Ideología del poder y religión en el Irán arsácida

Marco histórico/temporal

El camino que siguen los partos o parni, desde una tribu de los dahaos, en el marco de los “escitas orientales”, dentro de la cultura sace, hasta convertirse en la base de un poder imperial en la zona irania resulta compartido con otros pueblos, aunque sin duda de desigual grandeza. Siendo los partos uno de los pueblos de las estepas indoeuropeos de lengua irania, emparentados con los escitas, los sármatas y los alanos. Su origen se puede situar en el extremo sur de las costas orientales del mar Caspio y su evolución y ascenso acabó por dar nombre a la satrapía del imperio persa aqueménida de la región, parthava.

Tras la velocidad con la que Alejandro Magno impulsó sus campañas y programas culturales y administrativos y su prematura muerte, la región de los partos quedó dentro de la influencia y control de los seleúcidas (ss. IV-III a.C.), siendo los soberanos partos clientes o vasallos de los reyes seleúcidas. Pero las luchas por el poder y los contendientes por la hegemonía de zonas claves en lucha con otros reinos helenísticos llevaron a una disolución paulatina del control efectivo más allá de los Zagros. Es así como en el año 247 a.C. Arsaces I sube al trono de los partos y no reconoce la supremacía de los seleúcidas, cosa que lo enfrenta con el sátrapa de Seleuco II Calinico, Andrágoras. Para el año 238 a.C. Arsaces I controla sus tierras partas y ha añadido buena parte de Hircania logrando repeler las expediciones enviadas por Seleuco II para someterle. Estos éxitos se mantienen con Tiridates I y Artabano I, quien en 211 a.C. accede al trono parto, pero no puede rechazar la campaña que Antíoco III el Grande emprende contra él, obligándole al vasallaje en 209 a.C.

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Antíoco III el Grande

En 191 a.C. Artabano I es sucedido por Priapo, quien en 176 a.C. abdica en su hijo Phraates I. Las derrotas de Antíoco III el Grande en Occidente contra una Roma que tras la II Guerra Púnica inicia su expansión hacia Oriente son aprovechadas para librarse del domino seleúcida, consolidar el reino parto y empezar la expansión de sus dominios hasta formar el Imperio parto. A continuación, Phraates I garantizó el control de las Puertas caspianas y con ello lograba una vía directa para penetrar en Media. Para 171 a.C. Mitrídates I sucedía a su malogrado padre, llevando a cabo aquello que su padre planificaba, un doble ataque hacia los dos polos helenísticos: hacia Oriente contra el Imperio greco-bactriano, y hacia Occidente, contra el poder de los seleúcidas. Antíoco IV Epífanes enfrentado al Egipto de los Ptolomeos por la Celesiria tenía un frente demasiado activo y vital para desatenderlo, peleando dos guerras contra Egipto y llegando a inquietar a Roma por el ascenso de su poder. Adicionalmente, su afán de impulsar el helenismo le llevó a tener que gestionar la revuelta de los Macabeos. Precisamente en estos momentos hubo de atender el frente parto y aunque logró éxitos, como la conquista de Elam y Babilonia, hubo de prepararse para enfrentarse a la rebelión judía de los Macabeos. Mientras preparaba dicha expedición para cerrar su retaguardia en Judea, le sobrevino la muerte, iniciándose la fase final de la disolución y disgregación del poder seleúcida. Mientras tanto, el enfrentamiento contra Eucratides en el frente greco-bactriano, le supuso a Mitrídates I el dominio parto de las eparquías de Traxiana y Tapuria. Con los seleúcidas en plenas luchas intestinas y el empuje de Roma por Occidente, Mitrídates I avanza hacia Ecbatana en 148-147 a.C., y para 141 a.C. el rey parto entra en la satrapía de Babilonia y toma la ciudad de Seleucia, antes de replegarse en Hircania. Mientras tanto, el frente sur de los partos continuaba su avance, derrotando al ejército de Elymais en Apamea y ocupando Susa. En 139 a.C. Demetrio II, el nuevo soberano seleúcida es derrotado y apresado por un general parto, siendo enviado a Hircania, donde Mitrídates I le ofrece la mano de su hija, sin duda para legitimar una ocupación o control de sus dominios. Un año más tarde Mitrídates I muere y lega un Imperio parto que ha alcanzado su apogeo en cuanto a extensión territorial, pues domina el espacio entre los ríos Indo e Hydaspes y Mesopotamia.

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Imperio greco-bactriano en el 180 a.C. Fuente.

Detendremos aquí nuestra narración, pues aunque no será hasta Phraates III (70-58 a.C.) cuando Roma y el Imperio parto no entrarán en contacto, y entre medio habrían de conocer diferentes avatares, sí que he considerado oportuno ver el ascenso al Imperio de los partos, su origen en la figura de Arsaces I y su posterior evolución, sus focos principales de desafío en los Imperios helenísticos a Oriente y Occidente de su posición, Roma, en el Indo, sus vínculos coincidentes con el judaísmo… aspectos todos ellos clave para poder enfrentar, a mi juicio, con éxito este ensayo sobre la ideología del poder y religión en la época de los arsácidas.

Los fundamentos del poder de los arsácidas. Elementos políticos y religiosos.

El hecho de la legitimación plantea un desafío interesante para el poder de los arsácidas. Pero antes, debemos definir los diferentes bloques sobre los que construir la legitimación para detentar el poder, y para simplificar podríamos establecer la tradición política, histórica y religiosa irania; un segundo bloque sería la vinculada al universo griego.

Tomando el modelo iranio, vemos que según la versión de Syncelo de la Parthika de Arriano, se afirma que Arsaces era en verdad descendiente de Artajerjes, que Arriano identifica con el rey aqueménida Artajerjes II. ¿Por qué Artajerjes II? Pues porque su nombre original era Arsaces, y tomó el nombre de Artajerjes II al ascender al trono al combatir con su hermano menor Ciro el Joven, muerto durante la batalla de Cunaxa en 401 a.C. Otro detalle que me ha llamado la atención es, a mi juicio también propagandístico, pues Artajerjes II combatió a los griegos, a los espartanos en concreto cuya guerra puso fin mediante la Paz de Antálcidas, por el que recuperaba las ciudades griegas de Jonia y Eolia para Persia. También hubo de pelear contra Egipto, que se independizó al principio de su reinado, cosa que no logró cerrar, pero sí que pudo derrotar un ejército egipcio-espartano que pretendía conquistar Fenicia. Es decir, que es un rey que combate a los griegos y a su alianza con Egipto para recuperar el territorio del Imperio persa aqueménida.

Tampoco es casualidad en su relato de justificación que Arsaces y Tiridates con cinco notables partos (siete conjurados en total), derribasen juntos al sátrapa Andrágoras de los seleúcidas. Los ecos de este relato se pueden hilvanar con el ascenso al trono de Darío I el Grande, pues a la muerte de Cambises durante la campaña de Egipto de 522 a.C., que se había rebelado contra el poder aqueménida seguramente instigado por los sacerdotes de Amón, quienes veían contrarrestado su gran poder e influencia por las pretensiones del rey persa. Cambises tuvo que acudir a responder un levantamiento de su hermano Bardiya (Smerdis, en griego). Cambises muere de camino y entonces es Darío junto con otros nobles persas que se ponen a sus órdenes los que conquistan el trono. ¿Cómo se justifica el ascenso de Darío I al trono y qué lo hace referente cultural y propagandístico para Arsaces I y sus pretensiones? Según parece, la scripción de Behistun, en sus columnas XI-XIII, mandada escribir por Darío I ya en el poder, y según el relato de Heródoto III, 61-79, Bardiya en verdad es un mago llamado Gaumata, que asesinó al hermano del rey y suplantó su identidad. De manera que Darío recibe con ello toda la legitimidad. ¿Por qué? Porque es un levantamiento en verdad contra un usurpador, para más inri de origen medo, cosa que pone en riesgo el predominio de los persas, logrado en su origen en alianza con los babilonios contra los medos, de acuerdo con YOUNG (1999, 32-35). Relevante resulta lo que menciona la inscripción respecto a Gaumata, pues parece ser que impulsó cambios en el orden social, económico y el religioso, ya que trató de eliminar cultos locales para potenciar una divinidad central (¿Ahura-Mazda?). Entonces, ¿cómo lograba Darío I unos fundamentos sólidos para su legitimación? Haciendo retroceder su linaje a los primeros aqueménidas a través de una rama indirecta… y proclamando el texto de la inscripción a la que se hace referencia en persa, elamita y babilonio, donde el rey se reconoce por un lado hijo de Hystapes, el nieto de Arsames, el aqueménida; y por el otro afirma que fue Ahura-Mazda el que le concedió el reino, pues es el dios rey y el lugar de dónde se nutre la monarquía, siendo los reyes aqueménidas los representantes de Ahura-Mazda en la tierra, intercesor entre lo humano y lo divino. De manera que podemos concluir que quizás, como hipótesis, Bardiya/Gaumata contó con el apoyo de los magos, que deseaban reforzar su poder, y más desde el núcleo-fuerza de Babilonia. Al respecto, Darío I, si verdaderamente derribó a un suplantador o fue simplemente él el verdadero suplantador, no cabe duda de que aunó a los intereses persas con los de los magos, que encarnarían la tradición religiosa elamita/babilonia.

Es precisamente en la fase de construcción imperial de los partos, seguramente con Mitrídates I, el primero que recibió el título tradicional de “rey de reyes”, el que dio impulso a dichos discursos, el que impulsó con mayor firmeza en su reinado las ideas fuerzas anteriores, ya fueran sugeridas, esbozadas o afirmadas, y bajo su reino empezaron a contar con mayor fuerza, seguramente también concentrando a su alrededor el mayor número posible de magos, y del mayor prestigio para fundamentar y reforzar el discurso imperial.

Por otro lado, la caída de los aqueménidas ante Alejandro Magno supuso un punto de cesura para el mazdeísmo de Estado fijado en la época de Darío I en adelante. Con la llegada de los griegos se produjo el típico fenómeno histórico de sustitución de modelos y de consiguiente revolución en las estructuras de poder, resultando conveniente destruir algunos elementos, otros conservarlos y aquellos otros transformarlos. En ese proceso es seguro que los magos debieron también de sufrir las consecuencias. Cuando los seleúcidas fueron introduciendo las divinidades helénicas, que a posterioridad habrían de pasar por un proceso de equiparación del panteón griego con el iranio, o definido por los iranios hasta los aqueménidas, asumiendo el concepto de khwarrah como fuente de legitimación divina del poder de los reyes helenísticos. No obstante, el proceso encontró dificultades en la legitimación completa entre los iranios de los seleúcidas, en parte por la dificultad que estribaba asimilar a Zeus con Ahura-Mazda, y también por la falta de cooperación de grupos de magos que no querían iniciar una colaboración como la que sin duda iniciaron con Darío I. Una posible hipótesis sería quizás, a mi juicio, iniciar precisamente en esta época la asunción del zoroastrismo por parte de determinados grupos de magos, precisamente como forma de construcción religiosa/política contra los seleúcidas, transformándolo progresivamente en una religión bien definida, a diferencia del mazdeísmo, con una exclusiva divinidad central, que ha de conectar con el periodo aqueménida y que justificó el ascenso de Darío I: Ahura-Mazda, cuenta también con la figura de un profeta revelador (¿un trasunto del Moisés de los judíos? En el sentido de que en teoría se trata del mismo Dios del pacto con los padres de Israel, pero es Moisés quien revela el nombre, su voluntad, especifica quién queda dentro y quién fuera, y qué debe hacerse con los que quedan fuera, por lo que estamos ante una idea mucho más nítida de ortodoxia, heterodoxia y herejía. Zoroastro sería el Moisés iranio). Esta nueva construcción ideológica/religiosa encontrará en los arsácidas a unos dignos impulsores, pues será en su tiempo, hacia el siglo I d.C. que empezará a materializarse un conjunto de textos que llegarán a ser el Avesta, cuya forma definitiva se alcanzaría alrededor del siglo VI d.C.

Estrabón podría aportar cierta luz al respecto en 11, 515, cuando explica que los magos entraron a formar parte de uno de los consejos reales en la época de los arsácidas aumentando el número de seguidores del zoroastrismo considerablemente, dándose aún mayor apoyo en época de los sasánidas. Podemos concluir que el culto a Ahura-Mazda según las prédicas adjudicadas a Zoroastro llegaron a ser instrumento de control social e ideológico por parte de dos grupos: la realeza irania se vio beneficiada por los mecanismos de legitimación y cohesión para aglutinar un todo fragmentado y diverso; los magos lograron el control de la práctica religiosa y extendieron sus competencias al ámbito de la Administración, y se puede afirmar que las mutaciones en el mensaje de Zoroastro se hicieron para reafirmar el poder de ambos bloques de interés.

No obstante, a pesar de la exclusividad de Ahura-Mazda a partir de fines del siglo V a.C. se puede afirmar que compartía con Mitra y Anahita la protección de la realeza, al menos durante cierto tiempo. Estos dos dioses, de gran implantación en el panteón iranio anterior al zoroastrismo, pues Mitra era invocado como garante de contratos, y la diosa Anahita se puede asociar al culto de diosas madres del Próximo Oriente antiguo. De todas formas, los magos también acapararon el culto oficial, al igual que había sucedido con el de Ahura-Mazda. Vemos que el camino entre magos y realeza fue compartido y una alianza provechosa para ambos. Precisamente Mitra contó también con una transformación que lo difundió por el Imperio romano en la línea Oriente-Occidente, sobre la que luego hablaré con Mani.

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La diosa Anahita

El otro eje del poder y de su ideología se centra en la época arsácida en la reivindicación del legado de Alejandro Magno. Precisamente lo helénico juega un papel fundamental en dos campos bien diferenciados: a) legitimación ante las importantes comunidades helenísticas; b) proceso de legitimación de aglutinamiento de la herencia de Alejandro y de los dominios aqueménidas. Esto explica una aparente dicotomía entre la representación del invasor y usurpador del poder persa aqueménida, la legitimación de recuperar los territorios griegos que cayeron dentro del imperio persa, la autoridad de reunir el legado de Alejandro, que implica lo anterior. Una hipótesis que se me ha ocurrido investigando al respecto es que durante cierto tiempo tenemos dos potencias en ascenso que ambicionan los reinos helenísticos: Roma, por Occidente y los partos por Oriente. En ambos casos se producen episodios de filohelenismo y de helenofobia, aunque por diferentes motivos, pues mientras Roma trataba de mantener su identidad hasta la II Guerra Púnica, después el partido de los Escipiones encabeza una helenización que se materializa en las guerras de liberación de Grecia por parte de Roma, acabando por reclamarse parte de la misma herencia y orientándose, al igual que en la cultura helénica, contra el “Oriente” de los persas. Por otro lado, los partos tienen episodios de filohelenismo que, en mi opinión se explican en tres ejes: a) asunción de las comunidades helenísticas interiores; b) recuperar para el mosaico de pueblos que obedecían a los aqueménidas a los griegos (y a los egipcios, ahora greco-egipcios); y, c) mostrarse filohelénicos les permite reivindicar el sueño de Alejandro de Imperio universal, según la tradición irania y helenística.

También creo que el impulso definitivo al zoroastrismo quizás podría deberse a que los helénicos se inclinan por Roma (grecorromano) y no por lo greco-iranio, motivo por el cual extreman sus posiciones de reivindicación persa y no helenística (de la quinta columna griega a la grecorromana), y los lleva a apoyar, presumiblemente, a las comunidades judías dentro y fuera de sus dominios en su pugna con los helénicos (v.g. “Contra Apión” en época de Flavio Josefo), potenciando primeramente el partido pro-persa contra los reinos helenísticos y después en los dominios de Roma. Este hecho se vería matizado con la llegada del cristianismo, entendido como derivación del judaísmo, momento en que de una forma u otra el oriente del Imperio romano se vuelve cristiano, en cualquiera de sus manifestaciones y sincretismos con diferentes tradiciones orientales y helenísticas como el neoplatonismo o el gnosticismo. También, en este sentido creo que podría apoyar estas reflexiones el maniqueísmo. Mani, además de ser un sincretismo entre las tradiciones desde el helenismo, el mundo iraní, el norte de la India y el mundo judío… Precisamente el apoyo de Sapor I y de su hijo Ormuz I, rey de Armenia propulsó el mensaje en clave “de Oriente a Occidente”, como las olas del mar, de Mani a través de Persia, Palestina, Siria y Egipto. Una manera de crear un poder que aspiraba a infiltrar en términos culturales, políticos y religiosos todas esas regiones, como ya había sucedido con Mitra, además de presentarse Mani como el Paráclito o el ayudante o consolador que promete Jesucristo a sus seguidores (San Juan 14, 16.26; 15, 26; 16,7)  y, por ese motivo, como el Último Profeta y el Sello de los Profetas, según PUECH (2006,73), en una cadena en los mismos en los que se hallaban entre otros Noé, Abraham, Zoroastro, Hermes, Platón, Buda y el mismo Jesús. Precisamente la muerte de Ormuz y la sucesión de Bahram I, que se apoyó en quien más podía perder en esta revolución, los magos zoroástricos, llevó a los maniqueos a caer en desgracia progresivamente, hasta la muerte de Mani. También resulta interesante que el último experimento, y quizás el más exitoso al respecto fue la prédica de Mahoma y de sus seguidores inmediatos, pues tomaron referencias gnósticas, neoplatónicas, cristianas nestorianas, judaicas… y del mismo Mani (Mahoma como Sello de los Profetas en la Sura 33:40), y precisamente el espacio de expansión de los primeros califas o califas ortodoxos pondrían las bases, entre otros aspectos, según mi opinión, para la extensión del islam y sus ramificaciones.

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Los padres de Mani en un entorno palaciego. Miniatura. FUENTE

Tampoco podemos descuidar el hecho de que Zoroastro introdujo en sus mensajes un elemento muy interesante e innovador sobre la tradición religiosa, y con implicaciones políticas. Se trata de los conceptos Verdad y Mentira como grandes complejos polarizantes, creando el fundamento del posterior dualismo, presente por ejemplo en el maniqueísmo con Luz y Oscuridad, precisamente. El zoroastrismo lo creaba alrededor de la gran divinidad central, Ahura-Mazda y pretendía dotar de códigos de conducta éticos que fortaleciesen la esperanza de una recompensa en el futuro. Otro aspecto que se subraya en cuanto al zoroastrismo y su influencia en el pensamiento iranio, el de Mani o el adjudicado a Mahoma tiene que ver con la fuerte vinculación desde el principio con los poderes políticos, pues el mismo Zoroastro habría encontrado el apoyo necesario a su reforma en la corte del príncipe Vishtaspa.

Conclusión final

La última reflexión que quisiera dejar al respecto es la posible influencia en la doctrina política del Imperio romano por parte de Persia, aunque seguramente sería más apropiado pensar en términos de Persia como puente receptor y transmisor de lo que Karl Jaspers denominó áreas de la “Era Axial”, en su libro “La Filosofía. Desde el punto de vista de la existencia”, es decir el espacio greco-oriental, India y China, y sus coincidentes espacios imperiales, culturales, de planteamiento filosófico, con capacidades militares sobresalientes, etcétera. El Imperio romano, desde la filosofía estoica, tomando conceptos desde el neoplatonismo, el gnosticismo y el propio cristianismo, adoptó una revolución política/cultural/religiosa para fortalecerse en lo diverso ante las crisis del Imperio y lo extenso y variado de sus dominios. A su vez, la tendencia hacia el individualismo y el egoísmo que el estoicismo había atenuado en cierta forma para las élites, para la época de la cristianización del Imperio había ido perdiendo dicho impulso, así que asumir un credo universal, humanista, organizado, con un libro sagrado de gran poder, que le conectaba también con los judíos, le permitía organizar un culto donde el emperador ejercía, al igual que el rey de reyes, de una suerte de reflejo de Cristo o representante dotado del poder terrenal del poder espiritual del Reino de Dios en la Tierra en un Imperio diverso pero con la voluntad de unirlo para convertirlo en Universal o Católico. También creo que sería interesante reflexionar al respecto del modelo que Roma adopta con los bárbaros. No deja de ser interesante observar como entre los godos había componentes iranios, además de germánicos, “dácicos” (entendido como lugar de encuentro entre lo germano, lo celta, lo heleno, lo tracio y lo iranio) y además habían vivido un proceso de aculturación también grecorromano acorde con la zona y el espíritu de aquel tiempo, que los lleva a bautizarse y seguir el credo arriano.

Bien, mi reflexión es, ¿hasta qué punto el modelo que lleva a un imperio de reinos, al igual que los persas, no era compartido por ambos bloques, romanos y germanos y, en ambos casos, no tenían en mente otra cosa más que el modelo persa al que nos hemos referido? Esto también sería otro motivo que apoyaría la cuestión de la cristianización del imperio y de las campañas de evangelización al respecto para crear un Imperio de reinos, un rey de reyes, un emperador que a la sazón es imagen terrenal de Cristo, que siguieron Carlomagno, el Papado y el Imperio romano de Oriente, y que marcaron el enfrentamiento dentro del mundo Occidental entre auctoritas y potestas del Papado y el Imperio; y que por un cúmulo de diversos antecedentes condujeron al Cisma de Oriente y Occidente de 1054, y a los diversos Cismas en Occidente (1378, 1517), cuyo fondo sigue siendo la cuestión del poder temporal y espiritual, y quién puede incluso dominar y asumir en su estructura (la unión de poder temporal y espiritual y el sometimiento de éste último al primero es más propia de los países de la Reforma, por ejemplo).

Bibliografía

ESTRABÓN, Geografía, Madrid, Gredos. 2015. Versión Kindle.

HERNÁNDEZ GUERRA, L. (ed.), Jerarquías religiosas y control social en el mundo antiguo, Valladolid, 2004.

HERÓDOTO, Historia, Madrid, Gredos, 2015. Versión Kindle.

HJERRILD, B., “The survival and modification of Zoroastrianism in Seleucid Times”, en Bilde, P., Religion and Religious Practice in the Seleucid Kingdom. 1990. Pp. 140-150.

PUECH, Henri-Charles, Sobre el maniqueísmo y otros ensayos, Madrid, Siruela, 2006.

SORIA MOLINA, D., “La llegada de los ‘centauros’. Movimientos y migraciones de pueblos esteparios indoeuropeos en las proximidades del Imperio romano (siglos I-VI d.C.)” en Bravo, G. / González, R., Ver, viajar y hospedarse en el mundo romano, Actas del IX Coloquio de la Asociación Interdisciplinar de Estudios Romanos (AIER), Signifer Libros, Madrid-Salamanca, 2012, pp. 507- 520.

YOUNG, T. C., “The early history of the Medes and the Persians and the Acaemenid Empire to the Death of Cambyses”, Boardman, J., (ed.) The Cambridge Ancient History. 1999. Pp. 32-35.

Imagen de portada: Dracma de plata de Arsaces I Anverso: retrato de Arsaces
Reverso: Personaje sentado sobre el ónfalo sosteniendo un arco
Inscripción: ΑΡΣΑΚΟΥ, Arsaces. FUENTE

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