Bielorrusia, primeras hipótesis de interpretación

Se está diciendo que Lukashenko está defendiéndose de un Maidán que han organizado fuerzas extranjeras, léase OTAN… pero también está interviniendo, y no poco, Rusia: la disidente Veronika Tsepkalo llama a la movilización popular y que las apoyen las Unidades Especiales Policiales de Bielorrusia (OMON) y lo hace desde Moscú, hay unidades acorazadas rusas en la frontera, los Wagner corren por Minsk más que el vodka.

Os lo dije en enero en mi blog y que debéis leer de nuevo para comprender mejor la deriva de este 2020: Lukashenko le hizo la pirula a Rusia y se agarró a Noruega, una de las estrellas caídas de Estados Unidos por Europa, para zafarse de los rusos… y los rusos no han hecho un Maidán, han hecho un Crimea ahora mismo. Ya no hay revolución de colores, es decir camisetas banderas y urnas, hay Maidanes y Crimeas, con la violencia, escenarios híbridos que incluyen, entre otras cosas, contratistas de defensa, grupos instrumentalizados políticos, algunos de carácter extremadamente violento, por parte de potencias geopolíticas… y veremos, si se presta, por parte rusa la consabida propaganda de asimilarse a la URSS en lucha contra el nazismo (aunque se cometan barbaridades contra sindicalistas y militantes políticos, las referencias son posmodernas, la Federación rusa no es socialista ni la URSS, ni remotamente).

Law enforcement officers escort a man during clashes with opposition supporters after poll closed at presidential election in Minsk
Minsk, 9 de agosto de 2020

La defensa avanzada norteamericana avanza hasta más allá de la línea del Vístula. Se desentienden de Alemania los norteamericanos, sí… pero para reforzar Bélgica y sus puertos y aeropuertos, y avanzar la presión sobre Polonia, Rumania-Ucrania, y encerrar a Serbia en los Balcanes. ¿Hacia dónde apuntan los vectores? Rusia. A esto se suma el aumento de escenarios en los que está presente Rusia y las contradicciones que afronta. La cuestión de Bielorrusia es avanzar más la línea de presión sobre Rusia, y lanzar otro torpedo en la línea de flotación de la geopolítica rusa basada en la energía, porque cuanto más se presione y se pongan cortapisas más necesidad hay de gas de «shale» o esquisto de los norteamericanos para los europeos, y más se bloquea la estrategia de alimentar de forma energética la industria y necesidades europeas con gas ruso, con la pugna en todo lo alto ahora con Nord-Stream 2. Esto sería una doble llave contra los intereses rusos y la conectividad con Alemania. La cuestión, como explico, es que se junta una doble cuestión: la política errática y desastrosa de Lukashenko al frente de Bielorrusia, y el afán de contentar a oligarcas y banqueros rusos en la línea geopolítica rusa, en el momento de trazar sinergias con Europa.

Lo mismo sucede con la propaganda rusa desde sus medios y sus empresas controladas por la oligarquía rusa, que va desde minerales hasta los Wagner en África y que tocan los cojones a los franceses. Les dicen a los africanos que están en clave de lucha colonial soviética, pero es mentira: los rusos están ahí por la riqueza natural, vender armas, desplegar a los Wagner para que protejan los intereses rusos allí y a las élites africanas de la inestabilidad creciente y de intentos de la población de esos países que creen que los rusos son los soviéticos, que cuando vean esas poblaciones que no lo son, y con la lógica de los tiempos, los Wagner protegerán a los intereses de los oligarcas rusos y a las élites africanas a tiro limpio contra esos pueblos, además de la influencia rusa en organizaciones internacionales como Naciones Unidas y que ofrecen a las élites africanas para poner vetos y condicionar políticas o resoluciones que les perjudiquen. Las propias contradicciones de un sistema capitalista de oligarcas, pues Putin, contrario a lo que se afirma, no acabó con los oligarcas, pactó con unos, persiguió a otros que no quisieron, y el Estado ruso se transformó en su plataforma, donde todo queda supeditado a los amigos oligarcas. Un círculo de matonismo que entraña contradicciones severas y desafíos para la estabilidad rusa y su futuro.

En Bielorrusia hay ahora un Crimea, porque los OTAN y los rusos pugnan por controlar el país. Si los rusos lo logran, se sacarán de la manga algún tipo de acuerdo que trate de satisfacer también a los alemanes, si son listos, y sea una nueva federación con Rusia, recuperando a uno de los dos elementos que acordaron repartirse el poder en un pacto que constataba todo lo que la «nomenklatura» soviética había construido y que se expresó en oligarcas y la formación tripartita de Rusia-Bielorrusia-Ucrania.

Cuando Gorbachov alcanzó el poder se encontró con una estructura estatal deficiente. Los años en que Breznev había ostentado el poder resultaron terribles en sus consecuencias para el PCUS y para la misma URSS, que acabaron por transformar al Estado en una amalgama muy poco sólida y desarticulada de focos de poder, atomizándolo. Además, el poder se alcanzaba y, ante todo, se conservaba siempre y cuando se contase con el suficiente apoyo de esos nichos locales. Gorbachov tuvo que dar todavía más poder a los señores territoriales, y con ello la «nomenklatura» aún contaba con mayor fuerza, pero lo tuvo que hacer porque era la única manera de que saliesen adelante sus políticas. Por si fuera poco, en el Kremlin se daba una lucha entre el partido, el ejército y los servicios de inteligencia que debilitó más a las estructuras de poder. Como consecuencia la economía empeoró muy seriamente, las políticas dictadas no podían desarrollarse y el grado de influencia de los señores del poder local aumentó.

El resto, la lógica de los tiempos, ¿o acaso esperaban mantener los rusos siempre el control sobre Ucrania y Bielorrusia en base a intereses y religión? Porque ya se ha visto que no.

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