha sido criticada, y empieza a darse las señales de que se acerca uno de los primeros picos de la curva, y donde han pesado los criterios de una mentalidad de élite.

IPAC: Inter-Parliamentary Alliance on China. ¿Hacia otra fase del conflicto?

El pasado 4 de junio de 2020 los senadores estadounidenses por el Partido Republicano, Marco Rubio (Florida) y el demócrata Bob Menéndez (Nueva Jersey), ambos con origen cubano, daban lugar a una alianza llamada Alianza Interparlamentaria sobre China (IPAC). Dicha alianza se presenta con los siguientes objetivos, y cito textualmente:

«La misión del IPAC es fomentar una colaboración más profunda entre legisladores con ideas afines. Su trabajo principal es monitorear los desarrollos relevantes, ayudar a los legisladores a construir respuestas apropiadas y coordinadas, y ayudar a elaborar un enfoque proactivo y estratégico sobre temas relacionados con la República Popular de China. Sus actividades se dividen en cinco grandes áreas:

Salvaguardar el orden basado en normas internacionales
La República Popular de China (RPC) debe estar sujeta a los estándares del orden jurídico internacional, que a su vez debe estar protegido de la distorsión.

Defender los derechos humanos
Las relaciones entre los estados y la RPC deben dar la debida importancia a los derechos humanos universales.

Promoción de la equidad comercial
La RPC debe estar sujeta a los estándares del orden basado en reglas, especialmente aquellos establecidos por la Organización Mundial del Comercio.

Fortalecimiento de la seguridad.
Las democracias deben desarrollar estrategias de seguridad complementarias para abordar los desafíos presentados por la RPC.

Protegiendo la integridad nacional
No se debe permitir que la RPC comprometa la soberanía o las instituciones de ningún mercado desarrollado o emergente a través de préstamos, inversiones o por cualquier otro medio.»

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Dicha alianza reúne a más de 100 representantes de 12 países (Estados Unidos, Canadá , Australia, Japón, Reino Unido, Alemania, Italia, Suecia, Noruega, Países Bajos, República Checa y Lituania), además de diputados en activo en el Parlamento Europeo.

Esta alianza cabe entenderla como parte de las acciones tomadas a cabo a partir de la última Conferencia de Seguridad de Múnich. En el comité de consulta resulta interesante observar la presencia de varias personas vinculadas a Hong Kong, como Shaomin Li, Joey Siu (una estudiante activista en Hong Kong), Zhang Wei o la disidente china Vicky Xiuzhong Xu. Destaca también Robert L. Suettinger, oficial de inteligencia retirado, actualmente trabaja en un estudio biográfico de Hu Yaobang y el fracaso de la reforma en la República Popular de China. De 1975 a 1999, fue analista político y gerente de la Agencia Central de Inteligencia, Director de la Oficina de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado, Subdirector de Inteligencia Nacional para Asia Oriental, Director de Asuntos de Asia (China) en el Consejo de Seguridad Nacional y NIO para Asia oriental. Su libro, Beyond Tiananmen: The Politics of US-China Relations, 1989-2000, fue publicado por la Brookings Institution en 2003.

Dentro del comité de consulta destacan las secciones: Legal, Economía, Medicina, Sinología, Derechos Humanos, Hong Kong, Libertad Religiosa, Políticas de Minorías Étnicas y Tecnología y Vigilancia.

Esta acción no sería la única que se estaría desarrollando, pues ya comenté que la propuesta de un G11 está hecho en una clara sintonía de contención a China, incluiría a Rusia… y la propuesta no causaría, ni mucho menos, ningún rechazo en Rusia. También hablé de la respuesta al 5G de Huawei, la OpenRan Policy Coalition y de su gran atractivo, además de las empresas que se han sumado que anuncian una reacción de Washington bastante interesante.

Bibliografía

  • Drèze, Jean, Sen, Amartya «Splendeur de l’Inde? Développement, démocratie et inégalités». 2014. Flammarion.
  • Huntington, Samuel P. «El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial». 2005. Paidós.

Un comentario en «China y Estados Unidos. Una evolución de sus relaciones»

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