La visión turca de Ayasofya. Comprendiendo una decisión

Artículo publicado el pasado 31 de julio de 2020 en la interesantísima revista digital de Ediciones Páralo.

El 24 de julio de 2020 presenciamos la primera oración del viernes en Ayasofya, y coincidía con la conmemoración del 97 aniversario del Tratado de Lausana (24 de julio de 1923), actual fundamento y origen de la soberanía territorial turca reconquistada tras la Guerra de la Independencia (1919-1923).

El presente artículo pretende ser una aproximación a la visión y la idiosincrasia turca que está detrás de esta decisión, así como una propuesta de interpretación desde la realidad política turca actual, y más allá.

Antecedentes de la cuestión: la forja de la República de Turquía

Con el fin de la Guerra de la Independencia y en el marco del Tratado de Lausana, se funda la República de Turquía actual, al proclamarla Mustafa Kemal, Atatürk (quiere decir “padre de los turcos”).

De hecho, en la casi centenaria historia de la República de Turquía dos personas han acumulado tanto poder en sus manos: Mustafa Kemal Atatürk y Recep Tayyip Erdoğan. El primero se encargó de extinguir al Imperio otomano, a la dinastía de los sultanes de la que tomó el nombre el imperio, abolió el califato, destituyó a mulás y muftíes, y situó a la religión en un lugar secundario. Estableció el acceso de la mujer para que ejerciese cargos en igualdad con el hombre, caso de diputadas, pilotos, ministras o juezas. En definitiva, trajo un país laico y con la intención de ser plenamente europeo.

La antítesis de ello sería Erdoğan, quien pretende situar a la República de Turquía en un polo de poder económico y tecnológico, moderno… pero intrínsecamente conservador-nacionalista-musulmán que lo ponga al frente de un quinto de la Tierra.

En definitiva, ambos modelan la República a su imagen y semejanza.

El Imperio otomano se había situado con los perdedores de la Primera Guerra Mundial, y vio su territorio menguado a una zona interior en la península de Anatolia en virtud del Tratado de Sèvres, pues Grecia adquiría la Tracia Oriental, dejándola a las puertas de Estambul y quería tomar Esmirna; Armenia, recién formada aspiraba al control de las provincias nororientales; Italia quería una colonia en Antalya y extender su influencia hasta Konya; Francia tenía el mandato del protectorado de Siria y Líbano, alcanzando su influencia por las costas de Cilicia, en ese momento con una notable presencia histórica de armenios hasta superar Sivas; y, el Reino Unido tenían un mandato sobre los Estados creados entre Jerusalén y Yemen, generando de paso la desconfianza de los Saud, además de que en Anatolia tenían una zona de influencia en las provincias surorientales kurdas.

Ante esta situación, un grupo de oficiales a cuyo frente se situaba el general Mustafa Kemal abandonaron al sultán en Constantinopla y trataron de levantar a la Anatolia turca para mantener cuánto pudiesen del Imperio. Formalmente la Kurtuluş Savaşı o Guerra de Independencia, o de Liberación (1919-1923), acaba de empezar, cuando el general Mustafa Kemal desembarcó en Samsun el 19 de mayo de 1919 (Mar Negro). La idea perseguida por el general Mustafa Kemal era formar una nueva y moderna República de Turquía, que resultase lo más étnicamente homogénea posible, es decir, muy predominantemente turca, pero en aquel momento no fue lo transparente que cabría esperar, pues necesitaba de la aquiescencia de mulás, imames, kurdos, turcos y cuanta población musulmana pudiese oponer a la ocupación de los occidentales y griegos, y que pudiera reunir. Así llegamos a 1923, una vez han sido expulsados italianos, franceses, británicos y griegos de Anatolia se alcanza la firma del Tratado de Lausana, y con ello las fronteras de Turquía estaban definidas, quedando fuera el sultanato.

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Mustafa Kemal, que adoptó el apellido de Atatürk, o «padre de los turcos»

A ello se sumó el hecho de que la República del Mustafa Kemal, el padre de los turcos, se configuró sobre el papel, laica. Pero la religión oficial era y ha sido realmente el islam suní, quedando reflejado en los presupuestos del Estado, donde ejercicio tras ejercicio se vienen destinando enormes sumas a la Dirección de Asuntos Religiosos, llamada Diyanet, que se encarga de erigir mezquitas y pagar el sueldo de los imames, además de emitir fetuas, que son disposiciones que sirven para proporcionar orientación a los fieles. El Diyanet es totalmente al poder de turno, como el cuerpo de ulemas del sultanato otomano, al que remeda en su formación. Así, con Mustafa Kemal Atatürk los imames dieron lugar a reformas nunca vistas en el mundo musulmán, fruto del predominio del poder secular sobre el religioso, siendo el primero en aquel momento de inspiración laica. Entre otras, se fijó la obligación del ezan, la llamada a la oración por parte del muecín cinco veces al día en turco en lugar de en árabe. Una vez logrado ello, la oración recitada en árabe cinco veces en árabe se propuso que se dijera en turco, lo cual es susceptible de ser herético, ya que el Corán, y la oración es un fragmento de este, es palabra inmutable de Dios, con lo que quedaba la cuestión ahí. De este modo, en 1932 Atatürk ordenó la traducción al turco del ezan y se cambió el “Allah”, Dios en árabe, por su equivalente en turco, Tanrı. Al no contener una cita del Corán no se podía tildar a la medida de herética, pero sí que contó con una frontal oposición, siendo necesario imponer por orden gubernamental el ezan en turco. A ello siguió que, a partir de 1941, tres años después de la muerte de Atatürk, se estableció por ley una pena de tres meses de prisión o multa para quien recitase el ezan en árabe.

El siguiente pilar que sustentaba la obra política y cultural de Atatürk para fundar un nuevo Estado estuvo en la ruptura histórica con el pasado a través de la reforma del alfabeto de 1928, que trocó los caracteres árabes por latinos. A ello se añadió una «purificación y turquificación» de la lengua a lo largo de los años treinta del pasado siglo, y que se extendería a lo largo de lo que restaba del siglo XX. Esto convierte en ininteligible, y no sólo por descifrar los caracteres o no hacerlo pues también hay expresiones y palabras tan distintas que, por ejemplo, los discursos de Atatürk se pueden leer hoy tan sólo en turco moderno.

El edificio político de Atatürk quedó completo con la formación del Partido Republicano del Pueblo (Cumhuriyet Halk Partisi, CHP en adelante), que gobernó sin oposición en régimen de partido único la República desde 1923 hasta las elecciones de 1950.

El siguiente eslabón: el papel de las cofradías y unos poetas

Es en estos momentos cuando tenemos que hablar de Said Nursi (1878-1960), un teólogo musulmán turco muy influyente, coetáneo de Hassan Banna (1906-1949), fundado de los Hermanos Musulmanes en Egipto, y de su ideólogo más destacado, Sayyid Qutb (1906-1960). En 1922 la Asamblea de Ankara, la nueva capital, le ofreció oficialmente un cargo oficial destacado, pero Nursi lo rechazó, siendo considerado sospechoso de disidencia, y siendo desterrado a Isparta (Anatolia occidental) en 1925, donde escribió las Epístolas de la Luz (Risale-i Nur), que es una defensa de la literalidad del Corán. En definitiva, arma intelectualmente su visión de que el islam ha de estar impregnando cualquier aspecto y ámbito de la vida pública.

Alrededor de Nursi empezó a formarse una cofradía de seguidores, que se llamaron a sí mismos nurcu, los de la luz, y pasaron a la clandestinidad, porque en 1925 el Gobierno había prohibido y ordenado la disolución de todas las órdenes religiosas.

La ley de 1941 que imponía el ezan en turco y fijaba penas en caso de no observarse pretendía rescatar con ello al pueblo de la influencia del árabe y de las mentalidades y tradiciones antiguas. Este hecho conecta con lo que antecede, pues las cofradías y las órdenes religiosas, conocidas como tarikat y con el impulso de los sufíes (tasavvuf, en turco) eran la forma de vertebrar y vehicular la espiritualidad, en concreto sufí. Hay destacar varias de ellas, como la Qadiría, la Halveti que contó con el apoyo decidido de la dinastía osmanlí, que era entonces prácticamente clandestina y se había alejado del sufismo para entrar en comunión cada vez más con el islam suní ortodoxa. Y cabe señalar la que aglutinó todo el proceso en la clandestinidad y se convirtió en una fuerza determinante en el islam suní de Anatolia, la Naqshbandi, o en turco, Nakşibendi.

La cofradía Naqshbandi se proclama continuadora y fiel seguidora del sufí Bahaudín Naqshband, pero su identidad realmente queda fijada por las reformas que en su seno hizo Ahmed Sirhindi, indio, que mantuvo la forma cambiando el fondo para sustituirlo por un islam pegado a la sharía o ley islámica, con lo que, realmente, ha dejado de ser sufí, pues ya no tiene nada que ver con el legado y el pensamiento de Mevlana Yelaleddin Rumi o de Ibn Arabi o bien con Halladj, y que celebra la vida, el amor y la mística vinculada al vino.

Predicaba en el siglo XIX la Naqshbandi la aplicación de la sharía y se oponía a la actividad modernizadora del sultán Mahmud II y sus Tanzimat. Precisamente, uno de sus más destacados miembros y mejor formado fue Said Nursi al entrar en el siglo XX, al que se le llamaría más tarde “el Magnífico de la Época” o Bediüzzaman. Contaron con el apoyo de una orden muy parecida, la Tiyanía, fundada en Marruecos en 1780 y de implantación hoy día en España y África Occidental, en su particular cruzada contra el hecho de plantear un islam turco, y tomaron acción política al recitar el ezan en árabe en 1949 desde la galería del Parlamento de Ankara.

Esto nos sitúa a las puertas de la derrota electoral del CHP de 1950 en las primeras elecciones libres, cuando Adnan Menderes, que había fundado como una formación creada por liberales y conservadores quejosos por el excesivo estatismo y jacobinismo del CHP tres años antes el Partido Demócrata (Demokrat Parti, DP). Menderes comprendió que se presentaba una oportunidad de oro ante el choque que experimentó por parte del conjunto de la sociedad contra el laicismo de la República de Turquía y el momento de deriva del CHP ante la pérdida de su carismático fundador y máxima personalidad de la República. Menderes se lanzó a por el voto conservador y religioso, que llevó a su formación a alcanzar la victoria tras el fin del régimen de partido único en el mes de mayo de 1950. Sus primeras medidas iban orientadas a ese sector que le había impulsado hasta el poder: revocaba el ezan en turco y restauraba el texto árabe. Nursi no perdió el tiempo y se ofreció como guía espiritual a Adnan Menderes. Menderes, afianzado en su cargo comprendió cuál era la senda que debía seguirse, y el libro de Nursi, Risale-i Nur, fue declarado legal en sede judicial en 1956. El movimiento de los nurcu adquirió las condiciones para crecer sin cortapisas, y lo hizo con una enorme fuerza, fundando academias en todo el país.

También con Menderes se reivindicó y se extendió, aunque en menor proporción, la cofradía Nakşibendi, aunque en teoría y oficialmente estaba prohibida. En ese contexto, en el año 1958, la mezquita de İskenderpaşa, en el barrio de Fatih (Estambul), nombró como imam a un hombre resultaría cardinal en toda Turquía durante las décadas que siguieron. Se trataba del hijo de inmigrantes de Daguestán en el Cáucaso soviético, Mehmet Zanid Kotku, que logró atraer a parroquianos de enorme prestigio e influencia y se decidió a fundar una congregación que se la llama «la logia de İskenderpaşa». Fue desde ahí como se ha ido preparando la forma para que el islam político alcanzase el poder 50 años más tarde. Entre sus discípulos hay presidentes y primeros ministros de Turquía. Entre otros, Recep Tayyip Erdoğan.

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La mezquita de İskenderpaşa, en el barrio de Fatih (Estambul), que nombró como imam al influyente y providencial Mehmet Zanid Kotku. Autor: desconocido. FUENTE

Es en este contexto cuando se escribe un poema relevante y que ha marcado una parte importante de la capacidad de manifestar y difundir un armazón ideológico-religioso-político. El ideólogo Osman Yüksel Serdengeçti (1917-1983), escribió el poema Ayasofya en 1959, y en él se sintetizan todos los argumentos y estereotipos: la Conquista de la ciudad en 1453, el conquistador, el sultán Mehmet II, el templo transformado en mezquita, la lacra de la época del laicismo (“¿Quién está atacando nuestra religión y fe?”) y el uso como museo del templo… pero anuncia, en un lenguaje religioso propio del Corán, una segunda conquista, que es la reconversión en mezquita del museo (“Habrá una segunda conquista,/Los opresores declararon esta conquista,/Los bardos escribirán la epopeya …”).

A ello se añadirá la figura del también poeta e ideólogo islamista turco, Necip Fazıl Kısakürek, que apelaba a la defensa de la patria y el Dios verdadero en versos como los de Sakarya

Sakarya, retoño puro de la inocente Anatolia,

¡solo tú y yo hemos permanecido fieles al camino de Dios!

Tú y yo, que estamos hechos de una pasta regada con lágrimas,

dejemos que vean de qué estamos hechos, ¡de sangre y de barro!

El destino nos ha arrojado a las pinzas del escorpión.

¡No te equivoques, el mundo siempre ha sido así y así será!

Mortaja es mi cama, el agua tu ataúd.

Sigue girando mientras parto con el último profeta como guía.

Suyo es el camino, suya la existencia. El resto, tedio.

Durante demasiado tiempo te has arrastrado ante ellos. ¡En pie, Sakarya!

La Turquía de Menderes, una de las referencias del islamismo como punto de partida

El bagaje que deja el CHP y Atatürk es el de una modernización hecha a marchas forzadas, pero que en gran medida podemos afirmar que ha sido impuesta por la fuerza a un grueso de la población que seguía muy apegada a sus antiguas tradiciones, particularmente en las zonas del interior de Anatolia y la costa del Mar Negro.

Erdoğan nace el 26 de febrero de 1954, y lo hace en una Turquía que encaja en el juego de la Guerra Fría como elemento de gran importancia. El hecho de desplazar al CHP del poder y sus posibles vías de entendimiento con los soviéticos son una parte importante para entender, además, el ambiente político que empezará a formar la niñez del actual presidente turco. Y también vivió en una fase en la que empezaba un desarrollismo que cambiaría el perfil de Turquía y de Estambul. Así, en su visión de Turquía y Estambul, no está presente una realidad histórica de siglos que acabó y tomó un perfil cada vez más claro, particularmente a partir del abandono de una notable parte de la comunidad judía de la ciudad, que en 1948 abandonaba Estambul rumbo a Israel, con el deseo de dejar atrás los recuerdos recientes del internamiento forzoso de judíos y cristianos en campos de trabajo turcos durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que sobre el papel Turquía fue un país neutral durante el conflicto, y acabó por declarar la guerra al III Reich cuando la victoria aliada ya era una evidencia patente para cualquiera. No obstante, en 1942, cuando el Eje parecía a los ojos de los turcos que ganaría la guerra, por lo menos en el escenario europeo y su zona de alcance e influencia más inmediata, se fijó un impuesto de inspiración fascista que gravaba de forma claramente abusiva a cristianos y judíos, hasta el punto de llevarlos a la ruina, momento en que era inmediatamente internados en campos de trabajo en el este de Anatolia. En 1955 un pogromo contra los griegos acabaría de echar de esa ciudad a dicha comunidad, abandonando Constantinopla prácticamente por completo.

En 1954 el DP lograba un segundo mandato con el 58 % de los sufragios, y habría también un tercero en 1957. El DP aglutinaba a toda la derecha turca, cuyo jefe de filas y fundador era Adnan Menderes, un ambicioso y joven terrateniente natural de Aydın, en la costa del mar Egeo. Durante el primer lustro logró que los créditos de Estados Unidos concurriesen en dirección a Turquía con finalidad de convertir al estratégico país en un destacado bastión contra el comunismo soviético, y en esa medida también vendría su deseo de acercarse a los nurcu y a las comunidades islámicas, profundamente antisoviéticas, cosa que lo conectaba con terratenientes y con una burguesía ascendente y que se manifestó en remover las normas que entorpecían la vida religiosa, promovió la apertura de escuelas de formación religiosa y la construcción de mezquitas. Menderes tenía claro qué tenía que hacer para mantener las simpatías de Washington, y Ankara abandonó su consolidada política de neutralidad como República de Turquía enviando un contingente de cuatro mil soldados para combatir junto a los norteamericanos en la guerra de Corea (1950-1953). En 1952, Turquía era nuevo miembro en la recién creada OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) bajo el apadrinamiento de Washington, junto a Grecia.

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Una de las referencias de Erdoğan, el primer ministro de la República de Turquía entre 1950 y 1960, Adnan Menderes

Pero Menderes se empeñaba en controlarlo todo, se negaba a delegar, creando en él un perfil que se pudo etiquetar de autoritario. Le enfadaban enormemente las críticas de la prensa, con lo que instigó procesos contra periodistas molestos o logró que se les impusieran multas. Logró que se destituyeran jueces que se podían oponer en un momento dado a la acción de su Gobierno… y acabó por prohibir cualquier mitin político a no ser que se estuviese en un período de campaña electoral, además de vetar la formación de coaliciones entre los partidos de oposición.

En lo económico su deseo desenfrenado de desarrollar el país inmediatamente supuso que el Estado tuvo que afrontar un endeudamiento excesivo. La inflación se disparó, algunos productos básicos empezaron a escasear y Turquía acabó por tener que aceptar un severo programa de austeridad dirigido por el Fondo Monetario Internacional (FMI), siendo el primero de muchos que seguirían en las décadas siguientes. Las condiciones económicas de la población urbana empeoraron y estallaron protestas políticas.

Particularmente el CHP, bajo la dirección de Bülent Ecevit (1925-2006), un poeta que transformó al que había sido partido único en una formación socialdemócrata de amplio espectro y que podríamos decir que configuraba la cabeza de puente de la oposición kemalista (seguidores de Mustafa Kemal Atatürk). A ellos se sumaron tanto universitarios como cadetes militares… y el 27 de mayo de 1960, el Ejército turco depuso al Gobierno. Los golpistas devolvieron el poder en cuanto se redactó y ratificó una nueva Constitución, la más progresista que ha tenido y, efectivamente, al año siguiente se celebraron elecciones. A partir de ahí el Ejército ha estado presente mediante la asonada en los asuntos públicos, dando golpes de Estado y como guardianes del legado de Atatürk, a veces con éxito y otras en rotundo fracaso, pero hasta el momento, entre unos y otros se pueden contar con los siguientes: 1962, 1963, 1969, 1971, 1980, 1997, 2007 y 2016, de los que tres tuvieron éxito (1960, 1971, 1980); uno fue un golpe que tuvo éxito, aunque fue extraño (1997); y, fracasaron los de 1962, 1963, 1969, 1971 y 2016. El último de todos ellos, el de 2016 es difícil de catalogar como golpe de Estado dado para preservar el legado de Atatürk, porque todavía hoy no se puede citar a ciencia cierta qué movió dicho golpe.

Tanto el presidente de la República de Turquía, Celal Bayar, como el primer ministro, Adnan Menderes, fueron confinados en la isla de Yassıada, en el mar de Mármara, donde fueron juzgado junto con el gabinete gubernamental. El proceso que siguió consistió en la imputación de los acusados de delitos como haber violado la Constitución y casos de corrupción, entre otros se les imputó haber instigado los pogromos de Estambul contra la población griega en 1955, que habían causado decenas de muertos. El tribunal condenó a muerte al primer ministro Menderes, a su ministro de Exteriores, Fatin Rüştü Zorlu, a su ministro de Finanzas, Hasan Polatkan, y al presidente Bayar, aunque a este último se le conmutó la pena por la de reclusión de por vida en su domicilio. La pena se ejecutó el 17 de septiembre de 1961, cuando Menderes, Zorlu y Polatkan fueron ahorcados en la isla-prisión de İmralı.

Estos acontecimientos están fijados, indudablemente en la mente de Erdoğan.

El siguiente precedente: el gobierno de Refah y el primer ministro Erbakan

El siguiente hito es la propuesta del primer ministro Erbakan de convertir Ayasofya en mezquita. Para ello, se impone hablar de uno de los referentes personales de Erdoğan.

Necmettin Erbakan (1926-2011) había nacido en Sinop, en la costa del Mar Negro. Su formación es la de ingeniero, y se forjó entre Estambul y Renania en la RFA. En 1954 Erbakan volvía de Alemania a Estambul para ser empleado como docente en su alma mater, la Universidad Técnica de Estambul (ITÜ). En el país germano había estado trabajando en la empresa de motores Deutz y había aprovechado para doctorarse en Aquisgrán.

Quizás fue precisamente en la RFA donde Erbakan fue formando sus convicciones islamistas y el gobierno de Menderes y su política, tanto religiosa como económica atrajo a Erbakan de vuelta a Estambul. No obstante, primero desarrolló una carrera como empresario, ya que en 1956 fundó la compañía de motores Gümüş Motor, según algunos, por instrucción de Mehmet Zahid Kotku, el imam que estaba al frente de la logia de İskenderpaşa que ya hemos mencionado. Cuando se dio el golpe de 1960 que acabó con el Gobierno de Menderes y del Partido Demócrata, Erbakan no fue molestado, mientras que los golpistas se ensañaron con el cadáver de Said Nursi, fallecido dos meses antes de la andanada golpista. Erbakan logró pasar desapercibido durante el golpe de Estado de 1960, que acabó con el Gobierno del Partido Demócrata y que llevó a la horca al primer ministro, Adnan Menderes.

Tras la victoria en las elecciones libres de 1965, el político de derechas y conservador Süleyman Demirel (1924-2015) siguió en el mismo punto en que se habían interrumpido las políticas de Menderes. De hecho, su formación política, el Partido de la Justicia (Adalet Partisi, AP) era, en el fondo, un remedo del Partido Demócrata y, como tal, siguió la misma estrategia de sustentar su victoria y afianzamiento en el poder mediante atraer el voto de los religiosos. También a Demirel se le sitúa en la logia de İskenderpaşa. Fue en 1969 cuando Necmettin Erbakan, que era antiguo compañero de aula de Demirel, emprendió su carrera política como militante del AP, catedrático, empresario, y secretario general de la Unión de Cámaras de Comercio y Bolsas de Turquía (TOBB), que se hallaba en medio de un conflicto entre los grandes empresarios, focalizados en las ciudades de mayor tamaño, caso de Estambul, Ankara y Esmirna, y muy favorecidas por las políticas desarrollistas de Demirel, y, por el otro lado, los pequeños y medianos comerciantes de Anatolia, que compartían con los terratenientes del este del país, el situarse en el lado menos favorecido por las políticas gubernamentales. Para Erbakan la cosa estaba muy clara: tenía que tomar partido por la pequeña burguesía de provincias, con lo que empezó a formarse su faceta de líder dentro del AP. De hecho, los grandes empresarios presionaron al primer ministro Demirel, y éste acabó por expulsar a Erbakan de la lista electoral de su partido.

Erbakan acudió al imam Kotku en busca de consejo, y este se materializó en que Erbakan concurrió a las elecciones de 1969 como candidato independiente por la provincia de Konya, muy conservadora, y logrando un escaño que le permitió desempeñarse como diputado. Desde allí, con el acceso a fondos públicos y la plataforma parlamentaria, fundó oficialmente en 1970 el primer partido abiertamente islamista de Turquía, el Millî Nizamet Partisi (MNP, Partido del Orden Nacional), cuyo logotipo presentaba un puño con el dedo índice levantado, el credo mudo del islam: «Doy fe de que Allah es uno». El MNP logró rápidamente el apoyo del sector más religioso del AP y provocó una división y disputa en el seno de las cofradías turcas, poniendo de manifiesto tensiones entre entre la Nakşibendi y los seguidores de Said Nursi o nurcu.

El programa político del MNP se basaba en los siguientes puntos: desarrollo de la industria pesada, apoyo público para los pequeños y medianos empresarios, desarrollo agrícola, justicia social y ayuda a los más pobres, pero de acuerdo a los principios del islam, nada de socialismo. En cuanto a la educación nacional proponía remover cuantas “ideas extranjeras” había para formar buenos y conservadores turcos. Para Erbakan se había perdido la moral tradicional, y esto era responsabilidad de los grandes partidos. Y para ello tenía una terna de agentes destructores de Turquía: masones, sionistas y comunistas. El Tribunal Constitucional no tardó en prohibir el partido, y en 1971 ya había sentencia al respecto por atentar contra los principios del Estado laico e instrumentalizar la religión con fines políticos.

Este hecho resultó fundamental para dotar de un apoyo y de fondos al islamismo o islam político, además de sintonizar la política exterior alemana con los Hermanos Musulmanes. El proceso fue el siguiente: Erbakan se exilió a Suiza por dos años, donde contactó con la diáspora de inmigrantes turcos en Europa Central y fundó el movimiento Visión Nacional (Millî Görüş). Para 1972 sus seguidores ya habían registrado una asociación alemana con dicho nombre y, para 1976 estaban fuertemente establecidos en Colonia, hasta el día de hoy, como baluarte del islamismo turco en Alemania. Fundado como Avrupa Millî Görüş Teşkilatları (AMGT) pasaría a llamarse Islamische Gemeinschaft Millî Görüş (IGMG). Sobre el papel su objetivo era responder a las necesidades religiosas de los cientos de miles de turcos que desde la década anterior habían emigrado a la RFA, Austria, Francia, Bélgica y Países Bajos, pero realmente los rezos y cursos coránicos estaban difundiendo y creando adeptos de la ideología Nakşibendi.

A finales de 1971 Erbakan volvió a Turquía y fundó el Partido de Salvación Nacional (Millî Selamet Partisi, MSP) concurriendo a las elecciones de 1973 donde alcanzó el 12 % de los sufragios, cosa que lo situaba como el cuarto partido en votos, pero el tercero en escaños por la ley electoral, donde los dos colosos eran en el espectro de la derecha, el AP de Süleyman Demirel y, en el de la izquierda, el Partido Republicano del Pueblo (CHP), bajo la batuta de Bülent Ecevit. Y Erbakan vio la oportunidad de ejercer de fuerza bisagra en medio de un ambiente político tremendamente inestable, con gobiernos que se formaban y caían compitiendo en ver quién lo hacía antes. La lógica estratégica llevó a oponerse al AP primero, con lo que apoyó al CHP de Bülent Ecevit, logrando Necmettin Erbakan jurar el cargo de vice primer ministro de Turquía. Pero ese gobierno no pasó del año, ya que la invasión de Chipre, ordenada por Ecevit en 1974, rompió la coalición y llevó en 1975 a un nuevo Gobierno, en el que Erbakan repetiría como vice primer ministro, aunque ahora bajo la égida del rival del AP, Süleyman Demirel. Después de las elecciones de 1977, Demirel y Erbakan repitieron el pacto, pero Ecevit derribó el Gobierno gracias a ganar una moción de censura. Ecevit aguantó hasta 1979, momento en que dimitió y Demirel reeditó su pacto con Erbakan. Once meses más tarde, el 12 de septiembre de 1980, el general Kenan Evren (1917-2015), jefe del Estado Mayor, sacó los tanques a la calle y puso fin a las idas y venidas, ante la necesidad de estabilizar a Turquía y con el evidente peligro del ascenso de fuerzas izquierdistas en un contexto muy delicado de la Guerra Fría. Se estaba configurando el “Green Belt” de Washington alrededor de la Unión Soviética por su flanco sur.

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Necmettin Erbakan, apodado Hoca («Maestro», en turco), primer presidente islamista de Turquía al que Erdoğan considera uno de sus referentes y de sus «padres ideológicos». Cosa que no le impidió traicionarlo. Foto extraída de la Encyclopaedia Britannica © ymphotos/Shutterstock.com

Con el tiempo el Refah, en concreto el 25 de diciembre de 1995, logró la primera victoria del islamismo o islam político en unas elecciones en Turquía con un 21% de los votos, en un contexto dominado en la región MENA por episodios como la insurgencia islamista en Chechenia, la guerra civil de Argelia, los talibanes en Afganistán. La victoria del Refah, ajustada, seguida muy de cerca por los partidos de centroderecha ANAP (Anavatan Partisi, el Partido de la Patria) del liberal Mesut Yılmaz; y, el Partido de la Recta Vía (DYP), de la populista de centroderecha, Tansu Çiller, llamada la “Dama de Hierro turca”. Por presiones de los más importantes medios de comunicación del momento, el Ejército y la TÜSİAD, la principal organización de la patronal turca, Yılmaz y Çiller, que compartían agenda e ideología, cerraron un acuerdo de gobierno que dejó fuera al Refah de Erbakan. Pero los odios personales entre Yılmaz y Çiller llevaron al primero a filtrar a los islamistas documentación que comprometía a la “Dama de Hierro turca” y a su marido en escándalos de corrupción. Erbakan jugó el papel que quería Yılmaz, y Çiller llamó a Erbakan para ofrecerle el cargo de primer ministro si bloqueaba la investigación contra los Çiller. Erbakan aceptó y el 28 de junio de 1996 era jefe de Gobierno tras jurar el cargo abandonando la bandera de la limpieza en el poder, que había sido el monotema de los islamistas en la campaña electoral. Además, Erdoğan lograba para el Refah la alcaldía de Estambul.

Erbakan renunció a todo lo que pudiera contradecir la agenda del centroderecha turco, quedando Exteriores, Interior, Defensa y Educación en manos del DYP, aceptando los deseos de la cúpula militar del momento de cerrar un acuerdo de cooperación militar con Israel, o cuando se expulsó a varios oficiales por supuestos vínculos con cofradía islámicas.

No obstante, Erbakan cometió un error. Propuso reconvertir el museo-basílica de Santa Sofía en una mezquita y adicionalmente anunció la construcción de una inmensa mezquita en la plaza Taksim, en aquel momento el centro de la intensa vida nocturna de Estambul, pero las protestas le obligaron a echar marcha atrás. De hecho, 22 años más tarde, el AKP de Erdoğan llevó a cabo este proyecto, erigiendo una mezquita en Taksim como parte de un proyecto de reforma urbanística para esa zona que implicaba la construcción de una réplica de unos barracones militares otomanos que tendrían un uso de centro comercial, ejemplificando la esencia misma del erdoğanismo: una visión del pasado otomano, hasta en la sopa, centro comercial que ejemplifica la Nueva Turquía próspera y la megamezquita, que finalmente sería la Büyük Çamlıca Cami, la mezquita más grande de Turquía finalizada en 2016, con capacidad para unas 63.000 personas, que excede con mucho a Ayasofya, y que cuenta con una galería de arte, una biblioteca y un museo en su interior. Y todo ello impulsado por el ladrillo y la concesión pública.

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La Büyük Çamlıca Cami, la mezquita más grande de Turquía, construida en estilo neootomano. Autor: desconocido. FUENTE de la fotografía, hacer click aquí.

Retomando la cuestión, adicionalmente Erbakan propuso la abolición de la normativa que impedía a las mujeres acceder con el velo a la Universidad o al funcionariado. Se inauguraron también por parte de los islamistas nuevos colegios religiosos, llamados imam hatip, aumentando en un año alrededor del 20% el número de ellos, y abriéndose la Administración a sus miembros militantes.

En política exterior Erbakan emprendió un discurso antimperialista y panislamista, propuso y lideró crear el llamado D8, por Developing 8, que era la réplica al G7, que pudiera añadir países musulmanes en vías de desarrollo, interesando y avanzando en firme con Egipto, Irán, Bangladés, Indonesia, Malasia, Pakistán y Nigeria que crease un mercado común entre ellos y compitiese con la UE, con la que Turquía, por cierto, había firmado en 1995 un acuerdo de Unión Aduanera que entró en vigor el 31 de diciembre, año en que también fue reconocida como miembro de la OMC desde el 26 de marzo.

Además, Erbakan logró aumentar las relaciones con los Hermanos Musulmanes de Egipto, cosa que supuso una protesta formal de El Cairo, y lógicamente con el movimiento palestino Hamás. También se aumentaron e intensificaron las relaciones con Irán y Libia.

El pulso sigue en el siglo XXI

Estamos ya en condiciones de entender el cómo y el porqué se ha seguido esta vía y qué implicaciones tiene. Se ha tratado siempre de una lucha que han desarrollado diferentes actores sociopolíticos, a menudo cambiantes y siempre diversos, donde todos ellos han gozado de su propia autonomía y lógica en sus acciones.

Uno de ellos fue precisamente el Estado Islámico, quien en su estrategia propagandística para Turquía siguió dos elementos que conviene subrayar aquí: el primero de ellos es el nombre de la publicación, «Konstantiniyye», es decir el nombre turco de la ciudad de Constantinopla, pues Estambul o İstanbul en turco es, más propiamente, la forma de adaptar una alocución griega «eis tên Polin» (εἰς τήν Πόλιν), o «hacia la ciudad», con lo que conectan con el pasado religioso otomano y se sitúan en un plano antirrepublicano y antikemalista. La segunda referencia que hizo el Estado Islámico en su publicación para Turquía fue centrar el objetivo de la «reconquista» de Santa Sofía o Ayasofya en turco, conectando con los círculos religiosos y la tradición islamista turca, tal y como hemos tenido ocasión de ver hasta ahora.

Retornando a la idiosincrasia turca, al respecto hay que señalar la tendencia a la reasignación de la persona y el legado de Atatürk, con la finalidad de profundizar en la justificación de posiciones que son, de hecho, contrarias a su pensamiento y legado. Al respecto se ha situado, evidentemente, Erdoğan… pero también los nacionalistas turcos. Un ejemplo paradigmático sería la propia TTK o Sociedad Histórica Turca o Türk Tarih Kurumu, fundada el 12 de abril de 1931 por iniciativa de Mustafa Kemal Atatürk, sita en Ankara y cuya finalidad es la investigación de la historia de Turquía y de los pueblos turcos. Este viraje se afianzó a partir del golpe de Estado del general Evren en 1980. Se desarrolló una nueva ideología nacional que se ha venido a llamar «la síntesis turco-islámica», y que permeó a toda la sociedad turca. Tal proyecto recogía las aspiraciones de los años setenta de ultranacionalistas turcos y de islamistas que adopta un tono de autoritarismo kemalista, otomanista, supremacista islámico y nacionalismo turco, que sitúa al islam como hecho central de la historia de todos los pueblos turcos, justo al contrario de lo que el kemalismo había hecho, con lo que se parasitaron y transformaron herramientas que el kemalismo había utilizado para fines contrarios para los que se establecieron. El propósito es culpabilizar a «Occidente» que, con su perniciosa y malsana influencia durante los últimos siglos, acabó por disolver al Imperio otomano, alteró los equilibrios tradiciones de familia, religión y Estado, y se manifiesta en el izquierdismo de los años setenta del pasado siglo, y es causa última de la inestabilidad política con la que Evren acabó mediante su golpe de Estado en 1980, evitando de paso la posible alineación de Turquía con los soviéticos, que ya he mencionado más arriba. Esto suponía oponerse al positivismo de Atatürk, al que reinterpretaban sin él, algo que es un oxímoron, pero también se oponían al darwinismo, al marxismo, a las teorías de Freud y el psicoanálisis, a la sociología de Durkheim y al humanismo. Todo ello había llevado a la decadencia a las sociedades occidentales y a Turquía.

Se estableció una reforma integral de la cultura, lo que incluyó reescribir libros de texto, cambiar denominaciones de calles, plazas, pueblos, parques, se prohibieron palabras y nombres propios que eran contrarios a los principios nacionales turcos. Se contó con intelectuales nacionalistas e islamistas para que diseñasen currículos escolares y se estableció la obligatoriedad de la asignatura de Religión Musulmana ya entonces. La Diyanet contó con mucho más presupuesto y contó con un departamento nuevo, el İrşat Dairesi, cuya función era el impulso del conservadurismo en el sureste del país para contrarrestar la acción de las organizaciones marxistas kurdas. Todas las cofradías religiosas empezaron a aumentar su influencia y poder, y prepararon el camino para su ascenso al poder mediante esta «revolución cultural turca», con lo que nurcu, gülenistas y los Nakşibendi de la logia de İskenderpaşa se frotaban las manos. Además, Arabia Saudita acudió con inversiones millonarias en favor de Turquía, como parte de la gran estrategia norteamericana que ya hemos mencionado, la «Green Belt».

Fue así como en 1991 se dejó un espacio de oración para los musulmanes en los enormes laterales de Santa Sofía, convertida en museo en 1934, como una forma para poder practicar el culto en la basílica.

Al respecto, se estableció una polémica que cuestionaba la autenticidad de la firma del presidente Atatürk que convirtió a la Gran Mezquita de Ayasofya en museo el 24 de noviembre de 1934, y se añadió el argumento de que nunca se publicó en la Gaceta Oficial de la República de Turquía. Tal cuestión se fijó exactamente en fecha de su aniversario el 24 de noviembre de 2013 en sede de la Gran Asamblea Nacional, y fue planteada por el Partido de Acción Nacionalista (Milliyetçi Hareket Partisi, MHP en adelante), un partido fundado en 1969 y dirigido por Devlet Bahçeli desde la década de los noventa, con posiciones claramente en la ultraderecha nacionalista y cada vez más, socio electoral forzoso del AKP de Erdoğan. En concreto, lo hizo Yusuf Halaçoğlu, vicepresidente del grupo parlamentario y, a la sazón expresidente de la mencionada TTK, donde ejerció el cargo entre 1993 y 2008. En aquella ocasión alegó que Ayasofya era derecho de espada y recompensa máxima que se da a los conquistadores. Al respecto, el 10 de julio de 2020, momento en que se anunció la resolución de transformar en mezquita el museo, la TTK emitió un comunicado donde afirmaba que «Ayasofya es patrimonio y cultura nacional», como se puede comprobar aquí. Todo ello deja al presidente Erdoğan en un segundo plano.

Por cierto, el líder del MHP también está interesado en la catedral de Ani, que es la antigua capital armenia, y que fue construida a finales del siglo IX por un arquitecto que reparó la cúpula de Santa Sofía dañada por un terremoto. En una ocasión en 2010 organizó un gran espectáculo nacional-religioso con 2.000 de sus seguidores, y volvía a cargar contra los armenios.

Pero también han estado implicadas otras organizaciones, que prestan funciones de vigilancia ideológica, agitación y propaganda en los medios afines al Gobierno turco y emprenden acciones en los tribunales para conseguir sus fines, caso de la «Asociación al servicio de las obras históricas de los fundamentos inmutables y el medio ambiente» (Sürekli Vakıflar Tarihi Eserlere ve Çevreye Hizmet Derneği), fundada en Bursa en 2005. Se trata de una fundación proveniente de la sociedad civil conservadora y que está especializada en plantear ofensivas jurídicas, pero no sólo para Santa Sofía, aunque evidentemente también. En este caso emprendieron acciones legales en 2016, en octubre de 2018 ante el Consejo Constitucional el que se pronuncia en contra de la recalificación-reasignación de la Basílica, como la Décima Cámara del Consejo de Estado, y otra vez en 2020 para lograr la recalificación-reasignación de la basílica.

De hecho, el presidente Erdoğan ha ido en esta última ofensiva en ciertos aspectos incluso a remolque del MHP y la TTK, entre otras organizaciones. Así, por ejemplo, en marzo de 2019, Erdoğan daba prácticamente por finalizado el tema como una de las consecuencias del doble atentado contra mezquitas en Christchurch, Nueva Zelanda, que arrojó las terribles cifras de 51 personas muertas y 49 heridas. Es más, aunque la reasignación de Ayasofya estuvo puesta sobre la mesa por Erbakan, Erdoğan había logrado aquello en lo que su Erbakan había fracasado en la plaza Taksim, y no había razón para entrar a fondo en esta cuestión entonces, con el atractivo que Santa Sofía tiene para los turistas internacionales siendo una clara fuente de ingresos y de prestigio para el régimen. Además, se había finalizado la «megamezquita» ya mencionada de Çamlıca, uno de los símbolos de la «Nueva Turquía» y de la intensa transformación e impacto que la alcaldía del AKP, el partido de Erdoğan, que ha supuesto para Estambul en la resignificación en clave neootomanista, neoliberal y de una adaptación de la síntesis turca-islámica. Así, el impacto transformador y modernizador que se puede apreciar en cualquiera de las grandes ciudades turcas en los últimos quince o veinte años es de un impacto mayor que los ochenta años anteriores de República. Se aprecian edificios de planta nueva que van desde hoteles a palacios de congresos, con un tamaño mastodóntico. Además de nuevas circunvalaciones, viaductos, autovías. De hecho, Erdoğan ha emprendido un proyecto de difícil resolución y que implica transformar la topografía de la ciudad, algo que en la historia milenaria de la ciudad nadie ha hecho. Se trata de un proyecto que él mismo ha calificado de «loco». Es el llamado Kanal İstanbul o Segundo Bósforo y consiste en abrir una vía marítima artificial en el lado europeo de Estambul que permita un mayor tráfico marítimo a través del Bósforo, pero tal proyecto no avanza.

El otro signo destacado de la «Nueva Turquía» es el Palacio de la Cinco Colinas (Beştepe Sarayı), estrenado por Recep Tayyip Erdoğan al ser elegido presidente en 2014, sito en Ankara, y que ocupan sus dependencias más de setenta hectáreas, contando con edificios principales que suman alrededor de cuarenta mil metros cuadrados. Cuenta con fuentes, jardines… y la consabida mezcla de estilos que aúnan modernidad con la tradición selyúcida y otomana. Es una adaptación de los külliye otomanos, y se dispone en su espacio de una gran mezquita, un salón de congresos y una inmensa biblioteca. El palacio representa una ruptura radical de Erdoğan con el anterior orden, al que él viene a sustituir, presentándose como el fundador de un nuevo orden, la «Nueva Turquía» de la que habla insistentemente.

Elementos para comprender la decisión en 2020

Al respecto, entran varios elementos que conviene tener muy presentes a la hora de entender la decisión tomada el pasado 10 de julio de 2020, y que han precisado de todo este recorrido para estar en disposición de abordar, como última parte del análisis, los factores que desde la formación de la «Nueva Turquía» y los diferentes acontecimientos de diferente magnitud geopolítica han confluido, de una forma u otra.

Destacaremos los siguientes:

  • Una evidencia: la derecha ha ganado todas las elecciones democráticas, con la excepción de cuatro (1961, 1973, 1977 y 1999). Las formaciones progresistas como resultado conjunto nunca se han consolidado el 43%. En los comicios de 2018, de los que hablaremos ahora, la derecha, entre gubernamental y oposición, sumaron el 65%. Esto nos lleva a concluir que Erdoğan es consciente de una realidad sociológica turca, construida desde 1950, particularmente desde 1980 con la construcción política y la «revolución cultural» que comportó el golpe de Estado de Evren.
  • Erdoğan ha venido ejerciendo un control sobre los medios de comunicación, calla a la oposición, atemoriza a la sociedad civil que es contraria a sus intereses, encarcela a los rivales y abusa de los recursos públicos para usarlos con fines partidistas, ya sea para ganar elecciones o hacérselas perder a sus rivales políticos.
  • La «Nueva Turquía» adquiere su forma entre el referéndum de 2017 y las elecciones de 2018, donde las tareas de Gobierno han sido asumidas por el presidente de la República de Turquía desplazando al primer ministro, además de arrogarse la potestad legislativa mediante decretos sin supervisión parlamentaria. Controla de forma indirecta quién ejerce el poder judicial y convoca de forma regular y periódica a los muhtar, los alcaldes de barrio o aldea para que transmitan inteligencia respecto a lo que sucede en su zona usando para ello la estructura del AKP.
  • Uso de la figura de Atatürk para justificar el monopolio de poder, mientras que anteriormente se le consideraba la manifestación del laicismo, el jacobinismo y la encarnación de una dictadura republicana perniciosa.
  • El AKP se ha transformado en un partido que es realmente erdoğanista, donde las ideas del líder son la auténtica ideología. El partido de Erdoğan empezó siendo un partido de masas que se había escindido del Refah, islámico, para conquistar el poder y ser un partido de ideología «atrápalo todo» al más puro estilo de lo que se da en Europa. Ahora ya es, evidentemente un partido dirigido por un caudillo con una movilización permanente para alcanzar objetivos y defenderse de los enemigos eternos de Turquía.
  • Estos enemigos de Turquía son las potencias extranjeras, en un espíritu que, de hecho, es un calco del vivido durante la Guerra de Independencia (1919-1923), y que se viene dando, cada vez más, a partir del extraño golpe del 15 de julio de 2016, que ha permitido construir las bases de la «Nueva Turquía», al eliminar a cuantos rivales internos pudiera encontrarse y profundizar en la dicotomía nosotros contra ellos. Así, cabría entender los movimientos respecto a Azerbaiyán y Armenia, que de paso resultan en una amenaza para la seguridad energética de Europa. Recordemos que el conflicto empezó por afectar al distrito estratégico de Tovuz, por donde pasa el oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan y el gasoducto South Caucusus Piperline, ambos claves para el suministro energético desde los campos azeríes dirección Europa.
  • Es interesante observar cómo ese «nosotros», que es algo más de la mitad del país, y a medida que continúen profundizándose las medidas tomadas por el AKP y por Erdoğan, cada vez más, son los musulmanes. Y no tiene nada que ver con los turcos étnicos, distinguiéndose Erdoğan con ello de la «revolución cultural» emprendida en los años 80 con Evren, donde los kurdos son «turcos de las montañas» y el kurdo como lengua no existe. Al contrario, para Erdoğan los kurdos no son ningún problema, y más cuando aspira a convertirse en el hegemón del mundo islámico y los kurdos ocupan una zona estratégica y clave, además de contar con hidrocarburos de los que Turquía no va realmente tan sobrada, especialmente en el norte de Siria e Irak (ver el artículo publicado en este mismo blog sobre Turquía en Irak, por ejemplo). De hecho, Erdoğan lo demuestra de una manera muy elocuente, sosteniendo un Corán en lengua kurda y atacando a los enemigos reales de él, es decir, de Turquía: zoroastras, ateos, traidores, periodistas, armenios y homosexuales. Otra manifestación más, en sí misma, de la «Nueva Turquía» y de los viejos enemigos que se ha de vencer, él como campeón, el pueblo resistiendo los golpes.
  • La Covid-19 igualmente sigue azotando a Turquía, y evidentemente se podría señalar al líder supremo por la falta de eficacia a la hora de tratarla.
  • La situación económica ha ido empeorando a ojos vista, pues a pesar del apoyo de Qatar, que se hace cada vez más patente desde 2013, la situación empieza a ser crítica. Se percibe un número récord de desempleados registrados, la lira está en una situación de patente debilidad, teniendo en cuenta de que partía con una cierta proximidad tanto con el euro como con el dólar. El endeudamiento de hogares y empresas se ha disparado.
  • El modelo económico, que a su vez es la pieza angular del control social y político, tiembla en Turquía. Para sintetizar, el desarrollismo impulsado por Erdoğan viene vinculado a las obras públicas ostentosas, la construcción de infraestructuras y viviendas. Todo ello ha generado todo una serie de empresas que han medrado a la sombra del erdoğanismo, haciéndose cada vez más poderosas. A su vez, ese poder se ha orientado hacia el control de conglomerados mediáticos de Turquía que sintonizan con la voluntad del presidente Erdoğan. Todo ello ha venido regado por miles de millones de inversores extranjeros, pero hace tiempo que el capital está en retirada y las condiciones actuales ponen de manifiesto el fracaso del erdoğanismo económico. Estas empresas agraciadas con esos presupuestos y concesiones públicas, además de con permisos y recalificaciones han donado además generosamente al AKP para mantener fluida «la rueda virtuosa» que los ha fortalecido a ambos. Este hecho choca con el hecho de que, en teoría, aunque hay voces que ponen en duda la validez del título académico, Erdoğan cursó la carrera en la Academia de Comercio de Estambul, que después se vincularía con la Universidad de Mármara. Esto se haría patente en la convicción de Erdoğan de que los tipos de interés son contrarios al Corán, cosa que es cierta, y que además está el hecho de que subir los intereses supone que la hipoteca se encarezca y que se construyan menos vivienda, con lo que afectará al desempleo y habrá más morosos y se consumirá menos, pero esto precisamente hace que la inflación suba de una manera casi galopante. Algo tan básico es refutado por Erdoğan incluso ante inversores de la City londinense. Su idea era, aunque él la mantenga, que Estambul fuera la Singapur del Mediterráneo.
  • Esta acción profundiza su enfrentamiento geopolítico con Egipto, Grecia, Chipre, Armenia, Siria, Irak… y desde luego, con Rusia. Mientras Erdoğan hizo un minué en la época de Obama para romper el techo de cristal turco valiéndose de una alianza con Rusia, ésta en el fondo es contra natura, pues Rusia y Turquía se superponen en no pocas regiones del Cáucaso y Asia Central por la influencia de respectivos grupos étnicos-religiosos. Más aún, sus posiciones empiezan a enfrentarse a Rusia en Libia, Siria, el Cáucaso y Ucrania, por citar unas cuantas. A su vez, sus acciones le ponen en una situación en que el posible entendimiento de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos con Rusia e Israel se puede ir haciendo cada vez más intenso contra Turquía y su espacio de proyección imperial, donde también el poder blando turco viene jugando un papel en la dimensión interna, pero también en la región MENA y Asia Central, como tuve ocasión de analizar aquí mismo, y que aconsejo repasar. En todo caso, sus movimientos la sitúan de nuevo en escenarios en los que Turquía busca a Estados Unidos, a pesar de la brecha de seguridad en el flanco sur de la OTAN abierto por Rusia y los deseos de Erdoğan, y al igual que Menderes piensa en una situación en la que no se siente mal con los norteamericanos, y más si pensamos en sus desafíos y con quién lo enfrenta. Igualmente, se siente seguro en el hecho de que la UE no cuenta con una política exterior realmente eficiente, carece de servicios de inteligencia «centralizados», y su aspecto militar es inexistente y se halla subsumido en la esfera OTAN controlada por Estados Unidos, donde la posición estratégica del país y las bases y armas allí desplegadas son para él un seguro de vida, por no hablar de los rivales que se ha buscado, que son aquellos con los que Washington ha venido queriendo contener o incluso acosar de diferentes maneras.
  • También hay que contar con las limitaciones a la movilidad del turismo internacional que ha impuesto la UE a Turquía, y lo que previsiblemente puede estar el SARS-CoV-2 afectando a la movilidad y la economía, por no hablar de las consecuencias de todo ello. Así, la decisión tomada no sólo proyecta a Turquía en el mundo del islam político y de la región MENA y Asia Central, también equilibra a la UE con el trasfondo de la pugna energética manifestada en Libia, Egipto, Israel, Grecia o Chipre, pero también con esta nueva edición del conflicto entre Azerbaiyán y Armenia, a la par que, dado que durante un tiempo no podrán acudir turismo internacional como antes, puede reafirmar el discurso propio de la Guerra de la Independencia, donde señala a griegos, armenios, franceses… pero también a los Saud de Arabia Saudita y a Emiratos Árabes Unidos, y provoca reacciones que sin duda refuerzan su papel exterior y lo fortalecen en el interior.
  • La situación política actual es la consecuencia de lo sucedido en las elecciones del pasado 2018, donde adelantó los comicios, previstos para noviembre de 2019 para tratar de salvar los muebles electoralmente antes de que la situación empeorara. Fue así como en las elecciones del 24 de junio eligiéndose Parlamento y presidente. Esta acción era también un salvavidas para el líder del MHP, Bahçeli. El MHP estaba enfrentando una escisión que lideraba la experimentada diputada y exministra Meral Akşener, que si le daban tiempo esta nueva formación, llamada İYİ Parti (Buen Partido), podría arrastrar al votante de derechas laico. Bahçeli era y es, por lo menos todavía, un aliado imprescindible para Erdoğan, y esa medida dejaba a la Comisión Electoral con la facultad de eliminar al İYİ de las papeletas por falta de implantación, de acuerdo con la ley. Pero el CHP le prestó quince diputados a Akşener y el İYİ pudo formar bancada en el Parlamento y registrarse para las elecciones. La siguiente jugada vino dada por el anuncio de coalición electoral entre Erdoğan y Bahçeli, construida legalmente gracias a la argucia de enmendar una ley ex profeso con la finalidad de salvar como fuese al MHP; la réplica no se hizo esperar y el CHP e İYİ hicieron otro tanto, y redoblaron su apuesta al incluir al Saadet, proclamados los herederos de Necmettin Erbakan. A pesar de todo, Erdoğan volvió a ganar en primera vuelta con el 52,6 % de los votos… y en el parlamento la cosa cambió, ya que el AKP perdió la mayoría absoluta, pero los 49 escaños del MHP, consolidado como aliado incondicional, evitaron el desastre, pero hicieron ganar peso y relevancia política al MHP. Y en todo caso, el nuevo Parlamento, gracias al régimen presidencialista inaugurado por Erdoğan quedaba desarmado de todo el poder que tenía, y se presentaba inspirado por la ultraderecha. De hecho, la victoria en primera ronda de las presidenciales de Erdoğan se debe al líder del MHP, Devlet Bahçeli, que pidió el voto para Erdoğan, que ha asumido ahora gran parte de las políticas más importantes para el electorado del MHP. En pocas palabras, Erdoğan ha pasado a fagocitar el nacionalismo chovinista y lo ha fusionado con sus ideas islamistas en una versión todavía más conservadora que la síntesis turco-islámica impulsada por la Junta Militar en los años ochenta tras el golpe de Evren. Ellos se han convertido ahora en lo que fueron los gülenistas antes, ya que han empezado a ascender en la Administración, la Policía ha ascendido agentes ultranacionalistas que sustituyen precisamente a los gülenistas purgados. Dentro del Ejército han alcanzado el mando de generales miembros con ideas extremadamente nacionalistas, la misma facción que fue purgada para asaltar el poder por parte de Erdoğan cuando se alió con los gülenistas durante los juicios de Ergenekon de la pasada década. De manera que el discurso «Turquía es un país rodeado de enemigos» ha pasado a ser un elemento central de la propaganda gubernamental. El eje es la nación y el islam y se llega a hacer gloria del acto del martirio, tanto en televisión como en las escuelas.
  • Respecto al hecho de recuperar el «sultanato», hay que decir que Erdoğan se sitúa más en la línea de versionar y tergiversar a Atatürk, aunque apele a elementos nacionalistas construidos en el pasado otomano.
  • Cabe la cuestión de si ejercería el título de califa. Cabe decir que más allá de Mahoma y, podríamos alargarlo a los llamados califas ortodoxos, es decir, la generación que convivió con Mahoma, el título de califa ha perdido su vigor y pleno sentido. Los sultanes otomanos lo empezaron a usar desde 1774 como forma de ejercer gestos diplomáticos con respecto a aliados y adversarios como primeramente el Imperio ruso, y posteriormente el británico… pero jamás aglutinó a la comunidad de creyentes, pues no impidió que se rebelaran poblaciones musulmanas en el seno del imperio. Su faceta se mueve más en crear un culto a la personalidad, asumir el electorado del MHP, fagocitarlo y destruir al partido mientras los elementos culturales, propagandísticos, la educación y demás fortalecen su posición. No obstante, la posición empieza a cambiar. Podríamos decir que la oración del viernes presentó unos cuantos signos dignos de tenerse en cuenta y que se manifestaron el lunes 27 de julio de 2020, cuando se publicó el último número de la revista «Gercek-Hayat», algo así como «Vida verdadera», y que se puede ver a continuación:
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La revista dice en turco: Ahora Hagia Sophia y Turquía son independientes … uníos para el Califato». Y añade, «Si no es ahora, ¿cuándo? Si no eres tú, ¿quién?». Como puede comprobarse este texto está en turco, inglés y árabe. La portada muestra las palabras en árabe de la declaración de fe islámica que se conoce como shahada. Gercek Hayat es una revista semanal islamista que tiene vínculos con el gobierno turco, según el ex miembro del parlamento turco Aykan Erdemir. Recibiría jugosos fondos para su difusión y sostenimiento.

Es evidente que este texto se podría entender como una declaración oficial de las fuerzas de la nación para que Erdoğan dé el paso adelante y proclame el califato

Los gestos que se vieron el viernes ponían a Erdoğan en una posición de califa, cosa que se reforzó por el hecho de que el principal imán del gobierno de Turquía pronunció un sermón con una espada otomana, como se puede ver a continuación:

Todo ello es la parafernalia de la conquista o reconquista de Ayasofya, donde vuelve a reverberar el poema ya citado anteriormente. La simbología reforzaba todas estas ideas, pues las dos banderas verdes (el verde es el color tradicional que simboliza el islam, ya que se cree que la capa de Mahoma era de ese color), la espada con tres medias lunas que simbolizan tres continentes también simbolizan la conquista en tres continentes (Asia, África y Europa). En la espada se lee:

«En el nombre de Allah, el benéfico, el misericordioso.
¡Alabado sea! Te hemos dado (Oh Muhammed) una señal de victoria»

Esta idea viene siendo difundida por medios afines al Gobierno, como por ejemplo por el periodista turco Abdurrahman Dilipak, que afirmó el año pasado que Erdoğan se había ganado el título de «Califa». Dilipak insistió en marzo de este 2020 que «El califato ahora descansa con el presidente Erdoğan».

Erdogan se ha diseñado como un líder islámico global en línea con la historia otomana de Turquía, cuyos gobernantes usaron los califas del título para perpetuar la afirmación de que son los verdaderos gobernantes del mundo islámico.

  • También se ha reafirmado en la idea de continuidad. De tal manera lo probarían sus eslóganes: «Voluntad nacional, poderío nacional: Objetivo 2023», por el primer centenario de la fundación de la República de Turquía… Pero otros hablan de «Objetivo 2053», en este caso se trata del seiscientos aniversario de la conquista otomana de Estambul, y «Objetivo 2071», que conmemoraría el milenario de la entrada de los turcos en Anatolia tras la derrota bizantina en Manzikert.
  • Al respecto, Erdoğan se muestra cambiante para poder absorber a todas las fuerzas fácticas que le pueden ser útiles. Así, ya lo ha hecho secuencialmente con liberales, intelectuales y minorías religiosas (primera legislatura), para empezar su pugna y empezar a imponerse al aparato de poder kemalista; a continuación se alió con la cofradía de Fethullah Gülen para poder eliminar a elementos hostiles dentro de la magistratura y el Ejército; después culpó a los gülenistas de ser una organización terrorista aliada con enemigos externos cuya finalidad era dañar a las patrióticas Fuerzas Armadas; a continuación se acercó a los kurdos para lograr los apoyos en el Parlamento que le garantizasen modificar con éxito la Constitución y aislar al resto de la oposición; a continuación los atacó sin piedad… ahora la asunción del MHP y el actuar como salvavidas político de la carrera de Devlet Bahçeli y la acción de Ayasofya hay que entenderla también como una manera de fagocitar y tragarse al MHP, proyectarse en diferentes campos de la geopolítica y reforzar su posición interior además de revivir el sueño del Imperio.

Todos estos factores, principalmente, deben reflexionarse y comprenderse para poder percibir la dimensión y las implicaciones de lo sucedido entre los días 10 y 24 de julio de 2020 desde la perspectiva turca.

Bibliografía

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Pérouse, Jean-François, Erdogan: Nouveau père de la Turquie? François Bourin Editions, Paris, 2016. (francés)

Thierry, Zarcone, El Islam en la Turquía actual. Bellaterra, Biblioteca del Islam Contemporáneo, Barcelona, 2017.

Imagen de portada: El presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan y los invitados asisten a las oraciones del viernes 24 de julio de 2020 en la Gran Mezquita de Hagia Sophia durante las primeras oraciones oficiales del edificio después de ser reconvertido en mezquita. Foto de la Oficina de Prensa Presidencial turca / Getty Images.

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